LOS FANTASMAS DEL ABISMO.

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Por Mayra Gris de Luna.

Colosenses 1:13, 14

Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. (NVI)

Adivina el tema de esta familia de palabras: iceberg, proa, Leonardo Di Caprio. ¡Adivinaste! “Titanic” ha sido un tema fascinante sobre todo para el productor cinematográfico James Cameron. No solo produjo la galardonada cinta, sino el documental “Los fantasmas del abismo”. Dos cámaras-robots submarinos fueron lanzadas al lugar del final descanso de la leyenda.

Ojos humanos no se habían asomado por aquellas hermosas ventanas desde 1912 porque no es posible sobrevivir a tal profundidad. Las luces de los robots rompen la densa oscuridad para inundarnos de añoranza al poder observar el imponente casco ahora corroído por la sal, las lujosas vajillas y exquisitas lámparas cundidas de óxido.

La Biblia dice que Dios arrojó nuestros pecados al fondo del mar desde aquél día en que los confesamos y creímos en su perdón absoluto. Él nunca más se acordará de ellos. A veces perdemos la paz porque con los ojos de nuestra mente nos asomamos a ese abismo donde yacen oxidados los errores del pasado.

Recuerda siempre que has sido totalmente perdonada. Tu deuda fue completamente pagada en la cruz. Cuando se asome la culpa toma el control de tus pensamientos y emociones. Voltea en la dirección correcta, no hacia abajo, donde domina la oscuridad, sino hacia el cielo, donde reina el Príncipe de Paz.

“Mis pecados son borrados ya, mi Jesús los sepultó en la más profunda mar”

Coro cristiano.

Copiado de: TALI, 365 gotas de rocío para chicas. Ediciones Las Américas.

                        Autoras: Keila Ochoa, Margie Hord, Mayra Gris y Yuri Flores.

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TU TIEMPO ESPECIAL.

“Nadie se había dado cuenta de que ese sencillo acto sostenía la armonía entre todos los habitantes del pueblo. Cada mañana, al despuntar el sol, las mujeres de ese pueblo africano caminaban media hora con su canasta de ropa al hombro para ir a lavar al río. Mientras tallaban sobre la piedra, ensimismadas enhebraban pensamientos y reflexiones; conversaban, se conectaban, aprendían, reían y escuchaban historias. Después de dos horas, no sólo regresaban con ropa limpia, sino también con algo más en el corazón, que las llenaba de fuerza y que compartían con su familia.

Un día, la civilización llegó, el río fué entubado y esa corriente de recreo, de encuentros y recuperación se secó. Aunque el agua la bombeaban del pozo, la alegría de la población también se secó. A las mujeres se les veía tristes, irritables y desanimadas, y comenzaron los pleitos, los desencuentros y las separaciones en la población. El pueblo nunca volvió a ser el mismo”.

Como esas mujeres africanas, todas necesitamos ir al río a nutrirnos; a ese lugar donde podemos tener un encuentro con nosotras mismas, con Dios y recuperar el balance. Necesitamos recoger los pedazos que a diario tejemos y que las exigencias de la vida se encargan de rasgar. Podemos hacerlo a través de la lectura de la Biblia, de un buen libro o un buen blog 🙂  por medio de la oración, el arte, las manualidades, la compañía del ser amado, la contemplación de la belleza, el campo, el mar, el amanecer o la soledad.

Copiado y adaptado del libro de Gaby Vargas, “Soy mujer, soy invencible y estoy exhausta”. Editorial Aguilar.

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¡HOLA MAR!

Cada vez que mi mirada se posa sobre el mar por primera vez al llegar a alguna playa, casi sin pensarlo exclamo: -“¡Hola Mar!”. Mi mamá siempre saludaba al mar, así que creo que es algo que simplemente aprendí de ella.

El Mar es “alguien” tan amado y especial para mí, a quien disfruto ver sin cansarme.

Para mi es casi como un ser. Un ser inmenso, bello, cambiante. A veces azul intenso, que es cuando me gusta más. A veces apacible y claro. Algunas pocas he sentido como si estuviera enojado y me provoca respeto y temor.

De muy pequeña caminé muchas veces a la orilla del mar de la mano de mi abuelo. Todavía recuerdo una ocasión, cerca de la casa de la playa, en que estaban realizando una construcción sobre el agua cerca de la orilla y había muchas máquinas y mi abuelo, quien gozaba de un exquisito sentido del humor, me dijo: “- Mira, ahí es donde le echan la sal al mar”. Y yo, le creí.

Con mi mamá pasé interminables horas recogiendo conchitas en la orilla de la playa. Las recogíamos “hasta que nos cansábamos”. Todavía cuando mis hijas estaban pequeñas podíamos recogerlas si nos levantábamos temprano. Durante la noche, las olas nos las dejaban. Algunas grises, otras jaspeadas. También caracoles de mil formas y tamaños diferentes que luego pintábamos y decorábamos.

Hoy me levanté temprano y caminé por la orilla del mar… ya no hay mas conchitas. Había un pez grande, muerto.

Al Mar le platico mis cosas, y creo que le he escuchado susurrarme nuevos planes y le confío mis nuevas metas.

Es tan inmenso y poderoso, que parece que percibiera a Dios en el. Tal vez es lo más parecido a Dios que conozco. Tan profundo y rico. Abundante. Incontrolable. El mar es vida. Cubre la tierra y está en todas partes. Me cohíbe su grandeza pero lo amo. Sólo quien le conoce y le confía puede abandonarse y flotar, simplemente dejándose llevar por el oleaje. Lo mismo pasa con Dios. Solo cuando uno le conoce profundamente, puedes equilibrar ese temor saludable, con la confianza de quien sabes no te traicionará. Y es entonces cuando disfrutas plácidamente el paseo por la vida, libre de temor, a donde El te lleve.

No solo el mar me hace pensar en Dios. También me hace pensar en la vida misma. Algunas veces, la vida nos trae cosas hermosas como las conchitas y los caracoles. Pero también, algunas otras, nos deja “aguas malas” o “peces muertos”. Pero aún así, la podemos disfrutar, y vivir la experiencia inolvidable, como unos días en la playa.

Cuando me voy, siempre me despido del mar también. Nunca sé cuándo me reencontraré con él, ni en donde. Pero siempre albergo la esperanza de regresar a platicarle lo que ha pasado y compartirle nuevos planes. Y si algún día yo no vuelvo, se que así como a mí me lo enseñó mi mamá, mis hijas regresarán a saludarle.