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PARECE QUE FUÉ UN SUEÑO.

Por Mayra Gris.

Hace casi 30 años vivíamos en un departamento ideal para recién casados, le decíamos «la casita». Era perfecto para nosotros. Nos despertábamos tarde los sábados y en ocasiones, había partido de los Chicago Bulls justo a la hora en que mi esposo regresaba del trabajo para cenar. Así que saboreábamos nuestra cena frente al televisor de la recámara deleitándonos con las jugadas de Michael Jordan, Scottie Pippen y los demás. 

Más tarde llegaron los tiempos de criar a nuestras bebés. Dos preciosas princesas que Dios nos permitió cargar, cambiar pañales, peinar. También hicimos castillos de arena en la playa y las levamos a la escuela. Hubo noches en vela cuando se enfermaban de tos o anginas y su temperatura corporal se elevaba. Días y días con la tarea interminable de recoger juguetes regados por el cuarto, intentando encontrar un lugar para cada cosa. Después las clases por la tarde. Clase de música, de ballet, o la natación. Preparar comidas, «lunches», uniformes y maletas. Fines de semana con tanta actividad de la iglesia que solo llegábamos a dormir a casa . Por algunos años instituimos el «viernes de familia», un día intocable para otras actividades que no fuera estar juntos. Ibamos al cine, a comer pizza o a Applebee´s. Entre semana nos pasábamos la tarde-noche metidos en el gym, donde nos bañábamos y nos poníamos de una vez la pijama para llegar a casa, cenar algo ligero y descansar. Días de conciertos y presentaciones nos hacían sentir muy orgullosos padres gozando los talentos de nuestras chicas. Repentinamente este tiempo tuvo algunos cambios. Mi hija mayor se casó muy jovencita y tuvo que irse de casa. Mi tristeza al separarme de ella fue reemplazada por un gozo callado dentro de mi corazón al darme cuenta de la felicidad que su matrimonio le trajo. Sigo gozándome mirando su sonrisa. Y Dios nos dio a un hijo en su esposo. Ahora sin él nos sentiríamos incompletos. La vida da muchas vueltas y giros extraños. Ya hace medio año que tuvimos que dejar nuestro hogar y mudarnos a otra ciudad lejos de nuestros amados hijos. 

Hoy podemos levantarnos un poquito mas tarde los sábados como solíamos hacerlo, y entre semana, cuando mi esposo llega en la tarde-noche para cenar, vemos algo en YouTube como al principio. Y todo aquello que vivimos con ellas, me parece como un sueño. Un sueño del que he despertado y no quedan más que los recuerdos. Atesoro cada segundo de la vida que Dios nos permitió vivir en aquellas etapas. Y en mi corazón digo como alguien dijo: «Sé que cuando el libro de mi vida se cierre, mis hijas serán el capítulo mas bello».

Escribo esto para ti que tienes hijos pequeños y tal vez en ocasiones te llegas a sentir cansada y agobiada. Toma aliento. Esa etapa pasará y vendrán otras. Otras en las que ya no habrá ningún juguete tirado en el suelo, ni esas vocecitas llorando, cantando y hablando sin parar. El tiempo vuela pero «Todo es hermoso en su tiempo».

«Sé que cuando el libro de mi vida se cierre,

mis hijas serán el capítulo mas bello»

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CAMINANDO POR EL VALLE.

Por Mayra Gris.

– Padre ¿Dónde estamos? Esta niebla no me permite ver con claridad.

No quiero soltarme de tu mano.

Está obscuro. Padre… ¿Qué es esto?

– Es el valle. Respondió el Padre con voz profunda y tranquila.

– ¿es… ese valle? ¿El valle de sombra de muerte? Mira en este lado, muchos enferman y están muriendo. ¡Tengo miedo papá!

– No temas, yo estoy contigo.

– No quiero mirar al otro lado, hay gente perversa, ellos obran de continuo al mal. ¡No quiero que me vean! Hazme invisible papá.

Acércate mas a mi. Refúgiate en el hueco de mis alas. No te dejaré ni te desampararé.

– Cúbreme papito. Aquí si puedo sentirte cerca. En tus brazos estaré seguro. Háblame mas fuerte, quiero escuchar tu voz mas claro, la tierra tiembla y retumban los volcanes, a veces no puedo escucharte.

– Hey ¿Confías en mi? ¿Alguna vez te he dejado solo? Te he hecho tantas promesas, te he demostrado mi amor de innumerables formas. En mi mano están tus tiempos. Mírame a los ojos, yo te había dicho que todo esto pasaría. ¿Recuerdas lo que te dije?

– Si ya recuerdo, dijiste… dijiste que eran señales. Que cuando viera esto levantara la cabeza. Padre ¿y que sigue después del valle?

Cosas grandes y ocultas que tu no conoces. Cosas que ojo no vio, ni oído ha escuchado. Verás todo lo que yo he preparado para los que me aman… ¿me amas?

“Caminando por el valle” Por Mayra Gris De Luna. ©

Durante la pandemia del Coronavirus, 2020

Photo by Lucas Pezeta on Pexels.com

MOMENTOS.

Por Mayra Gris de Luna.

Lo mejor que una persona puede expresarle a otra en una ocasión especial son felicidades. «Felicidades» dice en las tarjetas y pasteles de cumpleaños y hasta en los globos de una fiesta. ¿Por qué no decimos «felicidad»?

Porque la felicidad es una colección de momentos. Estos momentos son como los brillitos de un barniz de uñas que pintan nuestra vida y la hacen relucir. Es parte de la vida tener felicidades, «tristecidades» y hasta calamidades.

Podemos echarle brillantina a nuestros días. Destellos de felicidad, rayitos de luz. Creo que a veces tenemos que hacer una pausa para observarlos. Están ahí y luego no los vemos.

