NO SUFRAS POR EL RECHAZO.

No lo tomes personal. No sufras por el rechazo.

Por Mayra Gris.

He vivido experiencias de rechazo desde la infancia, adolescencia, juventud y aún en mi edad adulta.

En diferentes tiempos y en los diversos medios en los que en la vida me ha tocado estar, curiosamente, me han rechazado por cosas opuestas. Ha sido hasta divertido observar como personas de clase social alta me han rechazado por suponerme no estar a su altura y personas de escasos recursos también lo han hecho en alguna ocasión por suponerme próspera o diferente. En algún medio religioso, si no participaba con entusiasmo, me criticaban por ser introvertida; si buscaba participar para desarrollar mis dones, entonces me criticaban por «querer llamar la atención». Cuando algunos me han rechazado «por mis traumas», otras lo han hecho por verme plena.

Hoy me doy cuenta de que «no era yo», eran ellos. Muchas cosas eran relativas, otras simples puntos de vista o impresiones que no necesariamente me definían a mí ni a mi realidad.

«Pero el Señor endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel»

Éxodo 10:20

La Biblia nos cuenta del Faraón que rechazó al pueblo judío por ser judíos, por tener un Dios, por desear libertad; pero si lo vemos de una manera mas profunda, Dios puso en él esos sentimientos, Él endureció el corazón de faraón, ¿por qué o para qué? para que se cumpliera Su propósito, para que se cumpliera un plan preestablecido.

«Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane»

Juan 14:20

Jesús fue rechazado por su pueblo, fue entregado a la muerte de cruz, Dios endureció los corazones del pueblo, de gobernantes, de los fariseos ¿por qué y para que? para que se cumpliera el plan, para que se cumplieran las profecías.

Así que yo no responsabilizo de manera total a las personas. Aunque en el momento sufrí, hoy celebro el rechazo de algún amor juvenil, porque no «era por ahí»; el plan de Dios era diferente, soy feliz con mi esposo y tal vez ya estábamos predestinados, no lo sé, pero Dios sabía que no iba a ser feliz con la otra persona.

Así que del que quiere tiene misericordia, y al que quiere endurece.

Romanos 9:18

Ciertamente tampoco podemos generalizar. A veces, somos rechazados por nuestras malas actitudes, nuestro descuido o falta de sensibilidad para tratar a las personas. Nos lo hemos ganado con nuestra indiferencia, rudeza o egocentrismo; con nuestra prepotencia o incapacidad para conectar con ellos. Pero otras veces nos hemos dado desinteresadamente, hemos ofrecido nuestra amistad, nuestro tiempo, nuestras cosas materiales o incluso nuestro amor a personas que tal vez no lo merecían. Pero estoy segura que hay algunos casos en los que Dios mismo ha sido el que ha endurecido el corazón de esa persona para guiarnos en otra dirección.

Si sufres por algún rechazo, no lo tomes personal, tal vez es Dios quien puso eso en la o las personas para guiarte en otra dirección. Dios lo hace para protegerte. Si en mis llantos pasados hubiera podido ver mi vida en el futuro, no hubiera llorado, hubiera dado gracias a Dios por librarme de alguna tristeza mayor, un matrimonio fracasado, una vida de pobreza o un ambiente tóxico.

Sé que no es para nada lindo lo que puedas estar sintiendo, pero créeme, no eres tú. Confía en que Dios quiere lo mejor para ti. Deléitate en Él y el concederá todas las peticiones de tu corazón. Te dará algo o alguien mejor, y puedo asegurarte que es mejor de lo que tu jamás hayas podido imaginar.

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PARECE QUE FUÉ UN SUEÑO.

Todo es hermoso en su tiempo.

Por Mayra Gris.

Hace casi 30 años vivíamos en un departamento ideal para recién casados, le decíamos «la casita». Era perfecto para nosotros. Nos despertábamos tarde los sábados y en ocasiones, había partido de los Chicago Bulls justo a la hora en que mi esposo regresaba del trabajo para cenar. Así que saboreábamos nuestra cena frente al televisor de la recámara deleitándonos con las jugadas de Michael Jordan, Scottie Pippen y los demás. 

