Mavis.

Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, 
porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.» 
Mateo 19:14 Nueva Versión Internacional (NVI) 

Mavis es una palabra de mis primeros recuerdos. Recuerdo a mi mamá llamarme así.

Ella decía que como todavía yo no podía pronunciar mi nombre, elegí Mavis como una especie de nombre alternativo. Lo cierto es que Mavis soy yo. Antes que Mayra y sus decepciones, antes que el bullying y los traumas. La niña feliz, vulnerable y sencilla. 

Solo un par de amigos y algunos familiares muy cercanos aún me llaman así. Únicamente me conocen por ese nombre los pocos que estuvieron en mi mundo de entonces, un mundo que ya no es más. Que sólo existe en mis recuerdos y memorias de los pocos que tal vez por ello me conozcan más y me comprendan mejor. 

En los días de Mavis escuchaba mi canción en la consola, caminaba de la mano de mi abuelo y recogía conchitas a la orilla del mar. 

En los días de Mavis mi mamá era mi ángel, mi hada hermosa y alegre de los ojos miel y cabello ondulado. En las tardes íbamos al campo a jugar con una pelota y recogíamos flores.

En los días de Mavis tenía papás, tíos, abuelos, primos, vecinos y hasta perros. Hoy, todo aquello ya no es más. 

Pero Mavis vive en mí. Se asoma como es, sin pretensiones ni altas expectativas. Ella agradece cada amanecer, ora por los pajaritos, canta, espera lo mejor; disfruta cada instante, ríe, sueña y ama.

También llora y sufre calladamente el desencanto de la vida cuando es dura. 

Todos llevamos una Mavis dentro. Con alma limpia, la mente pura, la intención sencilla y el sueño noble del niño de ayer. 

Dice Jesús que para entrar al cielo hay que ser como niños. Pues sin duda, Mavis es la parte de mí, o de ti, que allá estará. 

Mayra Gris de Luna. 

 

 





UNA VISITA PARA MAVIS. Relato Navideño.

 

UNA VISITA PARA MAVIS.

Era noche buena, un tiempo mágico para Mavis. El olor del arbolito navideño, las esferas, las luces. A sus cuatro años ella sabía muy bien que la Navidad es el cumpleaños de Jesús. Muy emocionada salió de compras con sus padres. Al salir de casa, las brillantes estrellas en el oscuro cielo llamaron su atención. En especial tres de ellas que parecían estar alineadas y brillar con mayor intensidad que las demás. Mavis estaba segura que eran los Reyes Magos. Suponía que venían en camino a la tierra para llegar en unos cuantos días, trayendo obsequios a los niños así como lo hicieron con el niño Jesús. La noche de Navidad tenía un encanto propio lleno de esperanzas e ilusiones.

El papá de Mavis había trabajado duro para poder regresar a casa con algo de dinero para comprar la cena. Aun cuando ya estaba obscuro, todavía dio tiempo de salir a comprar un rico pollo rostizado y una botella de rompope para celebrar una cena especial. Al regresar y bajar del auto, la mamá de Mavis le dio la botella de rompope que venía dentro de una bolsa de papel estraza. Mavis tomó la bolsa y el peso de la botella hizo que se desfondara. Como era de esperarse, la botella se rompió. Todo el rompope se derramó en el piso. El papá de Mavis se enfureció. Había trabajado mucho para poder comprarla. Regañó a ámbas por lo que había pasado. Doña Chela empezó a llorar y Mavis se sintió muy asustada y apesadumbrada por haber arruinado la noche. Ella nunca había visto una botella de rompope, no sabía que sería tan pesada como para romper la bolsa. Comprendió que tenía que haber sostenido a la botella por su cuello y no la bolsa de papel.

Después de una cena silenciosa, Mavis intentaba dormir pero no paraba de toser. El frío de la noche la había enfermado. Tosía tanto que sentía un ardor en el pecho que le dificultaba respirar. Las horas pasaban y la pequeña estaba exhausta. Cada vez que casi podía dormirse la tos regresaba. Ya cerca de la madrugada, Doña Chela estaba muy preocupada y cansada también.

-“Haz una oración a Jesús hijita, pídele que te quite la tos para que puedas dormir. Él escucha a los niños de manera especial” dijo la consternada madre.

 

Mavis empezó a orar pidiendo con todo su corazón a Jesús que pudiera dormir; ya casi no tenía fuerzas ni para respirar, se sentía muy débil. Dormitando, tosiendo y desfallecida, Mavis se dio cuenta que ¡Jesús mismo estaba ahí! La cabeza de la niña reposaba en Su regazo. Sentado en la cama, junto a ella, Sus manos de Jesús le acariciaban la frente y cabello. Simplemente con verle a los ojos, Mavis sintió que una indescriptible paz le inundaba. Ahora no quería dormirse, pero tenía tanto sueño que se quedó profundamente dormida.

Han pasado casi cinco décadas desde aquella noche. Solo algunas personas cercanas saben que solían llamarme Mavis en aquel entonces. Pero lo sucedido aquella noche permanece nítido en mi mente. No como un sueño sino como un recuerdo.

Yo se que Jesús me visitó aquella noche. Aquella mirada y la paz incomparable que sentí me han acompañado toda mi vida.  Las Navidades son aún más especiales desde entonces.  Amo la Navidad.  Estoy convencida de que lo que dijo mi mamá aquella noche es una verdad absoluta: “Jesús escucha la oración, especialmente la de los niños”.

Mayra Gris de Luna.

 

 

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