“SOLO ME IMAGINO”

Las reglas de etiqueta dictan saludar primero a la persona con mayor jerarquía; entre el joven y el señor de edad madura, se saludará primero al señor de edad madura; entre el presidente y el vicepresidente se saludará primero al presidente. Esas son reglas de la tierra. Cuando lleguemos ante el Trono donde está Dios y Jesucristo sentado a Su diestra ¿a quién saludar primero? ¿Al Creador del Universo, el Dios Todopoderoso o a Jesucristo, el Rey de Reyes? Mi mente es finita, no alcanza a comprender el momento de conocer a La Trinidad. Él es uno mismo, en tres personas. No hay jerarquías.

He visto imágenes de cuadros hermosos representando un momento, el momento en que Jesús te recibe con los brazos abiertos y te dice -“bienvenido, entra en el gozo de tu Señor”. El momento en que dejas tu cuerpo terrenal y tu espíritu regresa al hogar celestial.

La Biblia dice que los que mueren en el Señor en realidad “duermen”. Mi mamá, mi papá, mi abuelo y todos los que han partido en el Señor están dormidos. No han conocido al Dios Trino. No tendremos que preocuparnos por nuestras reglas de protocolo. Todos veremos a Jesucristo en las nubes por primera vez, cuando al sonar de la trompeta los muertos en Cristo resuciten primero y luego los que vivan nos reuniremos para estar siempre con El.

   He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá. Apocalipsis 1:7a

 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

1 Tesalonisenses 4:16-18

 

HAY GANANCIA EN EL MORIR.

Por Mayra Gris de Luna.

“Porque para mi el vivir es Cristo,

y el morir es ganancia.”

Filipenses 1:21

Tengo la impresión de que la mayoría de las personas no deseamos morir. Tenemos un instinto natural por aferrarnos a la vida, un “instinto de conservación”. Es natural sentir miedo al dolor y temor ante lo desconocido. Sentir apego por las personas con quienes hemos compartido nuestra vida. No solo apego a las personas; también hacia nuestras cosas, lugares, a las pasiones que nos hacen vivir intensamente y aún hacia nuestras mascotas. Decir adiós a todo ello no siempre es tan fácil. Donde se encuentra nuestro tesoro, ahí está nuestro corazón; por eso el Apóstol Pablo podía declarar con plena convicción que al poner en la balanza por un lado su vivir, y por el otro lado el ladrillo de todo lo que implica el morir en Cristo, éste ultimo es tan pesado, que la diferencia evidentemente se traduce en ganancia.

Para Pablo, Cristo era el centro de su existencia en ésta tierra; su blanco, su objetivo, su razón de ser. Por ello su perspectiva de encontrarse cara a cara con Él, implicaba pasar a un estado mejor, llegar por fin a la meta, ganar y obtener el premio. Para quienes viven con intereses ajenos a las cuestiones espirituales y eternas, el concepto de encontrarse con un Dios en el que tal vez ni siquiera creen no tiene atractivo alguno. Se necesita amar a Dios mas que a cualquier cosa aquí en la tierra para considerar la muerte como una ganancia.

Hace unos días falleció un querido hermano en Cristo. Mi esposo y yo asistimos al sepelio. Cantamos himnos de esperanza a lado de personas amadas con quienes hemos coincidido en nuestra carrera en ésta tierra. Algunos empezaron a compartir recuerdos de la vida de nuestro hermano y aún en la tristeza pudimos incluso reír juntos. Sabíamos que él se encuentra en un lugar mejor… que había ganado ya.

A unos 20 pasos de ahí se encuentra la tumba de mis padres. No imagine llegar a éste lugar aquel día ni que éstas tumbas quedaran tan cercanas. Estuve unos minutos frente a la lápida observando sus nombres grabados allí. Recordándoles. Hablando con Dios sobre ellos. Pensando que  tambien estaban en una situación mejor. Como siempre, toqué la piedra y la tierra con mi mano como queriendo tocarlos y como un símbolo de despedida.

Los que estamos en Cristo ¿Qué ganamos al morir?

Eternidad.

Me gusta pensar que estaré en un lugar donde no importen ni mis arrugas ni mis canas. Donde seré “immune” al paso del tiempo  y nunca volveré a llegar tarde ni tendré que manejar en horas pico. Pienso en algo aún mejor, vivir en una dimension atemporal. No es fácil comprender la eternidad; algo que no tiene principio ni final, pero si puedo estar segura de que eso es mejor que simplemente perecer.

