NUESTRA “ARCA DE NOÉ”.

Por Mayra Gris de Luna.

Dicen que “el primer amor nunca se olvida” y yo creo que también “la primera mascota nunca se olvida”. Nikky fué mi “primer amor”. Un perro de tamaño mediano,  de pelo chinito y beige se convirtió en mi amigo y fiel compañero cuando yo tenía cuatro o cinco años. Siempre estaba conmigo. Era noble y obediente. Yo no se si éra bravo pero si recuerdo que ladraba mucho cuando alguien se acercaba a la puerta de la casa; simplemente con que alguien pasara por la banqueta, sería sorprendido por los fuertes ladridos de Nikky. Un día lo vacunaron contra la rabia y por ello Nickky  debía portar un collar en el cuello con una plaquita que nos dieron para que se le pudiera  identificar como un perro vacunado. Lucía muy bien esa placa. Parece que alguna persona de las que no le gustaban los ladridos al pasar por la casa le dió algún alimento envenenado.  Aún con los cuidados de mamá y el veterinario, no pudimos evitar que muriera. Mamá me previno, me dijo que Nicky moriría pronto. Yo recuerdo haber estado junto a él algunas horas hasta que murió. Fué el día más triste de mi vida hasta entonces. He guardado su placa hasta hoy, y en mi etapa de adolescente  yo la usaba en mi cuello con una cadenita casi todo el tiempo.

Después tuvimos a “Ford” un pastor alemán negro. Cuando escuchaba  truenos o “cuetes” se ponía a temblar. En varias ocasiones se lanzaba hacia dentro de la casa rompiendo el vidrio de la puerta. Mamá lo regaló al lechero. Después de algunos días ¡el perro regresó!, traía lastimadas las patitas por caminar tanto pues el lechero vivía en un pueblito. Es sorprendente cómo pudo encontrar el camino de regreso. Pero más sorprendente para mi el ejemplo de lealtad y fidelidad que los perros pueden tener hacia quienes consideran sus amigos.

Durante varios años mi mamá se dedicó entre otras muchas cosas, a criar marranos. La casa era grande y construyeron varios “chiqueros”. Compraron cochinitos rosas, cafés y unos negros con franja blanca raza “Hampshire”, éstos éran los mas bonitos. Crecían mucho y llegaban a pesar mas de una tonelada. En la pared de cada “chiquero” podía uno leer: “Pepe”, “La Muñeca”, “Laica” etc. Mamá les ponía a cada uno su nombre, y siempre los recordó con cariño a cada uno de ellos. Los vendían cuando ya estaban grandes. Había que estar pendientes en el calendario cuándo sería noche con luna llena, pues si había cerditas esperando cerditos, seguramente nacerían por la noche. Mis papás y un vecino, Don Mario, se preparaban para velar, con ropa y café calientes. Tenían que ayudar   y estar pendientes de que la enorme y pesada mamá cerdita no aplastara a los recién nacidos. Algunos nacían con dientes y éra preciso extraerlos para que pudieran ser amamantados.

Una tarde mamá y yo salimos y regresamos a casa como a las seis, cuando ya había pasado la hora en que debían ser alimentados. Todos estaban chillando muy fuerte pidiendo comida. Mamá se apresuró a preparar el salvado con tortilla y caldo en grandes cubetas. Llevaba las primeras dos cubetas y cuando los animales percibieron el olor de la comida, rompiendo las puertas salieron todos en estampida. Mamá solo soltó las cubetas y comenzó a correr. Nos llevamos un gran susto.

Mis padres se casaron bastante jovenes, creo que juntos fueron madurando, experimentando y aprendiendo muchas cosas de la vida. En una ocasión papá regresó del trabajo a comer a medio día como siempre, y cual no sería su sorpresa cuando se encontró con ¡una vaca pastando en nuestro patio! Mi mamá era única, impredecible, y creo que un poco impulsiva. Tal vez adquirió la vaca porque pensó que ahorraríamos en leche. Aún cuando mi papá no fué consultado para tomar la decisión de comprarla, (tal vez porque mamá sabía que él diría que no) fué tolerante y permitió que la vaca se quedara. Todavía recuerdo el olor de la alfalfa que se compraba en grandes cantidades. Yo creo que mamá pensó que había que variarle el menú a la vaca de vez en cuando, y no estoy segura si fué maíz o qué fué el alimento que, combinado con agua, hizo que la vaca comenzara a inflarse como un globo. Pensando que tal vez explotaría y para “ahorrarle” sufrimiento a la vaca, mi papá sacó su rifle y … bueno… solo diré que volvimos a comprar la leche con el lechero.

Mamá entonces empezó a comprar pollitos. Los pollitos son hermosos. Mandó construir un gallinero muy bonito con diferentes secciones y niveles para las gallinas grandes, para los pollos, con bebederos y focos que los calentaban. Apartaba los huevos cuando estaban próximos a nacer los pollitos, y fuí testigo de muchos de éstos nacimientos. No debíamos ayudarlos, ellos tenían que ir rompiendo el cascarón por ellos mismos.

