¿CURIOSO, AFICIONADO O EXPERTO?

Sherlock Holmes

Por Mayra Gris de Luna.

“Los escritos de hombres mortales nunca podrán compararse con lo divinamente inspirado. Debemos ceder el lugar de honor a los profetas y apóstoles, manteniéndonos en actitud humilde a sus pies al escuchar sus enseñanzas. En esta época tempestuosa no quisiera que los que leen mis libros les dedicaran los momentos que de otra manera usarían para la lectura bíblica” — Martin Lutero.

En el número 221b,  de la Baker Street en Londres, un letrero en la puerta dice “Sherlock Holmes. Detective consultor”. Un gendarme hace guardia junto a la puerta. La clásica gorra y un sombrero de copa cuelgan de la reja de madera para que los numerosos visitantes a ésta casa museo puedan tomarse la fotografía del recuerdo al estilo de Sherlock y Watson mientras esperan su turno en la larga fila. Les es entregado un tríptico que como introducción dice:

“Hay tres tipos de personas que visitan ésta casa museo, los curiosos, que solo han escuchado algo de Sherlock por las películas sobre el tema, los aficionados que tal vez han leído algunos de sus casos, y los expertos, llamados “Holmistas” que han dado seguimiento a todas las historias, incluyendo “fan-fiction”, es decir lo que otros han escrito sobre algo ya escrito…”

Un curioso tal vez no sabe que Holmes tocaba el violín, un aficionado seguramente sí; pero solo un experto sabe que tocar el violín ayudaba al detective a pensar y resolver sus casos. Que incluso podía estar días sin comer y sin dormir solo tocando.

Un curioso sabe que Sherlock trabajaba con el doctor Watson. Un aficionado conoce a la figura malvada del Profesor Moriarty, a su amada Irene Adler, o a su hermano y enemigo Microft. Solo un experto sabe que Watson ve a Sherlock como un héroe, como el genio y amigo que lo salvó de la monotonía de la postguerra. Que su autor Sir Arthur Conan Doyle reflejó en Watson lo que él mismo era y en Sherlock lo que habría querido ser. Solo los Holmistas saben que los casos no están escritos de manera cronológica y que ninguno de ellos contiene la frase “Elemental, mi querido Watson”.

Es impresionante como los lectores se fascinan con ésta historia. En lo personal esta experiencia me motivó a pensar que yo no soy “Holmista” pero soy “Cristiana”, y como tal debería de ser una experta en el conocimiento de nuestro libro que es la Biblia. Aunque los casos del autor Conan Doyle pueden ser un reto al pensamiento y han cautivado a varias generaciones, la Biblia es un libro que no tiene comparación. Es un libro vivo, un libro de origen divino capaz de transformar vidas. Nos enseña, nos consuela, nos refleja y nos revela el propósito de nuestra vida. Es además un libro eterno, pues declara “los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Dice una frase anónima: “La Biblia es la única ventana en este mundo por la cual podemos ver la eternidad”.

A los curiosos les intrigan las profecías de la Biblia. Otros nos hemos conformado con ser aficionados. Más o menos conocemos las historias y los personajes. ¿Por qué no convertirnos en expertos?

Josué 1:8 dice “que las palabras de la Biblia nunca se aparten de tu boca, que de día y de noche medites en ella, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en ella está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”. ¡Qué fabulosa promesa! ¡Esa es en realidad la clave del éxito para nuestras vidas! El tiempo que ocupemos en la lectura de la Biblia no tiene desperdicio, tiene eco en la eternidad. Vale la pena conocerla.

¿Curioso, aficionado o experto? Tú decides.

“Creo que la Biblia es el mejor regalo que Dios ha dado al hombre. Todo el bien que el Salvador del mundo nos proporcionó se nos comunica en este libro y si no fuera por él, no sabríamos la diferencia entre el bien y el mal. Toda cosa provechosa al hombre se contiene en la Biblia.” — Abraham Lincoln.

*Artículo publicado en la Revista Cristiana Enlázate. Octubre 2014.

En la casa de Sherlock Holmes

UNA PERSONA QUE IMPACTA. CONCLUSIÓN.

“Linotipos, prensas, ófset, placas, papel couché, color magenta…” son palabras que aprendí desde muy pequeña. Son palabras relacionadas a la imprenta, uno de los negocios familiares. Familiarizada hasta con el olor de la tinta, mis tíos me dejaban que les “ayudara” a imprimir invitaciones en una prensa manual. En alguna oportunidad acompañé a uno de mis tíos al D.F. para comprar material, en ese tiempo  afuera de los negocios del ramo había pequeñas prensas en las banquetas. Un tipo de “servicio express” para tarjetas de presentación personales o invitaciones de XV años o bodas. Es posible que  ésta tradición exista todavía.

