VÍSTETE CON HUMILDAD

Por Mayra Gris

Vestíos pues, como escogidos de Dios,

santos y amados… de humildad.

Colosenses 3:12

En los campamentos de verano una de de las actividades más emocionantes era la noche del banquete. Usábamos nuestro mejor vestido y tratábamos de mostrar impecables modales a la mesa en compañía de nuestra “pareja”.

Recuerdo que en uno de ellos aprendimos la parábola del rey que hace un banquete para sus importantes invitados y éstos no asisten. Entonces el rey invita a la gente más sencilla y pobre del reino, y éstos si acuden gustosamente. Aquella noche de campamento, todos nos vestimos con ropa rota y vieja recordando a aquellas humildes personas. Curiosamente, nuestra vestimenta nos hizo sentir confiados y menos tensos.

Aunque humildad no es lo mismo que pobreza, en ocasiones, el materialismo y las apariencias influyen de manera negativa en nuestras actitudes. Es más fácil ser humildes y naturales cuando el enfoque no está en lo material. A veces usar vestimentas ostentosas puede hacernos perder esta hermosa cualidad.

¿A cuál de éstos dos tipos de invitados te pareces? Unos fueron arrogantes, no tuvieron tiempo en sus apretadas agendas para responder a la invitación del rey. Otros se vistieron de humildad y se regocijaron con sencillez de corazón.

Humildad es recibir la alabanza y pasarla a Dios sin tocarla.

 

Copiado de:

TALI, 365 gotas de rocío para chicas.

Junio 7

Ediciones Las Américas.

 

CAMINANDO LIBRE.

LIBRE

Por Mayra Gris de Luna.

“Hoy le doy a los demás la libertad completa de sentir por mí lo que quieran.

Nadie está obligado a amarme de la forma como yo supongo ideal”.

Aurora del Villar

   Comparto la frase porque me brinda una sensación de bienestar y libertad. Necesitar ser amados de una manera que no coincide con nuestra realidad puede resultar atemorizante y frustrante. Cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas podemos experimentar mucha insegurad e insatisfacción en nuestras relaciones. El dar a los demás la libertad completa de sentir lo que quieran sentir no implica que no me importe. No quiere decir que no me afecte. Quiere decir que yo me abro, que yo me permito aceptar los sentimientos de la otra persona concediéndole su derecho de tenerlos.

El libre albedrío es un derecho dado por Dios que todas las personas ya tienen. En realidad no necesitan nuestro permiso para amarnos o dejarnos de amar de la manera en que lo hacen. Tampoco necesitan nuestro permiso para experimentar rechazo o indiferencia hacia nuestra persona. Lo sabemos, y sin embargo quisieramos tener esos sentimientos en nuestras manos, como cuando tenemos una tibia y moldeable bolita de plastilina. Si se pudiera, conformaríamos aquellos sentimientos de tal manera que nos resultasen agradables y si se pudiera, perfectos. No podemos hacer eso, pero sí podemos hacer un esfuerzo por ser personas fáciles de amar. Sin duda hay personas difíciles de amar.

vivo libreSomos nosotros quienes podemos darnos la libertad de poder aceptar los sentimientos de los demás; de aceptar la manera en que los demás nos traten. Tienen derecho y no están obligados a adivinar la forma en que a nosotros nos gustaría ser amad@s y tratad@s.

A veces es difícil aceptar la verdad, pero la Biblia dice: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Dios es amor, y Dios es verdad. Yo he encontrado mi libertad en el amor de Dios y en las verdades que Su palabra me ha revelado. No hay algo que me hiciera sentir tan atada como tratar de complacer a otras personas. Algunas de ellas son fáciles de complacer, otras son difíciles de complacer y también las hay imposibles de complacer. Esto puede resultar tan desgastante que tarde o temprano uno queda agotado al grado de no desear ocupar ni un segundo más de ésta valiosa vida en tratar de agradar a tales personas. Simplemente no nos aceptan. Cuando una persona no acepta a otra, no aceptará como es, como viste, como habla, qué dice y qué hace.

