UNA NOTA RECONFORTANTE.

UNA NOTA MUY ESPECIAL

Por Mayra Gris de Luna.

Hace unos días, reorganizando mi “caja de recuerdos”, me detuve a contemplar uno de mis apreciados tesoros. Es la Biblia de mi mamá. Al contemplar sus partes subrayadas, los recuerdos entre sus páginas, y sus notas, me sigo dando cuenta de la fe en Dios que mi mamá tenía. Eso me llena de gozo y paz.

Encontré también una nota que yo copié de algún lado hace mas o menos veinte años. Recuerdo que las palabras me confortaron grandemente en aquellos años al enfrentar algunas pruebas como el accidente de mi hermano. Cayó de la ventana del segundo piso y tuvo varias fracturas a la edad de 4 años. Me afligía sobremanera el pensar que no pudiera volver a caminar. Tuvo complicaciones porque era alérgico a la penicilina y no lo sabíamos. Recuerdo cuando llorando, oraba hincada por las noches rogando a Dios por él. Ahí experimenté por vez primera la diferencia entre clamar y orar. Clamar es pedir con todas tus fuerzas. Cuando uno se encuentra en la desesperación y reconoce que únicamente Dios tiene el poder para cambiar las cosas. Y entonces uno le pide y aún más, le suplica.

Aquel año también perdí un bebé en las primeras semanas del embarazo. Tuvieron que hacerme un legrado. Para mí fue una pérdida dolorosa, pero sobre todo tenía temor de no poder tener hijos. También oraba al Señor que en el futuro nos bendijera con una familia.

Un par de semanas después de eso, tuvimos un accidente mi esposo y yo. Un auto proveniente del lado contrario del boulevard literalmente nos cayó encima. Dios nos libró a mi esposo y a mi. El auto salió tan dañado que no pudimos usarlo en varios meses. Mi esposo entonces tenía que regresar del trabajo en el camión, que a esa hora solía venir muy lleno. Una tarde, al llegar a casa, se dio cuenta que le habían robado el sobre con  su sueldo de un mes.  Afortunadamente nuestras familias nos apoyaron con despensa y comida. Recuerdo que mi cuñado criaba pollos y un día mató uno y me lo díó para que lo cocinara. 🙂

En aquellos tiempos no teníamos internet, ni powerpoints motivacionales, y yo recuerdo que leía mi Biblia y también sacaba mi hojita, la leía y me sentía reconfortada.

Ahora estoy segura de que Dios escuchó mis oraciones. Mi hermano sanó. Tuve dos hijas. Dios ha provisto siempre para nuestras necesidades.

Cinco años después murió mi mamá, y al año siguiente mi papá. Volví a mi búsqueda ferviente de palabras de aliento de la Palabra de Dios, volví al clamor en oración y también leía mi hojita.  Desde ahí  se quedó guardada entre las páginas de  la Biblia de mi mamá.

Ahora que la encontré, tal vez no solamente me sirva a mí.

La nota dice así:

“No hay nada: ninguna circunstancia, ningún problema, ninguna prueba que pueda alcanzarme sin haber pasado antes a través de Dios, y a través de Cristo y luego a mi.

Si ha llegado tan lejos, ha sido con un gran propósito, que quizás no entienda en el momento. Pero si rehúso a caer en el pánico, y elevo la mirada hacia El y la recibo como viniendo del trono de Dios para un gran propósito de bendición en mi propio corazón, ningún dolor puede perturbarme, ninguna prueba puede destrozarme, ninguna circunstancia puede aterrarme, porque descanso en el gozo de mi Señor.

Ese es el descanso de la victoria.

Desde el punto de vista de Dios, las pruebas por las que atravesamos no son tan importantes como las reacciones que tenemos ante ellas”.

EL DESCANSO DE LA VICTORIA.

La oración,

la lectura de la Biblia

y las palabras de aliento de otras personas

pueden reconfortar nuestro espíritu 

cuando enfrentamos momentos muy difíciles

en nuestra vida.

LA FE NOS LEVANTA CUANDO NUESTRO MUNDO SE DESPLOMA.

Por Karol Ladd

Nuestra fe en Dios es el ancla que nos mantiene firmes a través de las tormentas de la vida. Nos recuerda que hay un panorama eterno y que esta vida que podemos sentir y tocar es temporal. En la introducción de su libro “Tramp for the Lord” (Vagabunda de Dios), Corrie Ten Boom cita un poema de un autor anónimo que habla de una fe sólida en medio de un mundo incierto. Ella presenta el poema diciendo: “La fe es como un radar que puede penetrar la niebla; que puede ver la realidad de las cosas a una distancia que el ojo humano no puede”. Este es el verso:

Mi vida no es sino un tejido que estamos haciendo Dios y yo,

Yo no escojo los colores, y El trabaja sin descanso,

A menudo Él teje dolor, y yo soberbia insensata,

Me olvido de que Él ve el anverso y yo el reverso.

No va a ser sino hasta que el telar esté en silencio y las lanzaderas dejen de volar,

Que Dios desenrollará la tela y explicará los porqués.

Los hilos oscuros son tan necesarios en la talentosa mano del Tejedor,

Como los hilos de oro y plata en el patrón que ha diseñado.

¡Ah la belleza y la bendición de confiar en nuestro Padre celestial quien conoce el principio y el final! 

Él ve todo el panorama, nosotras solo vemos este lado.

Cuando las tormentas de la vida sacuden nuestro bote, nuestra fe en Dios nos permite descansar todo nuestro peso en sus seguros brazos amorosos.

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“NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA”

Por Mayra Gris de Luna.

