GENTE SIMPLE.

Por Mayra Gris de Luna.

Cortar flores silvestres fue una actividad que disfruté con mi mamá. De muy pequeña íbamos juntas por las tardes a jugar con la pelota a un campo cercano. Antes de regresar a la casa, ella cortaba unas flores silvestres amarillas y rosas que crecían allí, mientras yo buscaba las “diente de león” para soplarles  y ver como volaban sus pétalos.

Ya en casa, ponía agua en un vaso grande y las ponía en el centro de la mesa. Mi corazón de niña se alegraba con éste acto de mi mamá; se contagiaba de esa alegría que ella desbordaba siempre.

Ahora, me gusta ver las flores en las casas. La mayoría son arreglos de flores artificiales montados en hermosos floreros. En algunas puede haber coloridas y finas flores naturales. Pero últimamente no he visto flores silvestres en un vaso. Eso es para gente sencilla, o, como diría mi mamá, son cosas de “gente simple”.

Recuerdo cuando ya de joven le comentaba a mi mamá lo que aprendía en un curso acerca de las reglas de etiqueta para poner la mesa. Le platicaba que si el filo de la vajilla era plateado, se utilizan cubiertos plateados y que en una mesa formal con vajilla de filo dorado, lo indicado era usar cubiertos dorados. Y que la maestra decía que el florero del centro no debía ser muy alto porque los comensales no podrían verse. Ella sólo dijo:

– “Todo eso es muy complicado. Yo soy gente simple”. Ahí comencé a darme cuenta que la sofisticación puede volver a la gente muy complicada.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que yo también me volví complicada. Muy complicada. Tantas reglas que cumplir, protocolos que seguir, expectativas que llenar, heridas que no se quieren tocar, temores latentes y sobre todo: el orgullo.

Todas las cosas que nos limitan, que nos presionan, que nos atrapan y matan nuestra sencillez de niñas, nuestra espontaneidad, nuestra simpleza.

Recuerdo a mi mamá como una persona siempre alegre. Y creo que pensando en ella me convenzo cada vez más de que es mejor ser “gente simple” que “gente complicada”.

Encontré varías características en la persona de mi madre, que la hacían simple si, y por ello feliz.

1. LA “GENTE SIMPLE” ENCUENTRA BELLEZA DONDE ES DIFÍCIL ENCONTRARLA.

Recordé un día en especial al ver una fotografía. Fuimos a la playa en Veracrúz, y de regreso, en la carretera, Mamá vió unas flores y le pidió a mi papá que orillara el auto. Bajamos a cortarlas. Eran del tipo de flores que se secan y pueden durar mucho tiempo luciendo intactas. Yo las recordaba hermosas hasta que observé en la fotografía que en realidad el lugar no era muy lindo. Me sentí admirada de la manera en que mi mamá pudo ver algo bello en medio de algo francamente feo. Los niños y niñas son así. Pueden ver un perrito roñoso y sucio y no dudan en cargarlo y decir: -“¡mira qué lindo!”.

2. LA “GENTE SIMPLE” LE DA MAS IMPORTANCIA A LAS PERSONAS QUE A LAS COSAS. SIEMPRE.

Mi mamá no solo me llevaba a jugar con la pelota. Jugamos a la tiendita y se tiraba con nosotras  sobre una colcha en el patio a ver las formas de las nubes. También estuvo con su madre y con su suegro al momento de morir porque cuidó de ellos. Fué madre no solo para nosotros sino para otras personas. Siempre se daba tiempo para platicar con alguien aun cuando hacía muchas otras cosas.

3. LA “GENTE SIMPLE” SE DA TIEMPO PARA DISFRUTAR DE LA VIDA.

Estamos demasiado ocupados como para cortar flores. No nos damos tiempo para hacer las cosas que nos gustan y que disfrutamos. ¿Cuándo fué la última vez que hiciste algo solo para disfrutarlo? Ver una película romántica, un masaje relajante, reir a carcajadas.

Cuando no dedicamos tiempo para ello,  aparece la frustración, el resentimiento, y la “chispa” de la vida se va apagando.

4. LA “GENTE SIMPLE” NO LE DA TANTA IMPORTANCIA A LAS COSAS MATERIALES NI LE INTERESA IMPRESIONAR A LOS DEMÁS.

Las personas que conocieron a mi mamá le recuerdan como una mujer bella. Siempre admiré como lucía hermosa si en su tocador solo había un cepillo para el cabello, una sencilla crema “Nivea”, algún desodorante y un perfume.

Al respecto me gusta la traducción de la Biblia de Jerusalén de 1 Pedro 3:2 y 3 que dice:

 Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas,

 sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena:

esto es precioso ante Dios.

Cuando Jesús, el Rey de Reyes vivió en la tierra, eligió una vida sencilla. La Biblia dice que no tenía ni en qué recostar su cabeza. Su vida era simple. No así su misión. La más sublime, difícil y significativa de todas. La vida más trascendente enfocada en lo eterno, no en lo temporal.