Yo me puse a pensar en el «glitter» de mi cuarentena; y encontré felicidad en medio de la tristecidad. Te comparto solo algunos de mis momentos que brillan:

Un cafecito en la mañana, el ronroneo de mis gato cuando lo acaricio, la sonrisa de mis hijos, el beso de mi esposo porque le gustó la comida, sentir el sol cuando salgo a tender la ropa, la frescura después del baño, escuchar a Dafne decir «te amo tía», ver que el pasto se pone verde cuando lo riego, reírme de los memes, y muchas cosas así, que por cierto no se pueden comprar, que están ahí como bendiciones titilantes que solo se pueden ver cuando se tiene un corazón agradecido.

¿Qué tal si te sientas un ratito a enlistar los momentos que le dan luz a tu día? Me encantaría saber qué es lo que te hace feliz.

Yo, de corazón te deseo ¡muchas felicidades!

TEN SIEMPRE UN PROYECTO PERSONAL.

Por Mayra Gris de Luna.

¿Por qué es importante practicar un pasatiempo, siempre tener un proyecto personal o dedicar un tiempo simplemente a hacer algo que te gusta? Es importante porque cuando no lo haces generas un sentimiento de frustración. Es frustrante hacer siempre lo que tienes que hacer y no poder hacer nunca lo que quieres hacer.

El ser humano es complejo, y entre cuestiones de endorfinas, serotonina y dopamina; las hormonas del bienestar y la felicidad, resulta que las segregamos cuando hacemos cosas que nos gusta hacer. Es la diferencia entre una persona plena y feliz y una personalidad neurótica.

La frustración provoca neurosis, insatisfacción, impaciencia y enojo reprimido. Todas éstas «amiguitas» nos generan presión o estrés. Tarde o temprano se tendrá que aliviar ésta presión y así como una olla expréss, eventualmente estallará.

¿Tienes un proyecto gratificante? Puede ser regar tus plantas o aprender pintura; viajar o escribir un libro. Es hora de prestar más atención a éste aspecto de tu vida. Te ayudará a vivir en plenitud y felicidad.

¡Cuéntame tus proyectos!

APRENDÍ A VIVIR CON EL CORAZÓN ROTO.

Por Mayra Gris de Luna.

Desde niña aprendí a vivir con el corazón roto, diría que es uno de mis «súper poderes». No envidio a Mística con su capacidad de tomar cualquier forma, ni a Black Widow que además de sus notables habilidades, es hermosa; además tiene unos superamigos con los que no debe pasarla tan mal. ¿Tienes algún recuerdo de tu infancia o adolescencia que te dolió mucho en su momento? Yo si, y de los tiempos de prepa y también los de la universidad. Tengo en mi haber mi historial de rechazos, adversidades, desiertos y actos fallidos. Pero hoy quiero decirte algo: las heridas sanan y después de un tiempo cicatrizan. Te haces mas fuerte y aprendes. Este aprendizaje no puede evitar que en las diferentes etapas de la vida tengamos que enfrentar nuevas experiencias que nos rompan el corazón. De vez en cuando un familiar se va al cielo o una hija se casa y se va. Nos damos cuenta que el corazón puede hacerse más sensible o más duro. Yo no quiero tener un corazón duro, a fin de cuentas es una defensa para no sufrir. Pero cuando uno es sensible, habrá momentos en que uno tendrá que aprender a vivir con el corazón roto. Pero, creo que tengo un secreto, que tal vez no sea tan secreto: Dios puede sanar el corazón, y es más, puede hacerlo nuevo. Cuando Él sana, lo hace bien.

Hoy, cuando algo me duele, se lo platico a Dios, le pido que me ayude, que me dé Su paz y Su alegría. Respiro hondo y espero. El tiempo pasa. A veces poco, a veces mas. Pero llega Su paz y vuelvo a sonreír.

Solo quería que lo supieras.

El tiempo no se detiene.

Por Mayra Gris de Luna.

Hoy pasó algo curioso. Quería introducir un nuevo horario de alarma en la aplicación de mi teléfono, así que al abrir la aplicación apareció en pantalla la función de cronómetro. Estaba activada. Los segundos corrían y al ver el tiempo transcurrido desde que activé el cronómetro, las horas acumuladas eran más de seiscientas. Mas o menos ¡27 días! Inmediatamente recordé que activé el cronómetro para medir el tiempo en uno de los juegos de un Baby Shower al que asistí.  Alguien más fué asignada para medir el tiempo y aunque me percaté de ello,  no lo detuve. Me concentré en el juego. No lo volví a recordar sino hasta hoy que abrí la aplicación. El ver que tantas horas habían transcurrido y que las horas seguían corriendo recordé que el tiempo no se detiene. Pensé: – ¿En qué ocupé éstas 657 horas desde aquel día? ¿Aproveché bien el tiempo?

Durante este lapso, conviví con mi familia, fuimos a una boda, hubo graduaciones, una amiga murió y el bebé ya nació. Se que pude haber aprovechado mejor mi tiempo. Hubo horas bien aprovechadas, pero hubo muchas en las que simplemente lo perdí.

Yo no estaba consciente pero mi reloj y mi cronómetro estaban corriendo a la par de los latidos de mi corazón; a la par de mi vida.

Detuve el cronómetro pensando en lo afortunada que soy al poder estar viva hoy. Doy gracias a Dios por la vida y deseo aprovechar mejor cada segundo de ella. Estar vivos es más que suerte y más que un privilegio, es una bendición. Dios nos permite estar vivos porque todos tenemos un propósito, y todavía no terminamos de cumplirlo.

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

Salmo 90:12

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