Y NOS HIZO REYES

Por Mayra Gris de Luna.

“Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, Su Padre…” Apocalipsis 1:6

Un niño preguntó a su papá: – ¿qué hace la reina? a lo que éste contestó titubeando: -Pues… reina”. Reinar pareciera ser algo sencillo y muy atractivo para una persona común, sin embargo, no lo es. Los hijos de Dios hemos sido constituidos reyes y sacerdotes. Así como un rey representa a su país ante el mundo, realiza las funciones de un jefe de estado, engendra herederos y preside eventos oficiales; nosotros somos representantes del reino de nuestro Padre aquí en la tierra y podemos engendrar hijos espirituales en las almas a las que proclamemos las buenas nuevas de salvación.

En la torre de Londres, en Inglaterra, se encuentran “Las joyas de la corona”. A la vista de los visitantes se encuentran las coronas, cetros y utensilios que la realeza británica ha utilizado en las ceremonias de coronación de sus reyes. En ocasiones alguna de estas joyas puede estar en uso en algún evento oficial de la reina. El significado de estas joyas, nos dan una idea de las características y virtudes que de un monarca se esperan.

Nobleza y Dignidad. La Corona es un cerco que se coloca sobre la cabeza como símbolo de nobleza y dignidad. La nobleza alude al linaje real del monarca, lo que le hace digno de portar la corona. Quienes hemos venido a ser adoptados hijos de Dios somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…” (1 Pedro 2:9). La Biblia nos habla también de algunos tipos de coronas que nos serán otorgadas según nuestras obras aquí en la tierra.

Autoridad. El Cetro es un bastón corto que los reyes usan como señal de autoridad; pueden tomar decisiones y el pueblo las acatará. Así mismo, desde el momento en que el Espíritu Santo entra a morar en nuestro ser, dejamos de ser personas “comunes”. El poder sobrenatural del Espíritu que mora dentro de nosotros nos capacita al grado de poder decir como Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Cuando nuestra integridad nos permite la plenitud del Espíritu Santo, tendremos autoridad sobre el enemigo y sus ayudantes. Tendremos la autoridad moral para exhortar, enseñar y ejercer plenamente nuestros dones.

Unción. El óleo o aceite contenido en una vasija llamada ampolla, es vertido con una hermosa cuchara y son utilizados para ungir al Rey o Reina en la ceremonia de coronación. En la Biblia, el rey era a veces llamado “el ungido”. Ungir a un soberano era equivalente a coronarlo. Existe la tradición de ungir al rey como símbolo de su consagración y sumisión a Dios, reconociendo que Él es el poder supremo que le otorga el derecho de guiar a su pueblo. Daniel 2:21 declara que es Dios quien quita reyes y pone reyes, y quien da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos. Nosotros podemos hacer nuestras las palabras: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres” (Lucas 4:18).

Justicia y Misericordia. Simbolizadas con las espadas de uso ceremonial, la espada de la justicia y la espada de la misericordia proclaman dos cualidades de carácter que la Biblia menciona como cualidades que Dios demanda de un digno representante del Reino. (“… qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Miqueas 6:8)

Compromiso. El Anillo en la mano del rey, emblema de su “matrimonio” con la nación, implica un compromiso que solo la muerte podría interrumpir. Cabe preguntarnos, qué tan fuerte es nuestro compromiso y fidelidad a Cristo y a Su iglesia.

Sinceridad y Sabiduría. Dos cualidades imprescindibles para presidir bien, son representados por brazaletes que la reina porta en su persona como recordatorios de estas dos cualidades de carácter. Dios permita que seamos personas conforme a Su corazón, sinceras y capaces de tomar decisiones sabias. Que no necesitemos brazaletes para recordar que el principio de la sabiduría es el temor de Dios.

Para apropiarnos de nuestra identidad en Cristo, tendremos que ponernos nuestra corona de linaje escogido, dejar atrás los sentimientos de inferioridad e inseguridad . Nuestro linaje espiritual es más fuerte que nuestra ascendencia natural. Que la plenitud del Espíritu en nosotros no deje lugar para el temor. Iniciemos cada mañana poniéndonos nuestro anillo de hijos del Rey de Reyes porque no somos huérfanos ni estamos desamparados. Esta es la vida que Dios nos dio y vamos a aprovecharla al máximo. Deja que el pasado sea pasado. Nada de lo que hayamos hecho será demasiado para no alcanzar la misericordia de Dios. Como embajadores del Reino, cuando mostramos amor, misericordia y justicia, estamos mostrando a Dios ante el mundo. Puedes tener convicción de que cumplirás el propósito para el que Dios te creó. Hay una razón para cada don, cada talento y cada sueño que Dios ha puesto en ti.

Demos lo mejor de nosotros al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios demos el honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

(1 Timoteo 1:17)

* Artículo publicado en la Revista Enlázate, Septiembre 2014

LAS JOYAS DE LA CORONA

Acerca de Mayra Gris de Luna

Mujer, esposa y mamá. Busco oportunidades para hacer las cosas que me gustan. Amo la palabra escrita. Me gusta compartir mis pensamientos acerca de esta aventura que es la vida. Para ello utilizo mis blogs grisdeluna...EN LA CABAÑA. (http://grisdeluna.com) y Caminando (http://mayragris.wordpress.com) Una de mis motivaciones es compartir mis memorias con mis hijas y las personas que de alguna manera se identifican conmigo. También comparto lecturas de excelentes autores que me han impactado y cuyo mensaje resulta alentador. Anhelo con todo mi corazón cumplir con el propósito que Dios tenía en mente para mi vida cuando me creó. Mi vida es sencilla. Me gusta tocar el piano, cantar con mi guitarra, leer, ver el mar, disfrutar de un buen café, disfruto platicar con mi esposo, ver películas con mis hijas, viajar y escribir. He aprendido que hay algo mas en la vida que tener éxito, y es que nuestra vida tenga “significado”, algo que solo podemos encontrar en Dios.
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