LAS QUEJAS Y LA FRUSTRACIÓN.

RECUERDA LAS BENDICIONES DEL DIA

Por Dr. César Lozano

Hacía un calor de 37 grados centígrados a la sombra y ese día no funcionaba bien el aire acondicionado de la clínica en la que consultaba. Un compañero de guardia se la pasaba quejándose: “pero qué calor hace”, una y otra vez lo expresaba. Así estuvo toda la mañana. Me iba a llevar muestras al laboratorio y cuando regresaba a los cubículos de consulta me recibía con una cara de malestar y con la expresión de “qué calor hace”. De pronto empezó a funcionar perfectamente el aire acondicionado de la clínica y el bienestar se hizo presente con un suspiro de alivio de todos los ahí presentes, menos de mi compañero. Al rato escuché su voz diciendo: “pero que calor hizo…”

¡Total que las quejas continuaron! Entiendo que las cosas no salgan como queremos y es parte de nuestra vida. Querer que todo sea perfecto sin errores representa un tremendo desgaste porque por naturaleza somos seres imperfectos y los errores o fallas se harán presentes frecuentemente.

Controlar la frustración propia es un gran reto, pero más reto es ayudar a que nuestros hijos controlen sus propias frustraciones y les ayude a ser personas más fuertes y sanas mentalmente.

Hace algunos años se documentaron varios estudios extraños relacionados con la capacidad de soportar las eventualidades en los niños. Varios de estos estudios, por cierto algo perversos, evidenciaron que si en edad temprana sabes controlar las adversidades lo podrás también hacer en edad adulta.

Si entras al internet y pones el buscador  “No te comas el malvavisco todavía” encontrarás uno de estos estudios de Stanford University aplicado a cien niños de 4 años. En forma individual entraban a una habitación donde estaba una silla y una mesa. Sobre la mesa un plato con un malvavisco. Les dijeron que si esperaban 20 minutos antes de comérselo, obtendrían un segundo malvavisco y en ese momento podrían comerse los dos. Se quedan los niños solos en el salón donde se realizó el estudio en el cual había adicionalmente dos cámaras ocultas que revelaban quienes se comieron de inmediato el malvavisco y quienes esperaron.

Catorce años después se estudiaron nuevamente a mismos niños, ahora jóvenes que tuvieron la capacidad de esperar los 20 minutos vs los que no esperaron. El resultado fue que quienes lograron controlar la tentación y esperaron eran más exitosos en comparación con el resto del grupo.

Otros estudios similares igual de difíciles, fueron mantener un chocolate en la boca, pero sin comérselo; contemplar unos estupendos juguetes y seleccionar uno, sin tocarlos ni jugar con ellos. En todos la conclusión fue la misma: los niños con alta resistencia a la frustración eran mentalmente equilibrados, no sólo durante la niñez, sino también durante la etapa adulta.

Y no sólo eso, también eran más agradables, sociables y más abiertos a nuevas experiencias.  Por lo tanto, tener tolerancia a la frustración y controlar las emociones nos permite disfrutar más de la vida y evita estar amargándonos por lo que no podemos controlar.

En otro estudio revelador se presenta una cifra que es para meditarse:
las personas nos topamos diariamente con un promedio de ¡veintitrés frustraciones! –llovió precisamente el día de la fiesta al aire libre, se descompuso el auto, no funcionó la copiadora, el embotellamiento estaba precisamente en la calle que elegí , etc.  Pero lo más revelador es que la mayoría de estos eventos no son problemas realmente graves o relevantes. Los hacemos graves por todo lo que pensamos adicionalmente o por la emoción negativa que nos deja el hacer un coraje por lo que no podemos controlar.

