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LA MEJOR CUALIDAD de una pareja.

Por Mayra Gris.

Recuerdo aquellos los años de «encontrar pareja». Leí infinidad de libros del tipo de: ¿Con quién me casaré? y «La pirámide del amor». Una cosa tenía clara, un «no negociable»: tenía que ser creyente en Dios, y de los buenos. Sabía que automáticamente con éste «requisito» estaba eliminando al 90% o más de los jóvenes en ese momento, pero ésa fue mi base para tomar alguna decisión.

En esos días aprendí que el área en la que tenía que enfocarme era en convertirme en la mejor persona que pudiera; reconocí que tenía que desarrollar en mí las cualidades que yo misma estaba esperando de mi pareja, y tenía que ser, si no la mejor opción, por lo menos una buena opción al menos para «alguien».

En éste sentido, mi papá siempre me decía «uno tiene que aprender de todo». Así que ocupé la mayor parte de mi adolescencia y juventud a aprender: mecanografía, manejo, inglés, pintura, piano, guitarra, mandolina, coser a máquina, personalidad, etc. lo usual en aquellos días. Pero tal vez nada de ello me sirvió tanto como dedicarme a la lectura de la Biblia. Tres amigos fueron mis «modelos» a seguir, su ejemplo me motivó a hacer mi devocional diario. De Carmen, Tutis y Andrés aprendí a leer cada día mi Biblia e ir marcando en una hojita el capítulo diario que leía. Marcaba con una pintura amarilla todas las frases que se referían a la voluntad De Dios para mi vida y mandamientos. Y con pintura roja las partes que me hablaban de forma especial. Aunque no pude terminar los estudios de Teología en el Seminario, estudiaba cursos cada verano o materias del curso nocturno. Más tarde estuve interna algunos meses y lo que aprendí ha sido de las mejores herramientas que he tenido para enfrentar la vida.

Cuando conocí a mi esposo, una de las cosas que me dieron paz para casarme fue que veía que en el tiempo de oración en la iglesia a la que asistíamos, él no tenía ningún problema con hincarse a orar, y no solo eso, yo todavía recuerdo verlo postrado ante el Señor en oración. De una cosa estaba segura: él tenía temor de Dios.

En Salmos 1:7 la Biblia enseña que «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová»; y yo deseaba un esposo sabio.

Después de casi 30 años de matrimonio, puedo decir que el haber propuesto en mi corazón obedecer aquella recomendación bíblica de unirme a alguien con la misma fe que yo fue una de las mejores decisiones de mi vida. Un hombre que teme a Dios no es infiel. Un hombre que tiene temor De Dios procura obedecerle en todas las áreas de su vida. Así que el temer a Dios es la mejor cualidad que un hombre puede tener.

Aún el apóstol Pablo decía que todos tenemos una lucha interna entre nuestro deseo de hacer lo correcto y nuestra naturaleza pecaminosa. Esa naturaleza que nos hace caer en pecado o simplemente nos complica hacer lo que nos hemos propuesto. Aún teniendo temor de Dios vamos a caer a veces, imagínate la vida de alguien que ni siquiera tiene temor de Dios, que ni siquiera tiene esa lucha interna de vencer ante lo incorrecto y las tentaciones.

Recuerdo a algunas amigas hacer su lista de las cualidades que deseaban en una pareja: de tal estatura, de equis color de ojos, etc. Recuerdo incluso a algunos predicadores decir que Dios nos traería a esa persona sin hacer otra cosa mas que orar y esperar. Y ¿sabes qué? algunas de ellas, con su lista todavía en su buró ¡siguen esperando! No es así cómo funciona.

Mi esposo fue mi mejor amigo antes de ser mi pareja. Ni yo era su chica ideal en ese momento ni el para mi. Siendo amigos, desarrollamos amor y construimos una relación de aceptación y perdón. No todo fue perfecto. Tuvimos que llegar a acuerdos y aprendimos a respetar nuestros puntos de vista diferentes en algunas áreas. Convivimos un tiempo hasta que ya no pudimos vivir el uno sin el otro. Queríamos estar siempre juntos porque lo disfrutábamos y Dios nos dio Su paz al pensar en unir nuestras vidas para siempre.

