RECUERDO DE UNA NOCHE MÁGICA.

Por Mayra Gris de Luna.

RECUERDO DE UNA NOCHE MÁGICA.

Hace un par de semanas llegaba junto con mi esposo al supermercado, cuando fuí repentinamente sorprendida por “el olor mágico”. Si, tu sabes… el olor a Navidad. Ese olor a pino mezclado con tantas cosas como sentimientos, recuerdos, palabras, imágenes y hasta sonidos. No pude evitar acercarme al lugar donde una centena de pinos naturales estaban ya listos esperando a su familia. Cerré mis ojos dispuesta a aspirar el “olor mágico” y así lo hice, lentamente y cerrando los ojos, automáticamente me transporté a la sala de mi casa, cuando con mis deditos de niña de 5 años arrancaba traviesamente algunas ramitas del árbol que mi abuelita  y yo adornábamos una tarde decembrina, solamente para que el olor de pino impregnara mis manos y mi olfato. En realidad era una rama grande de algún pino enorme y pachón. Los leñadores pasaban vendiendo las ramas por la casa. Mi abuelita colocaba la gran rama en una cubeta llena de arena y piedras para que se mantuviera en pié. Mamá había comprado dos cajas de esferas rojas, unas grandes y otras mas chicas, y muchos adornos típicos mexicanos como farolitos y mis favoritos, unos como churritos de colores metálicos que daban la impresión de estar girando sin final. Mi abuelita ataba con un pedazo de hilo las esferas, hacía un nudo y las íbamos colgando. Aún cuando me esforzaba por ser cuidadosa, siempre rompía alguna 😦

Días después, ya oscureciendo, esperaba a los Reyes Magos, y sobre todo esperaba sus regalos. Mamá me llevó al patio, donde me mostró tres estrellas, el “cinturón de orión”, ella decía que eran los tres Reyes que ya venían en camino.  Preparamos tres cubetas con un poco de agua y las dejamos en la sala, junto a mi zapato debajo del árbol. Era para los camellos, que seguramente estarían muy cansados de tanto viajar.

Era tanta mi emoción que no podía dormir.

Pasaban las horas y el “mago de los sueños” no pasó aquella noche a echar sus polvos mágicos porque el sueño nunca llegó. Así que después de hacer “algunos preparativos” junto con mi papá, mamá me dijo:

– Mavis, ¡Escucha! ¿Oyes algun ruido?

Yo me senté en la cama, y ¡escuché cómo se abría la puerta de la sala! ¡Escuché cómo dejaban los regalos bajo el árbol! Mi corazón latía muy rápido por la emoción. Después de un rato, se escuchó cómo cerraban la puerta. Mamá entonces dijo: ¡vamos a ver!

Y ahí estaban los juguetes!!!  Pero lo más sorprendente para mi fué que las cubetas estaban vacías! “Los animales” se habían “tomado” toda el agua! Tódo éra tan… mágico.

Cuando abrí mis ojos… mi esposo me estaba esperando para entrar al super, había muchas cosas que hacer.