Dicen que en los viajes se conoce más a la gente y es precisamente porque en los viajes pasan muchas adversidades. Como la que “sufrí” hace unos días al llegar a un hotel y darme cuenta que habían cancelado las habitaciones para mi personal y para mi.  Once de la noche, cansados y con dos conferencias al día siguiente y que te digan que “por error” no se hizo la reservación. O llegar a un país desconocido totalmente y que al bajarte de un taxi hayas detectado tardíamente que el chofer te cobró de más. Como dice un amigo, es bueno tener siempre dentro del presupuesto de viaje un dinero adicional para robos, pérdidas, medicamentos o accidentes, si sucede algo como esto no me amargo porque ya lo tengo previsto, si no pues regreso con dinero adicional y punto.

El problema más grave de quejarnos una y otra vez por lo mal que nos fue, es que se convierte en un terrible hábito. Que las quejas se pegan como la gripa y que se aplica igualmente la ley de la atracción. “Entre más te quejes, la vida te dará más motivos para que lo sigas haciendo”.

En ciertas circunstancias de la vida es bueno preguntarnos ¿qué prefiero, tener la razón o ser feliz? ¿Qué prefiero, amargarme o adaptarme y conformarme? No caer en los extremos de ser catalogados como conformistas pero la vida siempre nos depara sorpresas buenas y no tan buenas. Como dice un antiguo proverbio budista: “En verano hace calor y en invierno hace frío” Lo que significa que debemos aceptar ciertas cosas y circunstancias porque son parte de nuestra vida y hay situaciones sobre las cuales podremos ejercer control y otras no. Pero tengamos cuidado de no caer en los extremos al dejarnos guiar por las bienaventuranzas y las adversidades. Hagamos lo que esté de nuestra parte: seamos amables, afables, sinceros, trabajadores, honestos y generalmente (no siempre) la vida te devolverá lo mismo.

Mi vida ha cambiado favorablemente al aceptar que las adversidades son parte de mi existir lo quiera o no y es mi responsabilidad la forma en la que respondo ante lo inevitable.

¡Ánimo!
Hasta la próxima.

¿NO ERES DEL TODO FELIZ?

¿Tienes a Dios en tu vida y aún así no te sientes del todo feliz? ¡No te preocupes! ¡ES NORMAL! ¿que cómo está eso? Mejor que te lo explique uno de mis autores favoritos, Max Lucado. He aquí un fragmento de sus palabras al respecto:

He llegado a comprender que el único desastre fundamental que nos puede acontecer, es el de sentir que estamos en casa aquí sobre la tierra. Mientras seamos extranjeros, no olvidaremos nuestra verdadera patria.

A veces nos sentimos abrumados ante los problemas cotidianos, la enfermedad, crisis económicas, soledad, problemáticas mundiales como guerras, hambre, armas, narcotrafico, pobreza, decadencia moral… y en esos momentos anhelamos el cielo.

Al producirse en nosotros una profunda insatisfacción, Dios capta nuestra atención.

La única tragedia entonces, es sentir satisfacción prematura. Conformarse con la tierra. Sentirse a gusto en tierra extraña.

No somos felices aquí porque éste no es nuestro hogar. No somos felices aquí porque no se supone que seamos felices en este lugar. Somos “como extranjeros y forasteros en este mundo” (1 Pedro 2:11).

Toma un pez y ponlo sobre la playa. Observa cómo sus branquias se convulsionan y se le secan las escamas. ¿Está feliz? ¡No! ¿Cómo se puede lograr su felicidad? Cubriéndolo con una montaña de dinero en efectivo? ¿Consiguiéndole una silla playera y un par de anteojos para sol? Por supuesto que no. Entonces ¿cómo se puede lograr su felicidad? Se vuelve a colocar en su elemento. Se lleva otra vez al agua. Nunca será feliz en la playa simplemente porque no fue hecho para estar allí.

Y nunca seras feliz del todo sobre la tierra simplemente porque no fuiste hecho para la tierra. Ah si, tendrás tus momentos de gozo. Podrás vislumbrar momentos de luz. Conocerás momentos o hasta días de paz. Pero no comparables con la felicidad que se encuentra más adelante.

“Tu nos has hecho para ti y nuestros corazones están inquietos hasta poder descansar en ti”, dice una composición.

