Ingrediente básico para amistades largas.

¿Sabes cuál es la palabra más importante en una amistad? 
La palabra ACEPTACIÓN.

A través del tiempo he tenido amigas y amistades largas. También amistades que en un tiempo fueron muy cercanas, pero terminaron. Extraño mucho a algunas de ellas.

Al pensar un poco en las amistades que han perdurado, he llegado a la conclusión de que mis buenas amigas lo son porque me aceptan como soy. No están conmigo porque yo sea una buena persona, o una amiga fiel o porque les dé regalos. Nada de eso, porque yo se que muchas veces les he fallado y en muchas ocasiones no les he correspondido con reciprocidad. Están ahí para mi, simplemente porque han decidido ser mis amigas a pesar de cómo soy. Por eso las valoro más y estoy aprendiendo a cuidarlas mejor. 
En el pasado, cuando trataba de cuidar alguna amistad, en ocasiones me afligía pensando: -«tarde o temprano haré o diré algo que no le guste, tarde o temprano va a conocer mis defectos y se irá». Aprendí que tenemos la tendencia de tratar de agradar precisamente a las personas difíciles de agradar. A las personas lindas y fáciles de tratar las sentimos seguras; inconscientemente actuamos como si no necesitáramos esforzarnos por conservarlas. Nos enfocamos en tratar de complacer a personas imposibles de complacer, y sí, efectivamente a ese tipo de personas tarde o temprano las vamos a perder. Y creo que lamentablemente es lo mejor.

Las personas que nos aceptan son mas sanas, empaticas y desinteresadas. No compiten con nosotros ni nos envidian. Son las amistades más parecidas a las que teníamos cuando niñas. Simplemente jugábamos juntas y disfrutábamos esos momentos. Y aun cuando a veces nos llegábamos a “jalar los pelos”, al otro día nos encontrábamos y continuábamos jugando. 
Yo también quiero aceptar a mis amigas como ellas son. Quiero enfocarme en su lado bueno y no exigir perfección. Pensamos que «un amigo es quien nunca falla» eso es un mito. Siempre fallamos y nos fallan. Las amistades que perduran están dispuestas a permanecer unidas a pesar de fallar alguna vez. 

Amistad

LA PELÍCULA DE TU VIDA. De César Lozano.

Tomado de: “Destellos”, de César Lozano

Editorial Aguilar.

Hace algunos días, después de disfrutar una película en el cine, y algo inspirado por la trama de la misma, llegué a la conclusión de que la vida de cada uno es como una película.

El argumento, el guión, lo construimos según el estilo que cada quién adopta.

Podemos hacer un drama, una comedia, un documental histórico, cine de aventura, terror o romance. También podemos escoger la clasificación: A, digna de ser vista por toda la familia; B para adolescentes y adultos, o de plano C, para adultos con amplio criterio, y no hablo de otras clasificaciones porque entonces ya sólo sería accesible a muy pocos espectadores.

¿Quién es el actor o la actriz principal en la película de tu vida? En la mía, yo. Estoy seguro de que en tu película eres el o la protagonista. En la película de mi vida, por ejemplo, las primeras actrices son mi esposa y mi hija; los primeros actores son mi hijo y mi padre. Hay muchos actores de reparto: mis hermanos, mis mejores amigos, mis compañeros de trabajo. Hay actores invitados, que en algunas secuencias tuvieron un papel importante, aunque temporal.

¡Claro que en mi película también hay villanos! Si no fuera así, imagínate qué aburrida. Los antagonistas tienen la misión de hacernos la vida difícil, de ponernos piedras en el camino, de hacer hasta lo imposible para que fracasemos, pero también son quienes dan ritmo y acción a la historia. En toda película siempre habrá un villano: ¡hasta las de Disney los tienen”

Desde luego hay películas con mala producción, cuyo reparto está formado por actores sin ambición, que hacen de su película un producto mediocre, actores que no desempeñan bien su papel, o que prefieren no actuar por temor a fracasar en la vida; no se arriesgan, no escogen bien el argumento, y se conforman con ser del montón.