Desde hace algún tiempo empecé a reestructurar mi vida para hacerla más simple. Eso implica menos de unas cosas y mas de otras.  

El resultado ha sido muy satisfactorio para mi. Me siento mas tranquila y más feliz.

Sin lugar a dudas una de mis metas es ser como decía mi mamá:  una “gente simple”.

 ¿Crees que tu calidad de vida mejoraría si fuera más simple?

¿Qué podrías eliminar o incrementar?

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DOS AMIGOS INSEPARABLES: INSEGURIDAD Y ORGULLO.

Si, el orgullo. Con letras mayúsculas: O-R-G-U-L-L-O. Es una palabra fea, ¿verdad?

Hay muchas cosas en la vida que nos causan inseguridad. Muchas de ellas están fuera de nuestro control. La inestabilidad en el hogar, una pérdida importante, el rechazo, un cambio  drástico, la cultura que nos rodea, son circunstancias impuestas más que provocadas por nosotras. Muchas de nuestras características y limitaciones fueron determinadas por nuestro DNA y por lo tanto tampoco son de nuestra elección. Pero EL ORGULLO, amigas y amigos, es una de las cosas en nuestra vida de las que tenemos que hacernos cargo, y de las cosas que somos responsables en nuestra vida.

El orgullo es tan viejo como la humanidad. Cometeríamos un grave error si hiciéramos un gran esfuerzo por desenterrar en nuestro ser todas las otras raíces de amargura e inseguridad crónica y dejáramos esta raíz del orgullo firme en nuestro ser. Jamás seríamos libres.

Esta raíz tiene que ver con el ego, y todos tenemos uno. Seamos sincer@s: a veces las personas y las situaciones nos hacen sentir inseguras porque mellan nuestro orgullo. Así de simple. Dejando todos los golpes de la vida de lado, y aun habiendo arrancado toda otra raíz, luchamos contra la inseguridad porque luchamos contra el orgullo. Piensa un poco en las conexiones obvias entre los dos:

 EGO, ORGULLOA“No somos las  únicas mujeres en la vida de nuestros hombres, (Padre,  hijos, esposos, amigos) y eso hiere nuestro orgullo,

No somos las personas más talentosas del mundo y eso hiere nuestro orgullo.

No somos siempre la primera opción y eso hiere nuestro orgullo.

No somos la persona favorita de otro (a) y eso hiere nuestro orgullo.

No podemos hacerlo todo por nosotras mismas y eso hiere nuestro orgullo.

No somos la máxima prioridad de alguien y eso hiere nuestro orgullo.

No siempre nos sentimos especiales y eso hiere nuestro orgullo.

No conseguimos un ascenso y eso hiere nuestro orgullo.

No ganamos una pelea y eso hiere nuestro orgullo.

No nos pagan lo que valemos y eso hiere nuestro orgullo.

No nos pagan en absoluto y eso realmente hiere nuestro orgullo”.

No minimizo el genuino dolor de este tipo de situaciones. El hecho de que el corazón esté lleno de orgullo no impide que sufra. Solamente impide que sea sanado.

He llegado a la conclusión de que en la vida no tenemos mayor carga que la de nuestros propios egos inflados. Ninguna fuerza externa tiene el poder de traicionarnos y engañarnos como lo hace nuestro ego.

El orgullo nos impide perdonar y tomar riesgos. El orgullo nos priva de la intimidad, porque la intimidad requiere transparencia. El orgullo es un tirano como ningún otro.

 EGO, JAULA MENTAL

Beth Moore.

“Hasta luego inseguridad”

Tyndale House Publishers, Inc.

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ME LLAMO ORGULLO, SOY UN LADRÓN.

Me llamo Orgullo, soy un ladrón.

Te robo lo que Dios tiene para tu destino:

pues lo que buscas es tu propio camino.

Te robo tu alegría:

porque tu “mereces mucho más que ésto”.

Te robo tu conocimiento:

“porque ya lo sabes todo”.

Te robo la santidad:

porque no quieres admitir cuando estás equivocada.

Te robo tu visión:

porque prefieres verte en el espejo en vez de mirar por una ventana.

Te robo la genuina amistad:

porque nadie va a conocer “quien eres” en verdad.

Te robo tu amor,

porque el verdadero amor demanda sacrificio

Te robo tu grandeza del cielo:

porque te rehúsas a lavar los pies de otro aquí en la tierra.

Te robo la gloria de Dios:

porque te convenzo de buscar la tuya propia.

Mi nombre es Orgullo. Soy un ladrón.

Te agrado porque piensas que yo siempre busco lo mejor para ti.

Falso.

Estoy tratando de hundirte.

Dios tiene muchísimo para ti, lo admito, pero no te preocupes…

Si te quedas conmigo, nunca lo sabrás.

Tomado de “Viva Libre” de Beth Moore