Hace un par de días, comentaba con una joven esposa y mamá que nosotras debemos hacernos constantemente una pregunta: ¿Yo estoy para hacer felíz a los demás (esposo, hij@s, otros); ó ellos estan para hacerme felíz a mi? Creo que si nuestro enfoque está en hacerles felíces a ellos, nuestra actitud cambia automáticamente de la posición de recibir, a la posición de dar. Si a su vez, el esposo y los hijos se hicieran la misma pregunta y respondieran de la misma manera, las relaciones cambiarían porque se eliminaría el egoismo y el orgullo. Sabemos que nadie puede ser responsable de la felicidad de otro. Eso es un asunto personal. Pero definitivamente una buena actitud puede dar luz y hacer más satisfactoria cualquier tipo de relación. Cuando uno no espera nada, lo poco que se reciba es bien recibido y es suficiente, pero cuando tenemos expectativas preconcebidas, quedaremos expuestos a la desilusión.

Cuando damos la libertad a los demás de sentir por nosotros lo que elijan sentir, nos mantendremos libres nosotros también, de padecer alguna situación manipuladora, y de cualquier chantaje o esfuerzo de otra persona por condicionar su amor, concediéndolo siempre y cuando actuemos de determinada manera.

Hay una descripción del amor perfecto en la Biblia, en 1 Corintios 13. Son las características del amor de Dios. Y como humanos anhelamos expresar ese tipo de amor y recibirlo. Lo intentamos y seguramente lograremos sin esfuerzo un amor con algunas de las características y fallaremos en otras. Seamos comprensiv@s al esperar encontrar este tipo de características del amor perfecto en el amor humano. Seguramente cualquier tipo de amor humano tendrá imperfecciones. Saberlo, nos puede hacer mas felices al recibir lo que venga y como venga. Cubramos, también con amor, aquellas faltas.

Proverbios 10:12 

“El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas”

1 CORINTIOS 13

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD.

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD

 

 Cuando me amé de verdad comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto,
y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima
 
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional,
no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… Autenticidad
 
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente,
y comencé a aceptar todo lo que acontece y que contribuye a mi crecimiento.
Eso se llama… Madurez
 
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación o persona, sólo para realizar aquello que deseo,
aun sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto
 
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo.
De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.
Hoy sé que se llama… Amor Propio
 
Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero, y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es… Simplicidad y Sencillez
 
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón,
y así erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es… Humildad
 
Cuando me amé de verdad, desistí de quedarme reviviendo el pasado,
y preocupándome por el futuro.
Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece.
Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… Plenitud
 
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado.
Todo eso es… Saber Vivir
 
No debemos tener miedo de cuestionarnos,
hasta los planetas chocan
y del caos nacen las estrellas.
 
Charles Chaplin.
 

CAMINANDO EN EQUILIBRIO.

CAMINANDO EN EQUILIBRIO

Por Mayra Gris de Luna.

Si un trapecista pierde el equilibrio, las consecuencias pueden ser desastrosas. Lo mismo puede suceder en nuestra vida diaria. Mantener el equilibrio en todas las áreas de nuestra vida es importante. Aún estando consciente del tema, y haciendo esfuerzos por lograrlo, no es fácil. Hay etapas de la vida de una mujer en que lograr mantener el equilibrio se convierte en todo un reto. Controlar las emociones como el enojo, la tristeza y la desesperanza bajo la influencia de nuestras hormonas puede ser igual o hasta más difícil que mantener el equilibrio en la cuerda floja. Una vida en equilibrio viene como consecuencia de tomar decisiones equilibradas, tener una agenda equilibrada, actuar en base a prioridades en orden, hasta tener una dieta equilibrada que nos permita tener un cuerpo a la medida y una salud estable.

Aún sin darnos cuenta, hay cuatro factores que son importantes para la mayoría de las personas: el éxito, el confort, el control y el ego.