El descanso en esta tierra es un descanso falso. Cuídate de quienes te insten a encontrar aquí la felicidad; no la encontrarás. Guárdate de los falsos médicos que prometen que sólo hace falta una dieta, un matrimonio, un trabajo o una transferencia para encontrar gozo.

El profeta Jeremías denunciaba a gente como esa: “Tratan por encima las heridas de mi pueblo; dicen que todo está bien, cuando todo está mal” Jeremías 6:14

Y nada estará bien hasta llegar al hogar.

Repito, vivimos algunos momentos especiales. El recién nacido sobre nuestro pecho, la novia de nuestro brazo, el sol sobre nuestras espaldas. Pero incluso esos momentos son apenas atisbos de luz que atraviesan la ventana del cielo. Esos son los aperitivos del plato que ha de venir.

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” 1 Corintios 2:9

¡Qué versículo impactante! ¿Te das cuenta de lo que dice? El cielo supera nuestra imaginación. No podemos imaginarlo. Aunque estemos en nuestro momento más creativo, nuestra reflexión más profunda, nuestro nivel mas alto, aun así no podemos sondear la eternidad. Cualquier cosa que te imagines se queda corta. Cuando se trata de describir el cielo, todos somos felices fracasos. Está más allá de nosotros. Pero también está dentro de nosotros.

Que esa vocecita interior de bendita insatisfacción te recuerde que no fuiste creado para este lugar, y que hay un lugar creado para ti.

Pero hasta entonces, sé realista. Baja tus expectativas con respecto a la tierra. Esto no es el cielo, así que no esperes que lo sea. Nunca habrá noticiero sin malas noticias. Nunca habrá una iglesia sin chismes ni competencia. Nunca habrá una auto nuevo, una nueva esposa o un nuevo bebé que pueda darte el gozo que anhela tu corazón. Solo Dios puede hacerlo. Y Dios lo hará. Sé paciente.

 

NUEVA JERUSALEN

Fragmento de el libro:

“Cuando Dios susurra tu nombre”

Max Lucado

Grupo Nelson.

UN PROYECTO PERSONAL GRATIFICANTE.

