VÍSTETE CON HUMILDAD

Por Mayra Gris

Vestíos pues, como escogidos de Dios,

santos y amados… de humildad.

Colosenses 3:12

En los campamentos de verano una de de las actividades más emocionantes era la noche del banquete. Usábamos nuestro mejor vestido y tratábamos de mostrar impecables modales a la mesa en compañía de nuestra “pareja”.

Recuerdo que en uno de ellos aprendimos la parábola del rey que hace un banquete para sus importantes invitados y éstos no asisten. Entonces el rey invita a la gente más sencilla y pobre del reino, y éstos si acuden gustosamente. Aquella noche de campamento, todos nos vestimos con ropa rota y vieja recordando a aquellas humildes personas. Curiosamente, nuestra vestimenta nos hizo sentir confiados y menos tensos.

Aunque humildad no es lo mismo que pobreza, en ocasiones, el materialismo y las apariencias influyen de manera negativa en nuestras actitudes. Es más fácil ser humildes y naturales cuando el enfoque no está en lo material. A veces usar vestimentas ostentosas puede hacernos perder esta hermosa cualidad.

¿A cuál de éstos dos tipos de invitados te pareces? Unos fueron arrogantes, no tuvieron tiempo en sus apretadas agendas para responder a la invitación del rey. Otros se vistieron de humildad y se regocijaron con sencillez de corazón.

Humildad es recibir la alabanza y pasarla a Dios sin tocarla.

 

Copiado de:

TALI, 365 gotas de rocío para chicas.

Junio 7

Ediciones Las Américas.