Cada quien es libre de elegir el argumento y el personaje que desempeñará en su película, el tipo de producción y la clasificación que le corresponde. ¿Cómo es la película de tu vida? Revisemos algunos géneros, elige tu favorito.

Drama.

Transcurre en un mar de lágrimas, el protagonista es agobiada por las preocupaciones que, la mayoría de las veces, no tienen razón de existir. Piensa que nadie lo quiere, que vive entre villanos que sólo buscan generarle sufrimiento. Experimenta vívidamente enfermedades que no padece, carece de ánimo, de sueños, de proyectos. Se queja interminablemente de todo y de todos. Vive un “dramón” permanente, hora tras hora, día tras día.

Comedia.

El protagonista no se toma la vida muy en serio. La trama está llena de buenos momentos generados por la actitud optimista del personaje, que imprime un toque de buen humor a todo lo que hace. El resto del reparto, y los espectadores, ven al personaje con simpatía. Sabe reír y hace que los demás rían, motiva a que los demás sean felices y hagan mejor lo que emprendan.

Romance.

El protagonista es equilibrado y congruente en todos los aspectos de su vida. La historia se desarrolla en un ambiente romántico que da cabida a una actriz principal. Todo gira en torno al amor de pareja. El personaje vive y respira inspirado por los seres que ama: esposa, novia, padres, hijos, hermanos, amigos y compañeros de trabajo. Eso le da interés a la historia, y los personajes son más felices conforme avanzan las secuencias.

Aventura.

Para protagonizar una película de aventura se necesita ser un actor intrépido que no teme a los retos sino que, por el contrario, los acepta y sabe salir airoso de todas las dificultades y peligros. Eso es lo que se necesita para hacer de la vida una gran aventura; maravillosa porque en cada situación el personaje encontrará la salida, luchará por conseguir lo que desea, se esforzará para alcanzar sus metas, derrotará a los villanos que lo enfrenten disfrazados de vicios, porque en síntesis, es un triunfador.

Terror.

No elijas este tipo de guión, ni cono protagonista ni como reparto. Cuando tu mente se sienta tentada por un libreto plagado de situaciones que causen terror, ¡recházalo! No actúes, a nadie le gustaré verte. El terror, ya sea físico o psicológico, es terrible. Ser sometido o someter a alguien a situaciones desagradables y de violencia es vivir el tormento de un infierno. El maltrato, ya sea de palabra o de hechos, ocasiona ansiedad, miedo, tristeza y es denigrante para quien lo ejerce y depresivo para quien lo sufre. Definitivamente, un libreto así solo tiene un lugar: la basura.

Documental histórico.

En ese tipo de película la vida del protagonista se sustenta de los éxitos pasados. Vive añorando etapas de su vida que si en un tiempo le fueron venturosas, no regresarán; ya pasaron. Prefiere vivir atado al pasado en lugar de vivir el presente, el ahora. Se aferra al recuerdo de quienes se fueron para no volver. Son personajes que no avanzan, la historia transcurre lenta, sin ritmo.

También es posible que la película de nuestra vida guarde un sano equilibrio: drama, comedia, romance, aventura, quizá algo de terror sufrido, o de documental por permanecer     atados al pasado; lo importante es lograr que nuestra película sea aceptable, buena, ¡digna de ser nominada a los premios de la Academia! También es necesario lograr que se mantenga en clasificación “A”. Que puedan verla tu familia, hijos, hermanos, amigos, ¡Todos! sin cortes, censura o mutilaciones. Por ello elige con cuidado el argumento. Como protagonistas de la historia, nos corresponde elegir el guión que nos permita desempeñar un papel decoroso, brillante, una actuación digna del “Oscar”, de la admiración de nuestra familia y de los espectadores; es decir de nuestros semejantes.

Actúa en esta maravillosa película de tu vida de tal forma que al final de los días el público te ovacione de pie.

¡ÁNIMO! ¡CÁMARA! ¡ACCIÓN!

 

EL DÍA EN QUE ESTUVE “TÉCNICAMENTE MUERTA”.

