LLAMADAS A SER MADRES.

images-1EL LLAMADO A SER MADRES.

Elizabeth Elliot recuerda a las mujeres que la maternidad es un llamado divino.

-¿En qué trabajas? Te preguntan.

-“Soy mamá”

-¿Quieres decir que eso es todo lo que haces?¿Eso es todo?

Como madre, dedicas tu vida a cuidar personas – las pequeñas, para empezar, cuyas necesidades nunca parecen cesar. A veces, cuando tus días parecen estar completamente ocupados en limpiar cosas, trastos y fregaderos; pequeñas naricitas y grandes lagrimones,  te preguntas qué satisfacción se supone que ello debe significar para ti. Te preguntas sobre ser (además de la esposa y madre perfecta) una anfitriona creativa, intelectualmente productiva y hermosa … y lentamente tus sueños parecen evaporarse.

Has estado escuchando lo que nos dicen hoy en día sobre lo importante que es encontrarte, expresarte y afirmarte. Tal vez estas pensando que no eres nada mas que la “esposa de alguien” y la “madre de alguien más”.  A veces te preguntas ¿qué clase de vida es esta?

images

Hay una tribu en el sur de Sudán llamada “Nuers”, donde el nombre de una mujer se cambia no cuando se convierte en una esposa, sino cuando se convierte en una madre. Ella es “ManPuk” – “Madre de Puka”. Entre los Nuers, ser madre de alguien es lo que hace que la vida de una mujer tenga significado. Hace dos mil años había otra joven, de la tribu judía de Judá, que entendía esa verdad. El mundo nunca se ha olvidado de ella: María, la madre de Jesús, porque estuvo dispuesta a ser conocida simplemente como “la madre de Alguien”.

La maternidad es un llamado. Es una vocación femenina. No nos dejemos intimidar por aquellos que quieren extinguir la luz y la alegría de la sexualidad tratando de convencernos de que olvidemos palabras como “masculino” y “femenino”.

En el principio de los tiempos, cuando Dios creó al primer hombre y a la primera mujer a Su imágen, Él los puso a ámbos bajo el mandato divino de ser fecundos. La obediencia de la mujer a esa orden significaba darse a si misma. Primero se entrega a si misma a su esposo, él inicia y ella responde. Ella se entrega a sí misma por la vida de su hijo.Una mujer sabe, en las regiones más profundas de su ser, que es precisamente ésta entrega, la  causa por la que fué creada. Soltera o casada, su nivel de madurez se mide por cuánto da a los demás. Si está casada, se entrega a su marido y ella recibe plenitud. Si es madre, “pierde” su vida en su hijo y – misteriosamente – es de ésta manera como verdaderamente la encuentra.

Una mujer sabe que nadie puede decir realmente dónde termina el dar y comienza el recibir.

No es de extrañar que seamos confundidas cuando se nos pide que busquemos alguna vocación “mejor” o “superior” para “probar nuestra personalidad”. No es de extrañar que estemos angustiadas por ser sometidas a los estándares masculinos y se nos diga que los conceptos de femineidad y masculinidad son obsoletos. En verdad son conceptos antiguos; porque para  empezar no los inventamos nosotros. Son conceptos que vienen de Dios. Él planeó todo el sistema. Es Dios mismo quien llama. Él llama a algunos a ser solteros, a algunas personas casadas para que no tengan hijos, pero llama a la mayoría de las mujeres a ser madres. La Biblia nos dice que hay “diversidad de dones” y todos nos son dados según la gracia de Dios. Ninguno de los dones de mi propia vida, ni mi “carrera”, ni mi trabajo, ni ningún otro don es más valioso para mí que el hecho de ser “la madre de alguien”.

Si nuestro llamado es ser madres, seamos madres con todo nuestro corazón. Con gusto, sencillez y humildad, como la pequeña niña campesina María que habló por todas las mujeres de todos los tiempos cuando dijo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo confome a tu palabra. “(Lucas 1:38).

© 2002-2005 Good News Publishers.

Autora: Elizabeth Elliot

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

 

MARIA, UNA MUJER DIGNA DE IMITAR.

Por Mayra Gris de Luna.

Estuvo de moda, entre los jóvenes creyentes, usar una pulsera con las iniciales de las palabras en inglés  ¿Qué haría Jesús en mi lugar?. Se pretendía que ésta pulsera sirviera como un recordatorio en los momentos apropiados. No se si es por ser mujer, o sentirme tan “humana”, que a lo largo de mi vida, son más las ocasiones en las que me he preguntado ¿Qué hubiera hecho María en mi lugar?