Debido a esto, me resultó particularmente interesante poder conocer una imprenta en especial muchos años mas tarde. Se encuentra en el Deutche Museum, en München. En este enorme Museo se exhibe la auténtica imprenta de Gutenberg, en la cual se imprimió La Biblia por primera vez. Ahí está no solo la máquina y los tipos sino toda la imprenta. Casi puedes ver a éste hombre cuando en secreto y pidiendo préstamos trabajaba arduamente para beneficiar a todos con su invento. También se exhiben algunas hojas de estas primeras impresiones. No me parece casualidad que en la misma época, Lutero por un lado se ocupara en la traducción de La Biblia, y la redacción de sus 95 tesis, y en el mismo país, Gutenberg perfeccionara la técnica para imprimir textos rápidamente utilizando tipos movibles e intercambiables. Este invento facilitó que las tesis de Lutero se difundieran rápidamente. Gutenberg y Lutero fueron complementarios. Dios permitió que hicieran “sinergia” para impactar al mundo. Aún cuando Gutenberg murió en la miseria, su legado a la humanidad es invaluable.

A la luz del ejemplo de Lutero, Gutenberg,  e innumerables ejemplos de personas que han impactado al mundo, podemos observar algunas características comunes en éstas personas.

Una persona que impacta:

  1. Hace uso de todas sus capacidades y talentos naturales para lograr un objetivo.

Lutero cantaba, componía, traducía, predicaba, escribía… todo teniendo como centro su fe.

  1.  No sucumbe ante la oposición y la crítica.

Con toda valentía, Lutero enfrentó a quien fue necesario para defender sus ideas. Y  la oposición que enfrentó nunca provocó que él se retirara o se retractara de ellas.

  1.  Está dispuesta a pagar el precio.

Lutero buscó sinceramente la verdad. Y una vez que la entendió  invirtió toda su vida en compartirla. Sufriendo incluso el cautiverio.

No se conformó, no desertó, sino que provocó el cambio.

  1. Hace sinergia con otros.

Seguramente el  movimiento de la reforma no se hubiera iniciado sin la ayuda que  – el Espíritu Santo, los amigos de Lutero, sus seguidores, e incluso un invento como la imprenta – proporcionaron a su causa.

Fotografía: una hoja de la Biblia impresa por Gutenberg. Deutche Museum. München.

 

 

 

 

 

 

UNA PERSONA QUE IMPACTA 2

Martín Lutero, el líder de la Reforma Evangélica, fue músico desde la cuna. Poseía una voz bella y prístina. Todos los días, después de comer, tomaba su laúd y por media hora disfrutaba tocar y cantar.

Cuando joven, aún estudiante cantaba frente a las ventanas de los ricos de aquella época con el fin de obtener dinero y dárselo a la gente pobre. Lutero decía: “A quien no le guste la música, no podrá ser mi amigo”. Pensaba que la música era un “don  y una gracia de Dios, y por ello la música podía hacer huir a Satanás y hacer que el hombre olvidara su enojo”. El componía himnos para propagar el mensaje de Dios por medio del canto. Quería que su entorno tuviera himnos y la misma Biblia en su propio idioma. Antes de Lutero, solamente los sacerdotes o los coros formales interpretaban cantos en latín. Así que Lutero fue el precursor de la Himnología Congregacional que tanto disfrutamos hoy en día.

El primer himnario evangélico fue publicado en Wittenberg, Alemania en 1524. Tenía ocho himnos, cuatro de ellos escritos por Lutero. La demanda del himnario fue enorme y en poco tiempo la gente aprendió los himnos y Alemania adoptaba con mucho entusiasmo los himnos congregacionales. De esta forma, Martín Lutero se ganó el corazón de la gente y fue altamente aceptado y reconocido ya que no era muy común que un solo individuo escribiera  la música y letra de los himnos y además los interpretara. De sus 37 himnos, sin duda el más conocido es “Castillo Fuerte es nuestro Dios”, que se constituyó en el himno lema de la Reforma, y es cantado en las iglesias hasta hoy. Se cree que Lutero escribió este himno durante su cautiverio, cuando sus amigos lo escondieron precisamente en el castillo fuerte de Wartburgo para protegerlo de sus enemigos.

En esos días había personas a quienes no les gustaba este efecto de Lutero. Decían que toda Alemania estaba aceptando y aprendiendo sus doctrinas por medio de sus himnos y esto les preocupaba.

Mientras Lutero traducía los Salmos, compuso un tomo de sermones acerca de ellos. El Salmo 46 fue su inspiración al componer el famoso Himno expresando un mensaje de seguridad en tiempos de prueba por parte del enemigo, y ha servido de gran aliento para aquellos que enfrentamos trances difíciles en nuestra vida.

El himno nos llega al español traducido por el poeta Juan Bautista Cabrera que a la letra dice:

Castillo Fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo.

Con Su poder nos librará de todo trance agudo.

Con furia y con afán acósanos Satán;

Por armas deja ver astucia y gran poder;

Cual el no hay en la tierra.

Nuestro valor es nada aquí,

Con él todo es perdido.

Mas por nosotros pugnará de Dios el Escogido.

¿Sabéis quién es Jesús?

El que venció en la cruz, Señor de Sabaoth, y pues El solo es Dios,

El triunfa en la batalla.

Aunque estén demonios mil

Prontos a devorarnos

No temeremos porque Dios

Sabrá aun prosperarnos.

Que muestre su vigor Satán y su furor

Dañarnos no podrá pues condenado es ya

Por la Palabra Santa.

Amén!

Fotografía: Castillo de Wartburg, declarado Patrimonio de la Humanidad.