Dios siempre ha sido parte importante de nuestra relación, y las mejores temporadas que hemos tenido han sido cuando ocupamos mayor tiempo en la oración en pareja y en servirle.

Después del tiempo, las características físicas de aquella lista se desvanecen, el temor de Dios es algo que con el tiempo incluso puede aumentar y traducirse en una vida obediente y plena.

«El principio de la sabiduría es el temor de Jehová»

MI POPOCATÉPETL.

Por Mayra Gris de Luna.

Cada mañana, para salir del lugar donde vivimos e incorporarme a la carretera, tengo que voltear hacia la izquierda. Sin embargo, mi primera mirada no es hacia la carretera, no es tampoco hacia los autos que vienen entrando a la ciudad; mis ojos se posan sobre el “Popocatépetl”.

El Popocatépetl es un hermoso volcán. Cerca del cráter tiene hermosos glaciares puesto que tiene una altura de 5458 metros sobre el nivel del mar. Su nombre proviene de la lengua náhuatl que significa “montaña que humea”. En efecto, es un volcán activo.

La vista es impresionantemente bella.  Hay personas que pueden disfrutar una hermosa vista de la Torre Eiffel, de alguna paradisiaca playa, o de una preciosa ladera en la Toscana, pero yo me considero privilegiada de poder disfrutar cada día de la presencia de “la montaña que humea”.

Una de las razones de mi interés cotidiano en este paisaje es que es diferente cada día y nunca es igual. Mi expectativa de ¿Cómo amaneció hoy el volcán? es satisfecha con mil estampas diferentes.

Hay días en que se manifiesta claro, imponente, cubierto de nieve, sereno  e inmutable en medio de la llanura.

Otros días inspira respeto cuando exhalando grises fumarolas con grave estruendo nos recuerda su poder.

Hay noches en las que emana fuego del cráter, y puede hasta infundir temor.

A veces, los días nublados y la ceniza lo cubren totalmente y no podemos verlo. Parece que no existiera. Pero sabemos que está allí.

Dios se muestra en la naturaleza. Así como veo a Dios en la inmensidad del mar o en la belleza de las flores, éste volcán me hace pensar en Dios. Tan imponente y poderoso. Tan impresionantemente bello e inmutable. Así como el volcán: Dios siempre está allí.

A veces lo veo en todo su poder y gloria manifestándose en mi vida, y mi corazón se goza en alabarle por su belleza y sus bondades a mi vida.

Otras veces, los problemas, las tristezas, las pérdidas en mi vida han nublado mi vista. Me es difícil verlo. Me es difícil gozarme, me invade hasta el temor.

También me he alejado tanto de Dios a veces, que he caminado en la oscuridad. El me ha tenido que rescatar y alumbrar no con luz, sino con fuego. El fuego de las pruebas, el fuego de Su reprensión, y créeme, he conocido el temor. El temor de Dios. Porque:

“Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” 

(Hebreos 10:31).

Pero lo peor es cuando «no veo» a Dios. Cuando así como el volcán, parece que no existe…está callado, y mi corazón se consuela con la convicción de que “El está allí”.

Aunque no lo vea, aunque no lo sienta. Dios está ahí cuidándome como el Popocatépetl a “La mujer dormida”. Velando mí sueño. (Conoce la hermosa leyenda al final)

Así como cada mañana mi mirada busca ansiosamente contemplar el Popocatépetl,  cada mañana podemos buscar el rostro del Señor y contemplar Su hermosura. Y aún cuando en nuestra vida haya días soleados y días nublados El es siempre el mismo, que ha prometido estar con nosotros “Todos los días hasta el fin del mundo”.

Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor;
    por la mañana te presento mis ruegos,
    y quedo a la espera de tu respuesta.

Salmos 5:3 NVI

 La leyenda: Haz click aquí para ver el video sobre «La leyenda de los volcanes»