Me hago la pregunta porque realmente ésta mujer ha impactado mi vida como mujer, como madre y como sierva. La mujer que fué escogida por Dios, para ser la madre de Jesúcristo, posee notables características:

MARIA, UNA MUJER FUERTE  Y FIEL.

En lo personal, me impresiona su carácter. Su fortaleza. Su entereza. Cuando Dios la eligió no se enfocó solamente a sus nueve meses de embarazo. 

En su omnisciencia, Dios conocía lo que la madre de Su hijo necesitaba para prepararlo para su dura misión en la tierra, sabía lo que María tendría que soportar al ver a su hijo tratado como un criminal, atormetado, azotado inhumanamente, ensangrentado, crucificado, y muerto, llevando sobre si el pecado de toda la humanidad.¡Qué madre podría soportarlo! ¡Qué madre podría preparar a su hijo para tal misión!

“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre…” Juan 19:25 

María había  amado a  su hijo ya  por 33  años.  Probablemente ya viuda, su vida se centraba en su hijo y Salvador. Y ahí estaba, fiel, al pié de la cruz. Ella no le negó. Permaneció cerca. “Guardando en su corazón” todo el dolor que esto le significara.

Tenía que haber sido fuerte.

Hechos 1: 6-14  narra la ascensión de Cristo. El verso 14 dice: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”.

No se si María pudo ver a su hijo alejarse en el cielo hasta perderlo de vista en aquel día, pero lo que si sabemos es que perseveraba en la oración.

Se refugiaba en el “Poderoso” como ella le llamaba.

Tenía que haber sido fiel.

 *MARIA, UNA MUJER SENSIBLE 

 “Y SU MADRE GUARDABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN”

Lucas 2:51

Estas palabras se refieren a María cuando ella y José andaban buscando a Jesús y después de tres días lo encontraron en el templo dialogando con los doctores de la ley. Cualquier mujer en esa situación estaría llorando desesperada y la reacción al encontrar al hijo perdido sería reprochar, regañar, llorar, gritar, darle un “jalón de orejas”, o algo así, pero la reacción de María fue “guardar todas estas cosas en su corazón”. Ella era apacible, ella era sensible. Con este adjetivo sensible no me refiero a la manera en que nos ponemos en nuestros “días difíciles” sino al hecho de enfocar su atención y sus sentidos a las cosas que pasaban con Jesús, meditándolas en su corazón, aunque tal vez no las comprendía del todo.

Tengo un alhajero musical que perteneció a mi mamá, a veces lo saco, le doy cuerda y saco objetos que le pertenecieron y la recuerdo mientras escucho la música.

Es un momento especial.

Todas nosotras hemos recibido bendiciones especiales del Señor, algunas de estas han sido realmente grandiosas en su momento, y con el paso del tiempo las olvidamos. Estas bendiciones hay que guardarlas en nuestro corazón así como María. Y de vez en cuando podemos “abrir nuestro alhajero” y recordarlas. Y tal vez habrá cosas que entendamos con el tiempo.

*MARIA, UNA MUJER DISPUESTA

.          “ENTONCES  MARIA  DIJO: HE AQUÍ LA SIERVA DEL SEÑOR, HÁGASE CONMIGO CONFORME A TU PALABRA”.

(Lucas 1:38)

Aunque lo que se le anunciaba  a  María era  un privilegio, no era algo fácil de enfrentar, pero ella, aún siendo tan jovencita, contestó con convicción, y se refirió a si misma como “Sierva”.

El servir al Señor es un privilegio como el concedido a María, el servir al Señor no siempre es fácil así como no fue fácil para ella ser la madre del Señor, pero lo importante es nuestra DISPOSICIÓN, NUESTRA ACTITUD DE SIERVAS.

Nuestra vida sería diferente, si cada mañana nos presentáramos  ante el Señor con estas palabras: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a Tu palabra”

*MARIA: UNA MUJER DE ALABANZA

            Lucas 1:46-55  A ésta porción se le conoce como el “Cántico de María” o “Magnificat” por ser esa la primera palabra en su versión en latín. Son palabras de alabanza y exaltación.

Esta canción provenía de un corazón desbordante, provenía de su alma, de su espíritu, de dentro de su ser.

Las primeras palabras son: “ENGRANDECE MI ALMA AL SEÑOR”. María fue una mujer que engrandeció al Señor con su alma.

¿Te has preguntado cómo puede tu alma engrandecer al Señor?… ¡Piénsalo!

En  ésta Navidad y siempre,  quisiera ser como ella, una mujer fuerte  y fiel, una mujer sensible y dispuesta a servir, una mujer que engrandezca al Señor con su alma.

                                            Maria: una mujer digna de imitar.