ORACION DE UNA MADRE.

“Yo busqué…

pero definitivamente no encontré ningún manual de instrucciones anexo a mis hijos cuando nacieron.

Y no me ha llegado ningún manual por correo tampoco.

Señor, enséñame a ser una buena madre;

a corregirlos sin menosprecio,

a ayudarles sin hacerlos inútiles,

a escucharlos sin burlar o criticar,

a estrecharlos, sin asfixiarlos

y a amarlos sin límite como Tu me amas”.

                                                             de Susan L. Lenzkes

                                        Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

EL HIJO “OASIS” Y EL HIJO “MAESTRO”.

“En toda familia conformada por dos o más hijos, siempre hay un hijo al que llamo “oasis” y un hijo al que llamo “maestro”.

El “oasis “es ese hijo o hija que casi se autoforma y se auto educa, a veces parece que ya nació formado y educado. ¡Es tan fácil ser padre de ese hijo!, es responsable, no da problemas y la relación con él o ella fluye fácilmente.

El hijo “maestro”, en cambio, nos voltea al revés, es el que nos hace madurar, aprender y crecer, el que nos hace leer libros, ir a cursos y conferencias para encontrar la forma de lidiar con él, nos hace volver los ojos al cielo en busca de ayuda y con ello nos acerca a Dios y nos hace depender más de Él.

Tal vez te suene descabellado, pero revisa con todo detenimiento lo que ese hijo “maestro” te ha “obligado” a aprender y buscar; las búsquedas siempre conducen a algo bueno. Con los hijos difíciles tenemos la mejor oportunidad de aprender, entre muchas cosas, EL AMOR INCONDICIONAL.

No significa que los demás hijos no nos ayuden a aprender y a crecer, ellos lo hacen de diferente manera, por otros caminos; tampoco significa necesariamente que el hijo “oasis” será el más sano, exitoso y feliz, y que el hijo “maestro” será el enfermo, fracasado y desadaptado; TE SORPRENDERÁ SABER QUE, CON FRECUENCIA, EL HIJO DIFÍCIL ES EL MÁS SANO DE LA FAMILIA”.

Martha Alicia Chávez.