Por Mayra Gris de Luna.
¿Me creerías si te digo que alguna vez, por algunos segundos, estuve lo que yo llamo “técnicamente muerta? Permiteme platicar lo que sucedió, para tratar de explicarme mejor:

Me encontraba en la sala de operaciones del hospital. Me estaban practicando una operación cesárea. Era una cirugía programada con mi doctor de confianza, quien me había atendido ya en un procedimiento similar dos años antes, sin ninguna complicación. Así que yo prácticamente “disfrutaba” la experiencia. Me sentía contenta, me sentía confiada, y ahí me encontraba en el quirófano. A mi derecha trabajaba mi Doctor, a mi cabecera el anestesiólogo, algunas enfermeras iban y venían haciendo lo suyo. El doctor acostumbraba poner música suave y de cuando en cuando bromeaba para mantener el ambiente relajado. Realmente disfrutaba su trabajo. Casi cerca del momento en que sacarían a la bebé, todos nos percatamos de que el inadvertido sonido “ti”… “ti”…”ti”… del aparato que monitoreába mi corazón cambió a “tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”. Instintivamente el doctor  puso las dos manos en alto suspendiendo súbitamente su actividad. En un segundo todos se paralizaron a la expectativa de las instrucciones del doctor. Fue algo muy inesperado para mi, pero alcancé a preguntarme -“¿qué pasa?, ¿ya estoy muerta?, no siento dolor”. “Tal vez en un momento mi espíritu dejará mi cuerpo” Casi podía ver con los ojos de mi imaginación cómo mi espíritu se iba elevando,  viendo mi  cuerpo  y a todos alrededor.

Una de las enfermeras a mi izquierda le mostró al doctor que el dispositivo que se encontraba fijado a mi dedo o a mi muñeca, no se en realidad donde, se había zafado y me había desconectado del aparato. El doctor, con actitud severa, ordenó a la enfermera colocarlo de nuevo. Seguramente pasó un gran susto. Inmediatamente se empezó a escuchar de nuevo mi latido “ti”, “ti”, “ti”, “ti” pero esta vez latiendo muuuy rápido. Yo también me asusté. 🙂

He vivido trece años a partir de aquel día. Pero aquel incidente me mostró lo inesperado que puede ser la muerte. En realidad puede llegar en cualquier momento, incluso en las temporadas “rosas” de nuestra vida en que todo va de maravilla y nos encontramos cumpliendo nuestros sueños. Algunos años después de aquello mi mamá falleció inesperadamente. Después mi cuñado en la plenitud de su vida.

Se que éste pensamiento no es algo nuevo, todos conocemos el ciclo de la vida. Sin embargo creo firmemente que no todos estamos preparados para enfrentar ese momento y esa situación.

¿En qué consiste esa preparación? En mi caso particular, lo mas importante es tener “solucionado” el aspecto espiritual. Creo que somos cuerpo y espíritu, el cuerpo es temporal  y el espíritu eterno. Creo en la Biblia como la Palabra de Dios en la que se nos revela que ésta eternidad se puede pasar en el cielo o en el infierno y que tenemos la libertad de elegir a cual de estos lugares queremos ir.

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Romanos 10:9

Creer en Jesucristo es el único requisito para tener ésta vida eterna. Así que yo tengo la seguridad y la convicción de que mi vida después de ésta, será ganancia.

También estamos tratando de preparar a nuestras hijas para ser independientes, y tratamos de no dejarles deudas ni problemas legales. Sobretodo, es preciso que los hijos se relacionen con Dios como Padre, un Padre celestial, que siempre estará con ellos  y no les dejará huérfanos a pesar de que algún día nosotros no estemos con ellos.

La conciencia de ésta realidad, nos hace disfrutar intensamente de la vida. Amamos la vida y aprovechamos cada momento para disfrutarnos y disfrutar lo mejor de ella. No deseamos perder ni un momento en enojos y frustraciones. Hay mucho por lo cual vivir.

Y tú… ¿te encuentras preparad@?…

“Para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia”

Filipenses 1:21