Más tarde llegaron los tiempos de criar a nuestras bebés. Dos preciosas princesas que Dios nos permitió cargar, cambiar pañales, peinar. También hicimos castillos de arena en la playa y las levamos a la escuela. Hubo noches en vela cuando se enfermaban de tos o anginas y su temperatura corporal se elevaba. Días y días con la tarea interminable de recoger juguetes regados por el cuarto, intentando encontrar un lugar para cada cosa. Después las clases por la tarde. Clase de música, de ballet, o la natación. Preparar comidas, «lunches», uniformes y maletas. Fines de semana con tanta actividad de la iglesia que solo llegábamos a dormir a casa . Por algunos años instituimos el «viernes de familia», un día intocable para otras actividades que no fuera estar juntos. Ibamos al cine, a comer pizza o a Applebee´s. Entre semana nos pasábamos la tarde-noche metidos en el gym, donde nos bañábamos y nos poníamos de una vez la pijama para llegar a casa, cenar algo ligero y descansar. Días de conciertos y presentaciones nos hacían sentir muy orgullosos padres gozando los talentos de nuestras chicas. Repentinamente este tiempo tuvo algunos cambios. Mi hija mayor se casó muy jovencita y tuvo que irse de casa. Mi tristeza al separarme de ella fue reemplazada por un gozo callado dentro de mi corazón al darme cuenta de la felicidad que su matrimonio le trajo. Sigo gozándome mirando su sonrisa. Y Dios nos dio a un hijo en su esposo. Ahora sin él nos sentiríamos incompletos. La vida da muchas vueltas y giros extraños. Ya hace medio año que tuvimos que dejar nuestro hogar y mudarnos a otra ciudad lejos de nuestros amados hijos. 

Hoy podemos levantarnos un poquito mas tarde los sábados como solíamos hacerlo, y entre semana, cuando mi esposo llega en la tarde-noche para cenar, vemos algo en YouTube como al principio. Y todo aquello que vivimos con ellas, me parece como un sueño. Un sueño del que he despertado y no quedan más que los recuerdos. Atesoro cada segundo de la vida que Dios nos permitió vivir en aquellas etapas. Y en mi corazón digo como alguien dijo: «Sé que cuando el libro de mi vida se cierre, mis hijas serán el capítulo mas bello».

Escribo esto para ti que tienes hijos pequeños y tal vez en ocasiones te llegas a sentir cansada y agobiada. Toma aliento. Esa etapa pasará y vendrán otras. Otras en las que ya no habrá ningún juguete tirado en el suelo, ni esas vocecitas llorando, cantando y hablando sin parar. El tiempo vuela pero «Todo es hermoso en su tiempo».

«Sé que cuando el libro de mi vida se cierre,

mis hijas serán el capítulo mas bello»

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UNA NOTA RECONFORTANTE.

UNA NOTA MUY ESPECIAL

Por Mayra Gris de Luna.

Hace unos días, reorganizando mi «caja de recuerdos», me detuve a contemplar uno de mis apreciados tesoros. Es la Biblia de mi mamá. Al contemplar sus partes subrayadas, los recuerdos entre sus páginas, y sus notas, me sigo dando cuenta de la fe en Dios que mi mamá tenía. Eso me llena de gozo y paz.

Encontré también una nota que yo copié de algún lado hace mas o menos veinte años. Recuerdo que las palabras me confortaron grandemente en aquellos años al enfrentar algunas pruebas como el accidente de mi hermano. Cayó de la ventana del segundo piso y tuvo varias fracturas a la edad de 4 años. Me afligía sobremanera el pensar que no pudiera volver a caminar. Tuvo complicaciones porque era alérgico a la penicilina y no lo sabíamos. Recuerdo cuando llorando, oraba hincada por las noches rogando a Dios por él. Ahí experimenté por vez primera la diferencia entre clamar y orar. Clamar es pedir con todas tus fuerzas. Cuando uno se encuentra en la desesperación y reconoce que únicamente Dios tiene el poder para cambiar las cosas. Y entonces uno le pide y aún más, le suplica.

Aquel año también perdí un bebé en las primeras semanas del embarazo. Tuvieron que hacerme un legrado. Para mí fue una pérdida dolorosa, pero sobre todo tenía temor de no poder tener hijos. También oraba al Señor que en el futuro nos bendijera con una familia.

Un par de semanas después de eso, tuvimos un accidente mi esposo y yo. Un auto proveniente del lado contrario del boulevard literalmente nos cayó encima. Dios nos libró a mi esposo y a mi. El auto salió tan dañado que no pudimos usarlo en varios meses. Mi esposo entonces tenía que regresar del trabajo en el camión, que a esa hora solía venir muy lleno. Una tarde, al llegar a casa, se dio cuenta que le habían robado el sobre con  su sueldo de un mes.  Afortunadamente nuestras familias nos apoyaron con despensa y comida. Recuerdo que mi cuñado criaba pollos y un día mató uno y me lo díó para que lo cocinara. 🙂

En aquellos tiempos no teníamos internet, ni powerpoints motivacionales, y yo recuerdo que leía mi Biblia y también sacaba mi hojita, la leía y me sentía reconfortada.