Paz.

Adios a la tristeza, al llanto y al dolor. No mas migrañas por estrés ni recibos por pagar. No habrá terror nocturno pensando en fantasmas, momias, zombies, aliens, chupacabras, nahuales, demonios o aún peor: politicos corruptos. Solo vivir en completa relajación sabiendo que los secuestradores, terroristas suicidas y pederastas no tienen permitida la entrada. Vivir por siempre en un lugar sin racismo, cocaina, alcohol ni armas químicas. Morando en completa paz. Sin culpabilidad ni tentación. Sin antidepresivos ni estrés.

Hallaremos descanso.

No habrá que lavar ropa ni trapear pisos. No mas despertador a las 4:30 de la mañana. Han fallecido personas que trabajaron duro. ¡En verdad es un alivio saber que ya descansan! Algunos reposan de  sus trabajos, otros de tanta enfermedad.  Hay quienes se liberaron de su pena y sufrimientos.  Ahora duermen. “Descansan en paz”. “Éstos, los que murieron en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos arrebatados y nos uniremos para estar todos juntos siempre con el Señor.”

Un cuerpo transformado e incorruptible.

Perfecto, 90-60-90, sin dietas, diabetes, gastritis, colesterol o alergia. Sin olor a sudor ni sentir comezón en los lugares mas inalcanzables de la espalda. Sin necesidad de vacunas. Tal vez con la capacidades tipo “X men” de atravesar paredes y aparecer en diferentes lugares casi al mismo tiempo.

Compañía amada y selecta.

Le veremos cara a Cara. ¿Has imaginado el momento sublime de ver Su rostro, tocar Sus pies, fundir sus ojos en los tuyos y disfrutar de Su mirada de amor, perdón  y aceptación?

Escuchando nuestro nombre pronunciado por Sus labios y con el tono de Su voz. Sintiéndonos completos por haber llegado al hogar. No ser más peregrinos ni extranjeros. Estar en casa. Con la seguridad, aceptáción y amor de nuestro Padre diciendo: – “Entra, bienvenida buena sierva y fiel, gózate”.

Nos encontraremos con nuestros seres amados que han partido antes.  Pienso en abrazar a mi papa y a mi mama; a mi abuelito, a mi abuelita, a mis tios y muchas otras personas que año con año van bajando del tren de la vida. Allá estará el Sr. Taylor, la Miss Negrete, el Pastor Lupito , el Pastor Osorio y tantos amados más. Quiero platicar con María la madre de Jesús y  con la reina Esther; quiero conocer a Don Moises, a Su alteza el Rey David, al Apóstol Pablo y todos los demás discipulos.  Y  lo mas “cool”: veré al angel Gabriel, Ángeles, Arcángeles y  el ejército completo.

Una morada perfecta.

El lugar que Cristo está preparando para nosotros,  inimaginable y hermoso: La ciudad Santa se encuentra descrita en la Biblia. Mejor que un paisaje en Suiza y mas lujosa que el Palacio de Versalles.  Imagina un mar de cristal, calles de oro y puertas con piedras preciosas donde no habrá obscuridad porque ¡la gloria de Dios lo ilumina todo!

Adorandole siempre.

Me encantan  los grandes coros cristianos y la majestuosidad de las obras que entonan. Amo la reverencia y puntualidad en los templos Metodistas,  las rondallas de los Hermanos Libres, el entusiasmo de mis hermanos Pentecostales palmeando siempre y hasta danzando con alegría de corazón. En una ocasión estuve en tres diferentes congregaciones el mismo domingo y me gozaba de reencontrarme con personas que he conocido a lo largo de mi vida. ¡Podia sentir amor en cada iglesia local! Me entristecía no poder congregarme siempre con cada uno de ellos. Ahí entendí lo hermoso que será la “Koinonía Celestial”. Todos a una, un mismo estilo o todos, sin competencia y ahí si, frente al Trono, adorando y alabando al Dios mismo, el homenajeado por siempre,  el “motivo de nuestra canción.”

Es fácil desear morir cuando  estamos enfermos y deseamos el cielo como un alivio a nuestro dolor. Ansiamos estar en aquel lugar cuando nos vence la desesperación en medio de un problema. Pero cuando estamos bien nos olvidamos, y siendo sinceros la mayor de las veces quisieramos que ese momento se postergara el mayor tiempo posible. Queremos vivir, amar, viajar, hacer muchas cosas todavía. Cuando todo está bien podemos evaluar en donde se encuentra nuestro tesoro. Dicen que donde pasas mas tiempo, donde inviertes más dinero, ahí está tu corazón.  “Poned la mira en las cosas de arriba”, nos aconseja otra vez el apóstol Pablo o como dice aquel canto: “Fija tus ojos en Cristo”.