No son cosas malas en si mismas, al contrario, solo que son aspectos de nuestra vida en los que debemos poner especial cuidado en que siempre estén supeditados al equilibrio precisamente. Estar consciente de ello ha traído mucho bienestar a mi vida. Creo que es importante y me está ayudando en mi caminar, y ya que vamos caminando juntas me interesa que tu lo sepas y lo tomes si ves que puede serte de utilidad.

EXITO. Dios nos ha llamado a vivir “vidas abundantes”, y yo creo que esa es una buena definición de una vida exitosa. Cada cabeza tiene su propia definición y visualización de lo que es el éxito, y no es malo buscarlo ni tenerlo. La insatisfacción viene cuando perdemos el equilibrio y se convierte en el principal motivante de nuestra vida. Nos puede generar mucha frustración. La Biblia dice:

“Y TODO lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”

Colosenses 3:23

Estas palabras me llenan de paz. Me iluminan acerca de cual debe ser el motivante correcto para lo que hago y lo que busco en la vida.

CONFORT. Hay cosas que debemos realizar que nos obligan a salir de nuestra área de confort. Pedir disculpas, disciplinarse con una rutina de ejercicio diario, aprender algo nuevo, subir al siguiente nivel, servir, ayudar, dar. El temor y la flojera nos paralizan y no avanzamos. Este aspecto es más sutil y engañoso. Nos exige buscar y escudriñar dentro de nosotros. Ser honestas y reconocer que necesitamos esforzarnos más. Mirando a la mujer virtuosa que describe Proverbios 31:10-31, podemos identificar las veces que ella tiene que salir de su zona cómoda para ser una mujer productiva y digna de reconocimiento.

CONTROL. Este aspecto puede ser tan sutil que nuestro insonsciente lo disfraza. Y queremos “controlar” a nuestros hijos, a nuestro esposo y a las personas con las que nos relacionamos. Nos sentimos mejor cuando interiormente “aprobamos” lo que hacen, lo que piensan, lo que dicen, cómo se visten, en qué gastan su dinero, y al esposo queremos controlarle la cartera y ¡hasta la mirada!

Nos justificamos pensando que es “por su bien”. Pero nos desgastamos y afligimos en el proceso. El equilibrio en ésta área es bien importante porque tampoco podemos desentendernos de los demás, especialmente de nuestra familia. En este sentido la paz me la da la oración. Tomarnos de la mano del Señor y como dice la Palabra:

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”

Filipenses 4:6-7 (Nueva Versión Internacional)

EGO. Tal vez si Dios nos diera una lista de todas las cosas que hemos hecho para satisfacer nuestro ego nos costaría creerlo. Una correcta autoestima es no valorarnos ni más ni menos, sino en la medida justa y equilibrada. El enfoque aquí no es sobrevalorarnos o no, sino que el Ego se convierta en un motivante fuerte y desequilibrado para hacer lo que hacemos. El egoísmo, orgullo y la vanidad pueden llegar a controlarnos tanto que nos pueden hacer caer de la cuerda. Nos hacen tambalear en nuestras relaciones.

“Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación”

Romanos 12:3

Cuando “filtré” mi vida a través del análisis de éstos cuatro aspectos en ella, me dí cuenta de fallas muy específicas que debía reparar para equilibrar mi vida. Lo mejor fue que mi ser interior se liberó de muchas cosas en el proceso. Pude comprender el por qué de muchas de las actitudes, reacciones y decisiones que me han robado tranquilidad en algunos de los días en los que sentía que mi vida perdía su brillo.

Que lindo recordar siempre que cuando sentimos que nos vamos a caer porque hemos perdido el equilibrio, podemos tomarnos de la mano del Señor y continuar Caminando.

¡Camina conmigo!

Te invito a seguir mi blog “CAMINANDO”, es un blog que he empezado recientemente con meditaciones sobre vida diaria. Son lecturas ligeras para mujeres.

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