TU TIEMPO ESPECIAL.

“Nadie se había dado cuenta de que ese sencillo acto sostenía la armonía entre todos los habitantes del pueblo. Cada mañana, al despuntar el sol, las mujeres de ese pueblo africano caminaban media hora con su canasta de ropa al hombro para ir a lavar al río. Mientras tallaban sobre la piedra, ensimismadas enhebraban pensamientos y reflexiones; conversaban, se conectaban, aprendían, reían y escuchaban historias. Después de dos horas, no sólo regresaban con ropa limpia, sino también con algo más en el corazón, que las llenaba de fuerza y que compartían con su familia.

Un día, la civilización llegó, el río fué entubado y esa corriente de recreo, de encuentros y recuperación se secó. Aunque el agua la bombeaban del pozo, la alegría de la población también se secó. A las mujeres se les veía tristes, irritables y desanimadas, y comenzaron los pleitos, los desencuentros y las separaciones en la población. El pueblo nunca volvió a ser el mismo”.

Como esas mujeres africanas, todas necesitamos ir al río a nutrirnos; a ese lugar donde podemos tener un encuentro con nosotras mismas, con Dios y recuperar el balance. Necesitamos recoger los pedazos que a diario tejemos y que las exigencias de la vida se encargan de rasgar. Podemos hacerlo a través de la lectura de la Biblia, de un buen libro o un buen blog 🙂  por medio de la oración, el arte, las manualidades, la compañía del ser amado, la contemplación de la belleza, el campo, el mar, el amanecer o la soledad.

Copiado y adaptado del libro de Gaby Vargas, “Soy mujer, soy invencible y estoy exhausta”. Editorial Aguilar.

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¿ESTÁ LLENA TU TAZA?

Todos tenemos inseguridades; aún las personas aparentemente más confiadas que conozcamos. Hay inseguridades que podemos experimentar como desafíos ocasionales. Un hueco en nuestra vida que alberga necesidades insatisfechas, nos puede brindar sentimientos de inseguridad. Esta necesidad puede llegar a ser tan grande que ésta inseguridad puede convertirse en pánico permanente.  Nos quita la paz. El temor o el sentimiento de no ser amado es probablemente la mayor fuente de inseguridad que las personas podemos experimentar.

                                             “De todo hombre se espera lealtad”

 Proverbios 19:22ª NVI

Hay una profunda necesidad en el ser humano de ser amado y no ser traicionado, existe en el alma el deseo de lealtad. Y cuando ésta es quebrantada, experimentamos inseguridad. Cada uno de nosotros anhela un amor absolutamente leal; un amor incondicional, invariable, radical, demostrativo, más amplio que el horizonte, más profundo que el mar. También sería lindo que ese amor fuera sano y liberador en lugar de ser asfixiante.

La búsqueda de ese amor perfecto y leal en otra persona que no sea Dios, no solo es infructuosa sino dolorosamente decepcionante y destructiva. Nuestros corazones no estarán sanos hasta que hayan sido satisfechos por el único amor totalmente sano que existe: el amor de Dios.

“Ningún amor del corazón natural está seguro a menos que el corazón humano haya sido primeramente satisfecho por Dios”. Oswald Chambers.

No está mal que pensemos que necesitamos desesperadamente ser amados. Es así. Lo incorrecto es pensar que podemos hacer que alguien nos ame de la manera en que necesitamos ser amados.

Hay personas que han oído las devastadoras palabras: “Ya no te amo”. Otras quizás no escucharon las palabras pero han experimentado ese sentimiento. Y eso produce temor. En el transcurso de la vida perderemos, a causa de la muerte o de las circunstancias, a personas que realmente nos amaron. Pero por más valioso y profundo que haya sido su amor, no era inquebrantable, no era perfecto. Pasó a otro. Cambió. Murió. Dejó recuerdos hermosos… pero dejó un hueco. Solamente el amor de Dios siempre es leal. “El amor nunca deja de ser” se refiere al amor ágape de Dios, dado a nosotros.

(1 Corintios 13:8).

Cada uno de nosotros tiene sus propias necesidades insatisfechas, y las llevamos todo el día de un lado al otro como una taza vacía. De una manera o de otra, extendemos esa taza vacía a las personas que están en nuestras vidas y les decimos:”Por favor, ¿puede alguien llenar esto? ¡Aunque sea una cucharada ayudará!”

Buscamos “llenar nuestras tazas” por medio de la aprobación, la afirmación, el control, el éxito o la satisfacción inmediata.

Buscamos llenar nuestra taza en los lugares equivocados, con las personas equivocadas. ¿Qué te parece el siguiente versículo para llenar tu taza?

“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable y yo te amé;

Daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida”

Isaías 43:4

¡Cómo se desintegra cualquier pesado yugo cuando, al despertar en la mañana, llevamos nuestros corazones, mentes y almas, y todas nuestras “necesidades” al gran especialista en almas y le ofrecemos nuestras tazas vacías y le pedimos que las llene con Él mismo!

No hay persona más agradable para tener cerca de nosotros que aquella cuya taza ha sido llenada por el Señor Jesucristo. Él es el único que nunca se deja abrumar por la profundidad y dimensión de nuestras necesidades. Imagine cuán diferentes serían nuestros días, si a primera hora de la mañana Cristo llenara nuestras tazas. En el transcurso del día, toda otra cosa que alguien pudiera ofrecer, simplemente se derramaría porque nuestra taza ya estaba llena. Entenderíamos lo que quiso decir Pablo en Colosenses 2:10: “Vosotros estáis COMPLETOS EN ÉL”

Es solamente a través de la oración que la paz nos inunda:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y LA PAZ DE DIOS, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Filipenses 4:6-7

Modificado y adaptado del texto original de Beth Moore: “Viva Libre”