¿Tu vivir es Cristo?

¿Qué es tu vivir?

 Seguramente no es algo malo ni pecaminoso;

es natural que lo mas importante para nosotros

sean  los hijos, la pareja, el trabajo, el deporte o algún hobbie.

Como Abraham, tenemos que entregarlo.

Estar dispuestos a sacrificarlo.

Poner nuestra obediencia y amistad con el Señor como nuestra prioridad

y poder decir con convicción:

 -“Para mi sí, el vivir es Cristo,

y si, el morir es ganancia”.

 

 

 

 

 

 

 

 

MI VIAJE EN EL TREN.

EL TREN DE LA VIDA

Por Mayra Gris de Luna.

Un día me di cuenta de que iba en el tren… el tren de la vida.

Yo no pedí subir, pero ocurrió. ¡Qué afortunada! A fin de cuentas ¡qué “suerte” he tenido de nacer!

¿Suerte? ¿Destino? O algo mejor que eso: propósito, diseño, predestinación divina.

Nuestra presencia aquí tiene más que ver con eternidad y significado. Tiene que ver con “El Alfa y La Omega”: el camino, la verdad… la vida.

No ha sido un viaje corto, y espero que sea muy largo. Ha durado lo suficiente para disfrutar lo mejor de la vida: el amor, la familia, las personas. Un sin fin de ellas me han acompañado en mi viaje  y me han proporcionado agradable compañía. A su vez, yo les he acompañado a ellos deseando que mi presencia no les haya sido molesta. Hemos compartido lugares de incomparable belleza. Aunque todos hemos tenido que pasar durante el recorrido por parajes desolados y áridos. Horas interminables de desesperación. Túneles obscuros de aprendizaje y desesperanza.

En mi vagón viaja conmigo mi familia: mi esposo y mis hijas. En tiempos pasados me acompañaron mis papás y mis abuelos. Pero les tocó bajar cuando cumplieron su misión. Ellos llegaron a su estación. Su asiento vacío me llena de recuerdos sobre su presencia en nuestras vidas. Compartimos  con ellos felices momentos y  varios lugares que nos dejaron valiosas enseñanzas. Muchas de ellas hoy nos han sido útiles para aprovechar mejor nuestro propio viaje. Les extraño, pero se que algún día me reuniré con ellos cuando me toque bajar. Cuando cumpla el propósito que Dios tiene para mi.

En otros vagones viajan mis tíos y otros familiares, también amigos y otros conocidos. En ocasiones nos encontramos y nos visitamos. Aunque debo reconocer que hay temporadas en que cada quien se enfoca tanto en su itinerario que nos llegamos a distanciar. Pero cuando nos encontramos, qué divertidos momentos hemos podido compartir. Cada persona me ha brindado algo para enriquecer mi estancia. Una estancia plena de aventuras y recuerdos.

Todos vamos bajando del tren de la vida cuando nos toca llegar a nuestro destino. No sabemos cuando, pero nos toca bajar cuando es el momento, para nunca volver a subir. Es un viaje sin retorno. El boleto es sólo de ida. Por ello atesoro cada momento del recorrido. Cada segundo con mi esposo. Cada hora con mis hijas, cada amanecer y cada flor.

Cada uno de mis días en el viaje es un hermoso regalo de Dios lleno de nuevas sorpresas y misericordias.

Viajo en paz porque tengo todo preparado para cuando mi viaje termine. No quiero bajar todavía pero estoy lista. No podré llevar nada conmigo mas que mi historia.

En el tren de la vida nadie pidió subir, pero nadie se quiere bajar.

¡Feliz viaje!

“Vivamos de tal manera, que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío deje lindos recuerdos a quienes continúen viajando en el tren de la vida”

* Existen pensamientos de diferentes autores sobre “El tren de la vida”. 

   Esta es mi versión. 

  Para ver la versión de César Lozano haz click aquí.

“YO TE EXTRAÑARÉ”

Yo te extrañaré. Tercer Cielo.

Tal vez solo quienes hemos vivido la pérdida de un ser querido podemos comprender lo que significa, lo que se siente. 

Esta canción expresa un poco de ese sentir y la comparto como un abrazo de consuelo para las personas que se hayan experimentando esos momentos difíciles.