De Hada María Morales en su libro “No arrugue que no hay quien planche” Grupo Nelson. Usted no sabe, ni siquiera se imagina, cómo me gusta esto de los proyectos. Sólo deseo con todo mi corazón que su cajita de música -que lleva por dentro- toque una melodía que alegre su vida y salpique de alegría a todos aquellos que están cerca.  He aprendido a luchar con alegría por lo que Dios ha puesto en mi vida como un asunto entre El y yo. ¿Es que acaso no sabía que tenemos un Dios personal? ¡Es una maravilla! Tenga una cita con El y cuéntele los anhelos de su corazón y dígale que le siembre una semillita de ilusión hasta que nazca como “UN PROYECTO PERSONAL GRATIFICANTE”, que dé frutos de alegría que la bendigan a usted y a todos aquellos que comparten un espacio en el planeta tierra. Yo empecé de la nada y ahora estoy caminando por la senda que Dios me ha marcado y, ¿sabe que? A veces me ha tocado regar mi semilla con lágrimas, pero y ¿qué con el saldo en general? ¡Sencillamente espectacular! Con todo mi corazón quiero llegar a usted con este mensaje clave: “Todos podemos pensar y trabajar en un proyecto personal sin que sea necesario un conflicto con el proyecto familiar”. A veces me siento desencantada cuando veo a muchas mujeres que por un sentimiento de culpabilidad “cultural” se inmolan entre las cazuelas de la cocina y enjugan sus guisados con sus mismas lágrimas de frustración. ¿Que exagero? Créame que no. ¿Que cómo lo sé? Dios me ha dado la oportunidad de escribir temas y dar conferencias a mujeres y conducir segmentos de radio en vivo en los que recibo llamadas de la audiencia y después de oirme hablar con entusiasmo abren sus corazones. Un porcentaje enorme de ellas se sienten atadas a sus responsabilidades y muriendo por dentro porque se les ha olvidado que ese ser interior que hay en ellas y que estaba ahí antes de ser esposas, madres y parte de la fuerza laboral de sus comunidades se ahoga porque necesita oxígeno para toda la vida. Dios es un Dios sabio y jamás perderá la razón. Cuando pensó en nosotras nos ideó para vivir en plenitud, con proyectos personales y familiares sanos, que sumaran vida a nuestra vida; por lo tanto, esa manía de ser perfectas no estaba en sus planes pues Él sabía que en vez de ser una cualidad era una atadura ya que la perfección es una cualidad propia de Él. Cuando oí a alguien decir que no éramos mujeres perfectas sino llamadas a la excelencia, me sentí liberada. ¿Por qué? Porque para hacer las cosas con calidad si estamos capacitadas y para cometer errores también, así que para enmendarlos ni dudarlo. Quiero contarles que yo era de ese tipo de personas que todo debía estar en orden, incluyendo los cabellos de los niños. Los lazos de las niñas debían resistir hasta los vientos huracanados y eso me ponía a millón, aunque entristecía a mis niños. Ya les pedí perdón por ello. Pero entonces mi amiga, de qué sirve que lea libro tras libro, y no se decide a darle un giro a su vida. Aunque espero que haya leído mi libro “Mujer, atrévete a ser feliz”. Deseo que le haya servido de algo. Pero, entonces, ¿qué fin tiene que nosotras las autoras tratemos de impactar su vida y usted se entusiasme un ratito para luego deshacerse como un merengue al sol? No, eso si que no, por favor le pido que piense en usted solo como usted misma, sin el sombrero de mamá o de esposa o de… pues llevamos mil sombreros; y analice su vida un momento. ¿Está haciendo algo que la llene por dentro? ¿O más bien día a día cava el hoyo donde va a caer por tanta responsabilidad sin tomarse un tiempo para usted? Las mujeres llevamos por dentro una cajita de música a la que hay que darle cuerda para que podamos seguir en pie. Puedo decirle que desde que Dios me dio la oportunidad de verme a mí misma y de reflexionar hacia dónde iba mi vida interior y me atreví a cambiar, vivo con más plenitud. Aunque no he dejado de lavar platos, de llevar a Valerie a la escuela, planchar, lavar baños, darle de comer al perro. Dios “reconstruyó” mi vida de tal manera que hoy que soy escritora y parte de la fuerza laboral de mi país, ayudando a las personas con su imágen profesional y a conseguir empleo. En verdad, me siento realmente feliz. Cuando le pida a Dios que le muestre el camino para alcanzar sus metas personales, Él lo hará y créame que seguirá siendo la madre dedicada, solo que más feliz; la esposa abnegada, solo que más plena; la empleada eficiente, solo que más realizada; y una mujer que establece metas y trabaja para lograr esos sueños que no tienen nada que ver con los otros papeles que le mencioné. Dios le concederá la sabiduría para desarrollarse sanamente y con un equilibrio perfecto entre su familia y su proyecto personal. A mí porque me dio la oportunidad de escribir. No todas estamos llamadas a esto, pero tal vez esté soñando cómo tomar clases de canto o de pintura, de aeróbicos, de computadoras o quizás piense participar en actividades comunitarias. No se qué, pero lo que sé es que debemos rescatar nuestra vida interior y es nuestra responsabilidad. Y en cuanto a que debemos tener proyectos personales, ni lo dude. No siga “condimentando” el guiso con sus lágrimas, séqueselas, busque una libreta, anote sus inquietudes, sus sueños, piense en ellos, luego clasifíquelos en el orden en que le gustaría lograrlos y póngale un fósforo a ese perfeccionismo que la enreda y entretiene en sentimientos de culpa. Y ¿sabe qué también? DELEGUE. Si usted no está dispuesta a hacerlo, entonces nunca tendrá la oportunidad de lograr un proyecto personal gratificante, pues requiere inversión de tiempo. Vamos, adelante, para atrás ni para tomar impulso. Acuérdese que si se arruga, así se queda; pues no hay quien planche. Eso no lo dude.