LA FE NOS LEVANTA CUANDO NUESTRO MUNDO SE DESPLOMA.

Por Karol Ladd

Nuestra fe en Dios es el ancla que nos mantiene firmes a través de las tormentas de la vida. Nos recuerda que hay un panorama eterno y que esta vida que podemos sentir y tocar es temporal. En la introducción de su libro “Tramp for the Lord” (Vagabunda de Dios), Corrie Ten Boom cita un poema de un autor anónimo que habla de una fe sólida en medio de un mundo incierto. Ella presenta el poema diciendo: “La fe es como un radar que puede penetrar la niebla; que puede ver la realidad de las cosas a una distancia que el ojo humano no puede”. Este es el verso:

Mi vida no es sino un tejido que estamos haciendo Dios y yo,

Yo no escojo los colores, y El trabaja sin descanso,

A menudo Él teje dolor, y yo soberbia insensata,

Me olvido de que Él ve el anverso y yo el reverso.

No va a ser sino hasta que el telar esté en silencio y las lanzaderas dejen de volar,

Que Dios desenrollará la tela y explicará los porqués.

Los hilos oscuros son tan necesarios en la talentosa mano del Tejedor,

Como los hilos de oro y plata en el patrón que ha diseñado.

¡Ah la belleza y la bendición de confiar en nuestro Padre celestial quien conoce el principio y el final! 

Él ve todo el panorama, nosotras solo vemos este lado.

Cuando las tormentas de la vida sacuden nuestro bote, nuestra fe en Dios nos permite descansar todo nuestro peso en sus seguros brazos amorosos.

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VE CON LOS OJOS DE LA FE.

La fe es confiar en lo que el ojo no puede ver.

Los ojos ven al león que acecha. La fe ve al ángel de Daniel.

Los ojos ven tormentas. La fe ve el arco iris de Noé.

Los ojos ven gigantes. La fe ve a Canaán.

Tus ojos ven tus faltas. Tu fe ve a tu Salvador.

Tus ojos ven tu culpa. Tu fe ve Su sangre.

Tus ojos ven tu tumba. Tu fe ve una ciudad celestial cuyo constructor y creador es Dios.

Tus ojos miran al espejo y ven un pecador, un fracaso, un quebrantador de promesas.

Pero por fe miras al espejo y te ves como pródigo elegantemente vestido llevando en tu dedo el anillo de la gracia y en tu rostro el beso de tu Padre.

 

El poder de Dios es muy grande para los que creen.

“Ese poder es como la acción de su fuerza poderosa,

Que ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos”.

Efesios 1:19-20, NVI

Tomado del libro: “Cuando Dios susurra tu nombre”

de Max Lucado, Grupo Nelson

DE PERSONA A PERSONA.

Por Mayra Gris de Luna.

Las personas nos comunicamos. Somos seres sociables. Dicen los expertos que es imposible no comunicar, pues hasta nuestro silencio expresa algo. De persona a persona se han perpetuado tradiciones, leyendas, mitos, rituales, canciones, recetas de cocina, creencias, oficios y hasta chismes.

Con los medios de comunicación modernos podemos estar enterados de lo que pasa en cualquier parte del planeta aún en el mismo instante en que ocurre. Podemos considerar, por mencionar un ejemplo, la inauguración de los Juegos Olímpicos o del Mundial de Fútbol para sorprendernos de la manera en que en la era moderna se puede mantener casi  al planeta entero unido en una misma sintonía mediante su transmisión simultánea por television.  Desde hace algun tiempo, el robot “Curiosity” ha estado transmitiendo fotografías en alta definición de los paisajes en el planeta Marte. Es impresionante el poder de comunicar que el ser humano ha logrado en la era moderna.

Si nuestro omnisciente Dios lo hubiera querido, habría podido enviar a Su Hijo Jesucristo unos dos mil años mas tarde. Jesús habría podido llevar a cabo su misión de salvar a todo aquel que crea en El en el 2017 o en el 3000. Habríamos podido subir “El Sermón del Monte” a youtube. Podríamos enviar  el video del “Padre Nuestro” a todos nuestros contactos en WhatsApp.

Todo el proceso de su pasión y muerte habría sido televisado simultaneamente o transmitido por Facebook Live y los ojos de toda la humanidad habrían podido constatar Su sufrimiento.

El domingo de resurrección, ya los periódicos de la tarde y los sitios más populares en internet traerían la noticia con todo y las fotografías HD de la tumba vacía.

Las cámaras instaladas afuera del sepulcro demostrarían que nadie robó su cuerpo, y hasta probablemente registrarían el momento en que la piedra se removió de su lugar.

Alguien habría podido sacar rápidamente su celular para grabar el momento en que ascendió al cielo y enviarlo a su twitter.

Nuestros ojos y los ojos de la humanidad entera habrían podido ser testigos de Su amor, y de Su poder. ¿Quién podría no creer que éra el Hijo de Dios ante tal evidencia? ¿Quién dudaría de Su amor al contemplar su sufrimiento?

Sin embargo, Dios no lo quiso así. Jesucristo escogió solo a 12 personas para comunicar su mensaje. Escogió a un solo pueblo: los judíos, para predicar y sanar milagrosamente. Murió a la vista de muy pocos. Resucitó cuando nadie se dió cuenta. Ascendió a la vista de unos cuantos a quienes les dijo: “Id y predicad el evangelio a toda criatura”.

¡Y funcionó! El poder de la comunicación de persona a persona dió resultado. La prueba es que hoy, en cualquier lugar del mundo hay creyentes y seguidores de Cristo, que sabemos que hubo un acontecimiento tan cierto que dividió la historia en antes de Cristo y después de Él.

La palabra escrita e inspirada: la Biblia, ha sido el medio santo y eterno por el cual se nos ha explicado el mensaje de salvación.

El mensajero: Esa persona que en algún momento de nuestra vida nos comunica nuestra necesidad de salvación y cómo encontrarla.

¿Por qué Dios quiso que fuera de ésta manera?

Porque la salvación es por FE.

Fe es creer lo que no podemos ver. No se necesitaría fe para creer en un video que podemos bajar de internet. No necesitariamos fe para creer que derramó su sangre si las fotografías de su sufrimiento estuvieran a nuestro alcance.

“Pero ¿como sabrán si no hay quien les predique?” dice la misma Biblia.  Es responsabilidad de cada persona que ha recibido el mensaje ser eslabón en la cadena y  transmitirlo a los demás…de persona a persona.

En eso consiste nuestra gran comisión, no lo olvidemos.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16

¿Qué persona viene a tu mente como la candidata perfecta para

comunicarle el mensaje?

Hazlo pronto. Su regreso está cerca.