Uno de los nombres de Dios es “El Consolador” que en la persona de el Espíritu Santo nos puede brindar la PAZ que solo Dios puede dar en medio de las tribulaciones, esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Refugiémonos en El.

Poesia: “Si pudieras ver donde estoy, no llorarías”. Autor anónimo

               Haz click aquí.

EL DÍA EN QUE ESTUVE “TÉCNICAMENTE MUERTA”.

Por Mayra Gris de Luna.
¿Me creerías si te digo que alguna vez, por algunos segundos, estuve lo que yo llamo “técnicamente muerta? Permiteme platicar lo que sucedió, para tratar de explicarme mejor:

Me encontraba en la sala de operaciones del hospital. Me estaban practicando una operación cesárea. Era una cirugía programada con mi doctor de confianza, quien me había atendido ya en un procedimiento similar dos años antes, sin ninguna complicación. Así que yo prácticamente “disfrutaba” la experiencia. Me sentía contenta, me sentía confiada, y ahí me encontraba en el quirófano. A mi derecha trabajaba mi Doctor, a mi cabecera el anestesiólogo, algunas enfermeras iban y venían haciendo lo suyo. El doctor acostumbraba poner música suave y de cuando en cuando bromeaba para mantener el ambiente relajado. Realmente disfrutaba su trabajo. Casi cerca del momento en que sacarían a la bebé, todos nos percatamos de que el inadvertido sonido “ti”… “ti”…”ti”… del aparato que monitoreába mi corazón cambió a “tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”. Instintivamente el doctor  puso las dos manos en alto suspendiendo súbitamente su actividad. En un segundo todos se paralizaron a la expectativa de las instrucciones del doctor. Fue algo muy inesperado para mi, pero alcancé a preguntarme -“¿qué pasa?, ¿ya estoy muerta?, no siento dolor”. “Tal vez en un momento mi espíritu dejará mi cuerpo” Casi podía ver con los ojos de mi imaginación cómo mi espíritu se iba elevando,  viendo mi  cuerpo  y a todos alrededor.

Una de las enfermeras a mi izquierda le mostró al doctor que el dispositivo que se encontraba fijado a mi dedo o a mi muñeca, no se en realidad donde, se había zafado y me había desconectado del aparato. El doctor, con actitud severa, ordenó a la enfermera colocarlo de nuevo. Seguramente pasó un gran susto. Inmediatamente se empezó a escuchar de nuevo mi latido “ti”, “ti”, “ti”, “ti” pero esta vez latiendo muuuy rápido. Yo también me asusté. 🙂

He vivido trece años a partir de aquel día. Pero aquel incidente me mostró lo inesperado que puede ser la muerte. En realidad puede llegar en cualquier momento, incluso en las temporadas “rosas” de nuestra vida en que todo va de maravilla y nos encontramos cumpliendo nuestros sueños. Algunos años después de aquello mi mamá falleció inesperadamente. Después mi cuñado en la plenitud de su vida.

Se que éste pensamiento no es algo nuevo, todos conocemos el ciclo de la vida. Sin embargo creo firmemente que no todos estamos preparados para enfrentar ese momento y esa situación.

¿En qué consiste esa preparación? En mi caso particular, lo mas importante es tener “solucionado” el aspecto espiritual. Creo que somos cuerpo y espíritu, el cuerpo es temporal  y el espíritu eterno. Creo en la Biblia como la Palabra de Dios en la que se nos revela que ésta eternidad se puede pasar en el cielo o en el infierno y que tenemos la libertad de elegir a cual de estos lugares queremos ir.

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Romanos 10:9

Creer en Jesucristo es el único requisito para tener ésta vida eterna. Así que yo tengo la seguridad y la convicción de que mi vida después de ésta, será ganancia.

También estamos tratando de preparar a nuestras hijas para ser independientes, y tratamos de no dejarles deudas ni problemas legales. Sobretodo, es preciso que los hijos se relacionen con Dios como Padre, un Padre celestial, que siempre estará con ellos  y no les dejará huérfanos a pesar de que algún día nosotros no estemos con ellos.

La conciencia de ésta realidad, nos hace disfrutar intensamente de la vida. Amamos la vida y aprovechamos cada momento para disfrutarnos y disfrutar lo mejor de ella. No deseamos perder ni un momento en enojos y frustraciones. Hay mucho por lo cual vivir.

Y tú… ¿te encuentras preparad@?…

“Para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia”

Filipenses 1:21