Ahora estoy segura de que Dios escuchó mis oraciones. Mi hermano sanó. Tuve dos hijas. Dios ha provisto siempre para nuestras necesidades.

Cinco años después murió mi mamá, y al año siguiente mi papá. Volví a mi búsqueda ferviente de palabras de aliento de la Palabra de Dios, volví al clamor en oración y también leía mi hojita.  Desde ahí  se quedó guardada entre las páginas de  la Biblia de mi mamá.

Ahora que la encontré, tal vez no solamente me sirva a mí.

La nota dice así:

«No hay nada: ninguna circunstancia, ningún problema, ninguna prueba que pueda alcanzarme sin haber pasado antes a través de Dios, y a través de Cristo y luego a mi.

Si ha llegado tan lejos, ha sido con un gran propósito, que quizás no entienda en el momento. Pero si rehúso a caer en el pánico, y elevo la mirada hacia El y la recibo como viniendo del trono de Dios para un gran propósito de bendición en mi propio corazón, ningún dolor puede perturbarme, ninguna prueba puede destrozarme, ninguna circunstancia puede aterrarme, porque descanso en el gozo de mi Señor.

Ese es el descanso de la victoria.

Desde el punto de vista de Dios, las pruebas por las que atravesamos no son tan importantes como las reacciones que tenemos ante ellas».

EL DESCANSO DE LA VICTORIA.

La oración,

la lectura de la Biblia

y las palabras de aliento de otras personas

pueden reconfortar nuestro espíritu 

cuando enfrentamos momentos muy difíciles

en nuestra vida.

DI ADIOS A LA INSEGURIDAD CON ESTA ORACIÓN.

Una oración que puede cambiar tu vida.

Por Beth Moore.

«Y estamos seguros de que Dios nos oye cada vez que le pedimos algo que le agrada.

Y, como sabemos que él nos oye cuando le hacemos nuestras peticiones, también sabemos que nos dará lo que le pedimos».

1 Juan 5:14-15

En ésta confianza, puedes hacer tuyas éstas palabras y leerlas en voz alta. Ora, y al hacerlo, deja que Dios tenga completo acceso a tu alma.

Querido Dios:

Vengo a ti en este momento porque necesito algunas cosas que sólo tú puedes darme. Necesito restauración, Señor.

Necesito recuperar mi dignidad. Sólo tú sabes cuánto me ha costado la inseguridad, qué problemas- incluso tormentos- me ha causado. Tú estás íntimamente familiarizado con cada una de las veces en que la inseguridad me ha perjudicado. Tú sabes cuánto he luchado para seguir en el juego, pero también sabes que, al final, he sido derrotada. Estoy harta de fingir. Estoy harta de enojarme. Desesperadamente necesito y quiero ser liberada de mi inseguridad crónica. Estoy preparada para descubrir qué significa ser verdaderamente segura. Estoy dispuesta a hacer lo que haga falta para ser libre y para permitirme que, a través de mi, hagas lo que yo o puedo hacer por mí misma. Tu eres el Creador Todopoderoso, el gran Tejedor de todas las almas humanas. Sólo tu sabes cómo estamos hechas y quienes hemos de ser. No estoy pidiéndote nada que no estés dispuesto a darme. Tú no me has defraudado. Yo me he defraudado a mí misma y he permitido que mi cultura me subestime.

Sabes cómo estoy formada. Conoces lo que me motiva. Sabes qué hace que me cierre. Sabes cómo me domina el miedo y lo cansada que estoy de rendirme ante él. Señor, en lo más recóndito de mi tengo mucho miedo de…

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Libérame, Señor. Tú no me has dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y una mente sana. Eso es lo que dice la Biblia. Hoy reclamo como míos cada uno de esos rasgos invalorables. Tu deseo para mi es que sea libre de toda motivación enfermiza. Muéstrame cualquier área de mi vida en la que se encuentren arraigadas y dame el valor necesario para no sucumbir a ellas. Tú conoces los rincones más profundos de mi corazón y de mi mente. No necesito esconderte nada, ni actuar como si fuera más fuerte o más organizada de lo que soy. Ayúdame a venir ante ti con total transparencia y concédeme la confianza sobrenatural de que contigo estoy segura y de que me amas. No tengo que mostrar sentimientos que no poseo, ni agachar la cabeza, derrotada y avergonzada. Por tu gracia, puedo venir a ti tal como soy. Así es como me describiría ante Ti en este momento:

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Pero tú, Señor, me conoces mejor que yo misma. Sabes por qué pienso lo que pienso y por qué me siento así. Tu conoces todos mis pensamientos, todas mis desilusiones. Sabes cada cosa fea o ridícula que he dicho o he hecho por inseguridad. Tú ves cada fisura que tengo en el alma, y ves más allá del punto de mi fracaso, hasta lo profundo de mi necesidad. Concédeme comprender los patrones de comportamiento que he desarrollado y dame respuestas que me sanen. Haz que no le tenga miedo a nada que pueda ver en mi, a la luz que tú das. Ayúdame a confiar que solamente derramas luz donde estás dispuesto a sanar.

Dios, tú conoces la complejidad de mi alma y sabes que, la mayor parte del tiempo, no puedo entenderme ni siquiera a mí misma. Sabes que oscilo como un péndulo vertiginoso entre el autodesprecio y la propia exaltación. A medida que comienzo esta plegaria de restauración, te pido, Señor, que me ayudes a hacerme responsable de la inseguridad que yo me generé. De la que soy culpable. De mi propio pecado. Soy muy consciente de que he provocado parte de mi propia miseria. Muchísimas veces he tratado de convertirme en una especie de dios y no ha servido de nada. Nunca servirá.

Al invitarme a este momento de confesión, tu deseo es mi libertad, no mi autocondenación; así que, con confianza, le doy la bienvenida a la libertad y rechazo la autocondenación. Con estas cosas en mente, escucha mis confesiones:

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Por favor, perdóname por alabarme a mí misma. Por mi incesante pretensión de controlar,  y por mis inútiles intentos de hacer tu trabajo. Perdóname por mi tonto orgullo. Perdóname por alimentar mi ego hasta el punto de que todo lo que lo roza, lo magulla. Perdóname por estar miserablemente concentrada en mi misma. Perdóname por los celos y por la codicia que alimentan mi inseguridad.

Perdóname por transformar tantas cosas en una competencia. Por obsesionarme tanto con lo que no tengo que descuido los dones que me has dado, haciéndolos mucho menos efectivos de lo que planeaste que fueran. Perdóname por considerar tan poca cosa a la persona que me hiciste. Perdóname por cometer el flagrante pecado de despreciarme y considerarme inferior a los demás. De igual manera, perdóname por cada vez que ha suspirado aliviada al pensar que podía ser superior a otros.

Perdóname por mi incredulidad. Si yo me diera cuenta de lo valiosa que soy, mi insaciable necesidad de aprobación se calmaría. 

Perdóname por ser tan perfeccionista que me resisto a hacer algo bueno por miedo a que no sea espectacular. Perdóname por la excesiva autoprotección que sólo ha logrado encarcelarme. Perdóname también por…

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En este momento, recibo tu perdón generoso y tu completa limpieza y, en tu nombre, rechazo toda la vergüenza que ha resultado de la inseguridad que me causé a mi misma. De ahora en adelante, Señor, y cada día del resto de mi vida, aumenta mi convicción hasta que sea instantáneamente consciente de cuándo estoy causándome inseguridad.

Ayúdame a reconocer toda forma de orgullo o incredulidad, y a rechazarlas inmediatamente.

Ahora, Señor, te pido que arranques las raíces de inseguridad que yo no planté, y que traigas la sanidad y la restauración. Tú conoces cada uno de los lugares en los cuales la inestabilidad ha tocado mi vida. Tú recuerdas detalles que mi memoria borró hace mucho tiempo, pero que todavía me ocasionan inseguridad. Tú sabes qué fue lo primero que me causó miedo y me llevó a creer que no podía confiar en nadie ni en nada, y que a creer que estoy sola aquí en este mundo inseguro. Tú conoces el origen racional de cada miedo irracional. Tú sabes que he desarrollado un sistema de creencias basado en las debilidades humanas, en lugar de basarlo en la roca de tu persona.

Tú estuviste conmigo en cada momento, aun cuando yo sentía que no había nadie que me cuidara. Te doy todo mi corazón. Toca cada lugar roto y herido con tu mano de sanidad.

Señor, dame el poder de perdonar a los que me han decepcionado, a quienes no me protegieron, o me causaron alguna herida. Ayúdame a verlos como son, personas necesitadas y destrozadas. Señor, donde todavía haya vida y oportunidad, trae sanidad a esas relaciones. Ayúdame a entender lo grave de esta coyuntura: que si no busco sanidad y plenitud, acabaré perpetuando el ciclo nocivo. Rompe el ciclo conmigo, oh Señor. Rompe el ciclo conmigo.