Si nos acercamos mucho a un telar, podremos ver muy de cerca las puntadas y el color de los hilos, pero para apreciar la figura que se está tejiendo tendremos que alejarnos un poco.

Algo parecido ocurre en mi vida, cuando en mi presente no puedo entender por qué pasan las cosas, pero al transcurrir del tiempo, y mirar hacia atrás, veo con claridad la obra de Dios en mi vida.

Quiero platicarte una de mis vivencias para que cuando te ocurra algo que no es agradable o que no entiendes por qué el Señor permite que te pase, recuerdes lo que dice Romanos 8:28a:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

Por razones del trabajo de mi esposo, estuvimos una temporada en Barcelona. Uno de esos días fuimos a conocer la Villa Olímpica y caminamos a la orilla de la playa. Estacionamos el carro enfrente de un gran letrero con una letra “E” de “Estacionamiento”.

Cuando terminamos nuestro paseo y regresamos, encontramos el letrero, pero no nuestro carro. Primero pensamos que tal vez nos habíamos equivocado de lugar y lo buscamos a lo largo de la calle, pero nada. Empezamos a pensar en la posibilidad de que nos lo hubieran robado.

Estábamos ahí parados cuando llegó un señor que tenía un puesto de revistas en la esquina y nos había estado observando. Nos dijo que nos habíamos estacionado en un lugar prohibido. Vimos bien y debajo de la “E” había unas letras pequeñas que decían en catalán: “sólo para médicos del Hospital del Mar”. Volteamos hacia enfrente y ahí estaba el gran “Hospital del Mar”.

El señor nos dijo que se habían llevado el carro a la delegación de Tránsito, y que seguramente habrían dejado un papel pegado al piso con la notificación y los datos. Efectivamente, había un papel amarillo con la información. Buscamos el lugar, pagamos la multa y recuperamos el carro. No fue nada agradable el tiempo perdido en eso ni pagar la multa, pero nos sentimos agradecidos porque el carro no había sido robado.

Días después, fuimos a caminar a las Ramblas, y entramos a un estacionamiento. Con una bebé de 6 meses, bajamos la carriola, la pañalera, la bolsa, la cámara, las chamarras, y bueno, nos hacíamos bolas con tanta cosa. Así que cuando bajé a la bebé y la puse en la carriola olvidé abrocharle el cinturón de la carriola. Siempre tenía cuidado de abrochar el cinturón de seguridad de la carriola porque mi bebé era muy inquieta, pero así como una “ley de Murphy”, solo bastaron unos segundos de descuido para que la bebé se cayera de la carriola y se pegara en la cabeza con el piso de cemento. La bebé empezó a llorar. El golpe si había sido fuerte y pronto le empezó a salir un moretón. Nosotros estábamos tan asustados que sólo recuerdo que el señor del estacionamiento nos dijo: -“lo indicado es que la lleven al “Hospital del Mar”, ¿saben donde está?” ¡qué si sabíamos! ¡sabíamos hasta donde uno no debe estacionarse si va al Hospital del Mar!

Llevamos a la bebé ahí, resultó ser un muy buen hospital, nos atendieron de maravilla, le sacaron radiografía de la cabeza a la bebé y la tuvieron un tiempo en observación. Las enfermeras le llamaban “Muñequita piel canela”.(De ahí el nombre del blog PIEL CANELA). La bebé recibió la atención oportuna, y nosotros regresamos tranquilos al hotel.

Ahora que miro hacia atras ésta experiencia, agradezco a Dios porque siempre ha puesto personas cerca que nos ayudan. También porque El se encargó de que supiéramos con exactitud dónde estaba el Hospital del Mar para cuando lo necesitáramos.

Creo que Dios tiene cuidado de nosotros y que nada ocurre sin que El lo permita.

Detalles como ese han fortalecido mi convicción de que aún cuando nos ocurran cosas que no son tan agradables, Dios las usará para nuestro bien.

Tengo una amiga que por alguna razón bajó de un camión en Israel una cuadra antes de que éste explotara sin que ella supiera que ésto sucedería. Se de personas que tuvieron algún contratiempo para llegar temprano a las Torres Gemelas el 11/11.

¿Se poncha una llanta? ¿Se acabó la gasolina? ¿Se fué el camión? Dí ¡Gracias Señor!, probablemente te está protegiendo. “No hay mal que por bien no venga” para los que amamos a Dios.

¿Recuerdas algún evento desafortunado en el pasado que Dios lo usó para tu bien?

EL POZO.

Un hombre cayó en un pozo y no podía salir.

Una persona SUBJETIVA se acercó y dijo:

“Me identifico con tu situación”.

Una persona OBJETIVA se acercó y dijo:

“Es lógico que alguien haya caído ahí adentro”.

Un FARISEO dijo:

“Sólo la gente mala cae en un pozo”.

Un MATEMÁTICO

calculó cómo se había caído del pozo.

Un PERIODISTA quería la historia exclusiva del pozo.

Un FUNDAMENTALISTA dijo:

“Mereces estar en el pozo”.

Un RECAUDADOR DE IMPUESTOS

preguntó si estaba pagando los impuestos por tener un pozo.

Una persona AUTOCOMPASIVA dijo:

“¡No es nada comparado com MI pozo!”.

Un CARISMÁTICO dijo:

“Solo confiesa que no estás en el pozo””

Un OPTIMISTA dijo:

“Las cosas podrían estar peores”

Un PESIMISTA dijo:

“¡Las cosas van a empeorar!”

JESUS, viendo al hombre, lo tomó de la mano y LO SACÓ del pozo.

Anónimo.