También tuvimos patos, pero a diferencia de los pollos que se limitaban a su gallinero, los patos andaban por todo el patio y era imposible mantenerlo limpio así que les fué buscando diferentes hogares poco a poco hasta que se terminaron.

Cuando tienes aves, llegan las ratas. Intentan comerlas en las noches. Mi papá, que tenía muy buena puntería, se ponía a vigilar desde la ventana con su rifle, esperaba a éstas ratas y desde ahí practicaba tiro al blanco. Recuerdo haber ido a la panadería y escuchar los comentarios de los vecinos preguntándose acerca de los balazos de la noche anterior, yo silvaba nerviosamente “Navidad, Navidad, hoy es Navidad” en pleno mayo intentando disimular.

En una ocasión visitamos a una tía que tenía muchos conejos y nos regaló como seis. Me parecía increíble que pudieran tener los ojos de color rojo. Su pelaje se sentía muy suave. Me parecían tan frágiles e indefensos. A pesar de que los metieron en unos cuartos para pasar la noche, los perros se metieron y acabaron con todos. En ocasiones nuestra “arca de Noé” parecía mas bien el “arca del terror”. Aprendimos que no solo se requieren buenas intenciones para cuidar a los animalitos. Se requieren conocimientos, experiencia, responsabilidad y trabajo para atenderlos bien.

Ya en preparatoria, cuando me pusieron braquets en los dientes, para consolarme por el dolor que me provocaban, mamá me regaló una gatita siamésa. Se llamó “Kitty”. Era tan pequeñita que me la ponía en mi hombro mientras yo estudiaba. Siempre estaba conmigo. Creció y llegó el tiempo en que Kitty necesitaba un esposo. Conoció a “Pierre” otro hermoso gato siamés. Tuvieron un solo hermoso gatito. “Kitty” lo adoraba. Todo el tiempo lo estaba limpiando con su lenguita. Era tanto su amor por el gatito que por estarlo lamiendo todo el tiempo,  el gatito murió. Desde ahí aprendí que uno puede amar tanto a alguien que lo puede dañar si uno no le da libertad, si uno lo acosa constantemente aun con cuidados. Kitty me hacía compañía. Simplemente “siempre estaba ahi”. Conmigo.

Antes de descubrir que mis hijas eran alérgicas, tuvimos un par de perritos, un gato, algunos peces y una tortuga. Cuando viajábamos, nuestro vecino Victor amablemente se encargaba de ella.  En la escuela tenían un Hamster, al que todos los niños tenían la responsabilidad de cuidar. Lo último que supe de el es que debían ponerlo a dieta.

Cuidar a los animalitos es todo un reto. Estoy segura de que habrá tiempo allá en la eternidad, para calentar unos bombones mientras Noé nos relata todas las anécdotas que tuvo que pasar al cuidado de todos los animales en el arca. Cuidaba a los pinguinos de clima frio y las salamandras del desierto. Alimentaba hipopótamos y pajaritos.

Cuando tocaron tierra firme, muchos de ellos se apresuraron a salir del arca buscando la selva y las llanuras. Yo creo que algunos regresaron después de haber curioseado los alrededores. Y otros más, nunca se fueron. Seguramente muchos permanecieron con Noé hasta el final de sus días.

 

Acerca de Mayra Gris de Luna

Mujer, esposa y mamá. Busco oportunidades para hacer las cosas que me gustan. Amo la palabra escrita. Me gusta compartir mis pensamientos acerca de esta aventura que es la vida. Para ello utilizo mis blogs grisdeluna...EN LA CABAÑA. (http://grisdeluna.com) y Caminando (http://mayragris.wordpress.com) Una de mis motivaciones es compartir mis memorias con mis hijas y las personas que de alguna manera se identifican conmigo. También comparto lecturas de excelentes autores que me han impactado y cuyo mensaje resulta alentador. Anhelo con todo mi corazón cumplir con el propósito que Dios tenía en mente para mi vida cuando me creó. Mi vida es sencilla. Me gusta tocar el piano, cantar con mi guitarra, leer, ver el mar, disfrutar de un buen café, disfruto platicar con mi esposo, ver películas con mis hijas, viajar y escribir. He aprendido que hay algo mas en la vida que tener éxito, y es que nuestra vida tenga “significado”, algo que solo podemos encontrar en Dios.
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4 respuestas a NUESTRA “ARCA DE NOÉ”.

  1. Andres Segovia dijo:

    Dios hizo los animales, algunos de ellos para mascotas y muestra que tan bueno y lleno de humor es nuestro Dios.
    Que hermoso tener una vaca en casa! 🙂

  2. Mayra Gris dijo:

    Podermos ver la inmensa creatividad de Dios en los animales, unos con puntos otros con rayas, algunos otros con colores y texturas preciosas!
    Acabo de recordar el nombre de la vaca: “Micaela”. 🙂

  3. terry morgan dijo:

    Qué lindos recuerdos, May! Gracias por compartir!

  4. Mayra Gris dijo:

    Gracias por la oportunidad de compartirlos contigo!

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