Señor, ven y trata mi corazón y mi alma en el lugar donde fueron afectados por una pérdida. Nadie en este mundo puede comprender como tú la pérdida de algo precioso. Conoces el dolor. Tú conoces el vacío insoportable que viene con la pérdida. Reconoces mi intento por llenar el vacío con cosas que nunca son suficientes. Tu sabes cómo me asustan mis sentimientos y de qué manera el enemigo de mi alma quiere hacerme creer que nunca estaré bien. Descubre su mentira, Señor. No lo dejes ganar. No dejes que la pérdida me gane. Sé mi triunfo, Señor. Llena mi vida de propósito y compasión. Sé mi fortaleza en la debilidad.

Concédeme el regalo de un duelo sano que no reprima el dolor ni el proceso de sanidad. Señor, por favor ayúdame a ver en qué he sufrido una pérdida importante que no he tomado en cuenta. 

Si he perdido la inocencia, dame integridad.

Si he perdido una relación, concédeme una verdadera intimidad.

Si he perdido mi hogar, concédeme un inquebrantable sentido interno de pertenencia.

Si he considerado a otra persona responsable de mi pérdida, dame la capacidad de perdonar.

No te detengas hasta haber hecho un milagro en mi.

Señor, ayúdame a aprender cómo aferrarme fuertemente a ti cuando mi vida se vea sacudida por un cambio dramático. Dame poder para confiar en ti y no entrar en pánico, ni pelear por retener el control. Ayúdame a dejar de interpretar un cambio en mis circunstancias como un atentado en mi nivel de seguridad. 

Tú eres mi seguridad, oh Dios, Tú eres lo único seguro.

Cuando todo se conmociona alrededor de mi, tú permaneces inalterable. 

Tú sabías qué estabas haciendo cuando me formaste en el vientre de mi madre. No hay nada que no tenga un propósito. Nada se ha salido del plan. Cada don, cada desafío y cada obstáculo han sido puestos para formar el destino específico que tu predestinaste para mi antes del comienzo de los tiempos.

Señor, si he caído en la egolatría y el egocentrismo, ayúdame a reconocer mi narcisismo y a no tolerarlo más. 

Sobre todas las cosas, por favor no permitas que se diga que yo me amo demasiado como para no poder amar a ninguna otra persona mas. 

Ayúdame a ver dónde insisto en hacer que toda la situación gire alrededor de mi. Realmente quiero cambiar. Ayúdame a dejar de decir «Yo soy así» y recuérdame que, contigo, soy capaz de una transformación tremenda.

Libérame de mi inseguridad en mis relaciones. Ayúdame a dejar de ser herida con tanta facilidad, pero guárdame de volverme dura. Ayúdame a darme cuenta de que no tiene sentido exigir a los demás que me amen más o de mejor manera. El cariño verdadero no puede ser forzado. No puedo poner a otro ser humano a cargo de mi seguridad. Ayúdame a dejar de usar como espejo a determinada persona y a empezar a verme como solamente tú me ves.

Te doy gracias por todo lo que has hecho para traerme hasta aquí y por el plan que tienes por delante para mi.

Señor, llego al meollo de mi petición: por favor devuelve a mi alma todo lo que la inseguridad me ha robado. Cúbreme con tu mano. Revísteme de fortaleza y dignidad. Transforma lo que me impulsa.

Mitiga lo que me hace estallar.

Hazme una mujer valiente en esta cultura materialista.

Hazme una mujer que se niegue a ser rebajada y definida por los medios de comunicación.

Ayúdame a tomar decisiones conscientes en cuanto a si lo que me están vendiendo tiene valor o no. Dame el discernimiento para llaman mentira a la mentira.

Transfórmame en la clase de mujer que una jovencita podría imitar como modelo de dignidad y seguridad.

Hoy (fecha)_____ , recupero mi dignidad. Nada ni nadie puede quitármela, porque Tu eres quien me la da. Ayúdame a comprender que he perdido mi dignidad sólo porque yo renuncié a ella. Dame el poder para recuperarla y aferrarme a ella con toda mi fuerza. 

Pongo en ti mi confianza.

En el nombre salvador y liberador de Jesús,

Amén.

TU ERESOración incluída en el libro: «Hasta luego, inseguridad»

Beth Moore

Tyndale House Publishers, Inc.

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