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«EL MINISTERIO DEL TOCADISCOS»

Por Mayra Gris de Luna.

Cuando vi la imágen de arriba, recordé un relato de mi esposo acerca de cómo llegó el evangelio a su familia.

En la década de los setentas, después de las grandes y elegantes consolas para escuchar los discos de entonces, hicieron presencia los «tocadiscos». Estos eran más prácticos porque eran portátiles. Podías llevarlos a todos lados porque al cerrarlos se convertían en una maleta.

De alguna manera mi suegra notó que un señor pasaba por su calle con una maleta. Se decía que «hablaba de Dios». Mi suegra, con un corazón necesitado de Dios, le dijo a uno de sus hijos que fuera a buscar al señor y le dijera que los visitara. El hombre llegó a la casa. Mi suegra lo pasó a una tranquila estancia y llamó a todos sus hijos. El hombre abrió su maleta y empezó a poner discos. Pero la música que emanaba de éste tocadiscos era diferente. La letra de las canciones hablaba del amor de Dios, hablaba del sacrificio de Su hijo Jesucristo para dar vida a todo aquel que en El creyera, hablaba de la historia de la mujer samaritana y tantas cosas mas.  Todos escuchaban atentamente las palabras de los himnos. Mi suegra enjugaba sus ojos con lágrimas. Dios tocaba los corazones de todos en aquella sala. Dios empezaba a sanar sus atribuladas vidas con el mensaje de la música que salía del tocadiscos.

En repetidas ocasiones el señor del tocadiscos sólo llegaba, abría la maleta, ponía los discos y se sentaba. La obra la hacía el Espíritu Santo. Poco a poco iban entendiendo mas y mas lo que Dios les hablaba por ése medio. Después de un rato el señor cerraba su maleta y continuaba su ministerio. «El ministerio del tocadiscos» le llamo yo.

¡Gracias a Dios por aquel hombre! ¡Y por su tocadiscos! Porque mi familia política fué rescatada y transformada por el conocimiento de Jesucristo que les llegó de esa manera.

Ellos buscaron congregarse en una Iglesia como resultado de ello.

Tal vez aquel hombre no era elocuente en sus palabras, tal vez solo oraba para que la música impactara la vida de la gente a la que visitaba.

Recuerdo unas palabras del amado hermano y célebre músico Felipe Blycker:

«Es bueno que la música tenga un efecto emocional en las personas, porque éste efecto emocional puede llevarlas a tener un efecto espiritual en sus vidas».

¡Cuánta razón tiene el hermano! ¡Me gozo con los ministerios del canto, de los coros, estudiantinas, de los músicos! «El cielo y la tierra pasarán» pero la música y la alabanza son de las pocas cosas que disfrutamos en la tierra que también podremos disfrutar en el cielo.

En particular este hermano con el «ministerio del tocadiscos» me hace pensar en que todos podemos hacer algo para compartir el mensaje de Salvación.

A nuestras posibilidades, con nuestros talentos, con nuestra creatividad, aunque no tengamos elocuencia, aunque no hayamos estudiado en un seminario, aunque no sepamos tocar algún instrumento ni cantar. La obra la hace el Espíritu Santo.

Algo podemos encontrar como éste hermano que usó su recurso y obtuvo grande fruto que Dios le habrá de recompensar «según las riquezas de Su gloria».

Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

1 Corintios 12:4-7

¿Posees algún recurso o habilidad que podrías convertir en un ministerio?

 

ORACION DE LA ESPOSA DEL PASTOR.

ORACIÓN Y DECLARACIÓN DE LA ESPOSA DEL PASTOR .

Por Christine Hoover.

Señor Jesús, soy, antes que nada, tu discípulo, y seré tu discípulo ya sea que mi esposo sea pastor o no. Ayúdame a rechazar la noción que debo jugar un papel, mantener cierta imagen o ser la cristiana perfecta solo porque soy la esposa del pastor. Que nunca llegue a ser una cristiana profesional, sino simplemente una cristiana, siempre creciendo y permaneciendo en Ti. Que mi corazón se someta al Tuyo y que mi ministerio fluya de ese amor que recibo de Ti.

Jesús, he llegado a comprender que mi sumisión a Ti requiere mi muerte. Así como Tú nos mostraste cómo vivir en humildad, ayúdame a seguir tu ejemplo. A veces es difícil negarme a mí misma, no deseando respeto ni admiración, ni intentando mantener cierta posición en la iglesia o comunidad. Por Tu poder, ayúdame a dar mi todo – hasta la propia vida – por Ti.

Pido que lo que más me identifique sea una pobreza de espíritu: reconociendo que te necesito desesperadamente, dependiendo de Ti totalmente, y estando consciente cada día que no puedo hacer nada de valor separada de Ti.

Señor, dame una visión muy clara de la meta más importante en mi ministerio. Que mi corazón se incomode pronto cuando busco mi propia reputación, impacto numérico, buenas obras, o deseos personales como la meta más importante, o cuando no tengo ninguna meta. A cambio, que mi más alto propósito sea vivir una vida de gran fe, en la cual confío en Ti sin límite.

Padre, tengo muchas oportunidades de hablar acerca de Ti y de tu parte. Que mis palabras estén saturadas de la verdad de tu Palabra y que pueda comunicar de manera adecuada tu carácter. No me permitas dar respuestas superficiales ni dar consejo que yo misma no estoy siguiendo. Ayúdame a hablar la verdad, pero hacerlo con gran amor y gracia hacia los oyentes; que mi más grande interés sea el bien de los demás.

Ayúdame a ser una líder: servir sin buscar ser servida, llamar a otros a seguirte, amar profundamente, y hablar tu verdad de acuerdo con la necesidad. Ayúdame a celebrar a otras mujeres y el llamado que les has dado, no compitiendo con ellas ni sintiéndome amenazada por sus dones particulares. De hecho, úsame para capacitarlas mejor para ser fieles y excelentes ministras del evangelio.

Señor, te confieso que a veces uso el ministerio como una excusa para fomentar el orgullo, para nutrir resentimientos, o para compadecerme de mí misma. Muchas veces quiero darme por vencida o dar menos de lo mejor. Ayúdame. Dame fuerzas para cumplir el llamado que me has dado. Recuérdame del enorme regalo y privilegio que es esta vida. Ayúdame a seguir invirtiendo en otros. Susténtame para que pueda perseverar hasta la meta final.

Padre, hazme consciente de que necesito a otros para que abandone cualquier noción de que estoy sola o que tengo que llevar sola y a la perfección mi papel como esposa del pastor. Ayúdame a ser vulnerable, a compartir mis luchas, y a formar amistades de confianza que puedan orar por mí. Permíteme gozar de las bendiciones de ser parte del Cuerpo de Cristo.

Finalmente, Señor, te pido que mis ojos estén puestos en Ti. Que esté fortalecida en Ti y buscando solo Tu aprobación, no intentando cumplir con los estándares que me impongo a mí misma ni con las expectativas que pienso que otros tienen de mí. Ayúdame a no amar logros, resultados o felicitaciones, sino a amarte solo a Ti y buscar solo Tu placer. Amén.