CARTA DE JESÚS.

¿Por qué te agitas y confundes por los problemas que te trae la vida?

Déjame controlar todas tus cosas e irán tornándose mejores.

Cuando te entregues totalmente a mí, todas las cosas serán resueltas con tranquilidad, de acuerdo con mis planes.

No te frustres, no ores como apresurándome, como si quisieras forzarme a realizar tus planes.

En lugar de eso, cierra los ojos de tu alma y con paz dime:

“JESÚS, YO CONFÍO EN TI”.

Trata de evitar esos pensamientos que te angustian al querer comprender las cosas que te pasan.

No arruines mis planes tratando de imponer tus ideas, déjame ser tu Dios y actuar libremente en tu vida.

Entrégate a mí con completa confianza y deja tu futuro en mis manos. Dime frecuentemente:

”JESÚS, YO CONFÍO EN TI”.

Lo que más te lastima es cuando tratas de razonarlo todo de acuerdo con tus pensamientos e intentas resolver tus problemas a tu manera.

Cuando me digas “JESÚS, YO CONFÍO EN TI”,

no seas como el impaciente que le dice al Doctor “cúreme”,

pero le sugiere la “mejor” forma de hacerlo.

Déjate curar por mis brazos divinos, no tengas miedo, Yo te amo.

Si ves que las cosas se vuelven peores o más complicadas, aun cuando estés orando, mantente confiado en mí, cierra los ojos de tu alma, y continúa diciendo a cada hora:

“JESÚS, YO CONFÍO EN TI”.

Necesito mis manos libres para poder manifestarte mis bendiciones.

No ates mis manos con tus absurdas preocupaciones. Satanás quiere que te frustres, hacerte sentir triste, quitarte la paz.

Confía en Mí, descansa en Mí, entrégate a Mí.

Yo hago milagros en la medida en que tú te abandonas a Mí y de acuerdo con la fe que me tienes.

Así que no te preocupes, dame todas tus frustraciones y duerme en paz, y siempre dime:

“JESÚS, YO CONFÍO EN TI”,

y verás grandes milagros.

Te lo prometo con todo mi amor.

Jesús

 

TODO LLEGA A SU TIEMPO.


Tenía 16 años… Wow! Gran año aquel… música, amigos, campamentos de verano, mucho que estudiar en la preparatoria… definitivamente días ricos y ocupados.

Tenia una amiga muy especial. Ella y yo compartíamos el gusto por la música. Pasábamos las tardes tocando y cantando. La guitarra, el piano, mandolina,  flauta, claves, maracas o lo que tuviéramos enfrente! Recuerdo una tarde loca en que tomamos las bicicletas, y como pudimos nos cargamos las guitarras y subimos a un cerro, el cerro de «La Paz», donde había un parque. «Escalamos» a un monumento alto en medio del parque y cantamos toda la tarde contemplando el atardecer y la ciudad… ¿nos preocupaba algo en esos días? tal vez las cosas que nos preocupaban eran no poder transportar de tono algún canto, o haber olvidado la «espiga» para tocar la mandolina!

Una tarde,  en mi cuarto donde yo tenía un órgano de esos con pedales y caja de ritmos, tocábamos a cuatro manos, el sonido podría escucharse en toda la cuadra! Pronto llegarían por ella, y entonces me dejó grabada una melodía. Se escuchaba bien. Acordamos que yo le pondría letra. Así que pensé en mi porción bíblica favorita y sólo acomodé las frases y listo! Habíamos creado una canción.

«Confía en Jesús y has el bien, y habitarás en la tierra, te escudarás en la verdad

  Deléitate asi mismo en Jesús y El te concederá las peticiones de tu corazón

  Encomienda a Jesús tu camino y confía en El, y El hará»

   Pertenecíamos a una estudiantina que cada sábado cumplía con alguna presentación ya sea en algún poblado, en alguna iglesia, o en algún festival. Teníamos la oportunidad de cantar ahí nuestras canciones. Esta en especial fue adoptada por la estudiantina y nos dio gusto cuando quedó plasmada en una de las grabaciones que se realizaron.

No tenía idea entonces de la trascendencia que las palabras de esa porción bíblica del Salmo 103:3, 4 y 5 tendrían en mi vida. Definitivamente quedaron como «cinceladas» en mi mente como una verdad irrefutable: Me tocaba confiar en el Señor, me tocaba deleitarme en El, me tocaba encomendarle a El mi camino. Su parte: El me concedería las peticiones de mi corazón, El «haría» que las cosas pasaran. Hubo tiempos en que la impaciencia se hizo presente, pero siempre recordaba estas palabras que me alentaban a esperar. Yo meditaba: ¿qué es «deleitarme» en El? Un «deleite» es algo que uno disfruta, que da placer. Como un rico brownie. Definitivamente es algo que se disfruta. Y esa mezcla de sabor y serotonina proporciona una sensación placentera y de tranquilidad. En éste caso muy temporal. Pero pensando en ello me daba una idea de que deleitarme en el Señor debía ser un placer, algo que disfrutara tanto al grado de que lo demás no me resultara apremiante. Disfrutar de el placer de una relación cercana con El, del placer de ser útil en su servicio.

En cada etapa tuve que aprender paciencia y confianza. Esperé a mi compañero de vida, y Dios me concedió al mejor!.. Esperé para ser mamá, y Dios me concedió dos amadas hijas.

Esta porción bíblica se convirtió en uno de mis lemas. En una de las reglas para mi vida. En una convicción. Y… mas tarde… años después, puedo decir que: es una realidad! Dios me ha concedido todas y cada una de mis peticiones. Peticiones que aunque algunas de ellas no se las expuse de manera verbal, El conocía. Porque eran peticiones de mi corazón: Tener una pareja, cargar a mi bebé, viajar, etc. etc. etc. El Señor ha superado todas mis espectativas. No cabe duda que el nos da mas allá de lo que podamos querer y entender.Y ahora tengo nuevos sueños… el detalle es confiar. La clave es saber esperar. Todo llega «a su tiempo»… y a «Su» tiempo.

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