Decisiones eternas.

DECISIONES ETERNAS
Dios da opciones eternas , y estas decisiones tienen consecuencias eternas.
 ¿No es éste el recordatorio de “el trío del Calvario” ?
¿Alguna vez te has preguntado por qué había dos cruces al lado de Cristo? ¿Por qué no seis o diez?
¿Te has preguntado por qué Jesús estaba en el centro?
¿Podría ser que las dos cruces en la colina simbolizen uno de los regalos más grandes de Dios? El don de la elección . Los dos delincuentes fueron juzgados por el mismo sistema. Condenados a muerte. Igualmente cerca del mismo Jesús . Pero uno cambió y el otro no.
Nosotros hemos tomado algunas malas decisiones en la vida, ¿no es así ? Miramos atrás y decimos: “Si tan sólo pudiera compensar esas malas decisiones.” Tú puedes.
Cuando uno de los ladrones en la cruz oró , Jesús lo amó lo suficiente como para salvarlo. Cuando el otro se burlaba , Jesús lo amó lo suficiente como para dejar que lo hiciera. Él le permitió elegir. Y él hace lo mismo por ti y por mí.

Luego ( el ladrón ) dijo: “Jesús , acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Jesús le respondió: ” En verdad os digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso . ”

Lucas 23:42-43

tomado de: “He Chose the Nails”
Autor: Max Lucado
Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

TRES CRUCES

LA GLORIA DE LO COMÚN.

Pastores

Hay una palabra que describe la noche que ÉL vino: común.

El cielo era común. Una brisa ocasional agitaba las hojas y enfriaba el aire. Las estrellas eran diamantes que relucían sobre terciopelo negro. Escuadras de nubes flotaban frente a la luna.

Era una noche bella -una noche que valía la pena contemplar desde la ventana de su dormitorio para poder admirarla. Pero no se podía decir que fuese excepcional. No había razón para esperar una sorpresa. Nada que mantenga despierta a  alguien. Una noche común con un cielo común.

Las ovejas eran corrientes. Algunas gordas. Algunas flacas. Algunas con barrigas en forma de barril. Algunas con patas como palitos. Animales comunes. Su lana no era de oro. No hacían historia. Ningún ganador de premios. Eran simples ovejas, siluetas abultadas y dormidas en la ladera de una colina.

Y los pastores. Campesinos. Probablemente llevaban puesta toda la ropa que tenían. Olían a oveja y lucían igual de lanudos. Eran cuidadosos, dispuestos a pasar la noche con sus rebaños. Pero no encontrará sus cayados en un museo ni sus escritos en una biblioteca. Nadie les pedía su opinión respecto a la justicia social o a la aplicación de la Tora. Eran desconocidos y simples.

Una noche común con ovejas comunes y pastores comunes. Y si no fuese por Dios, a quien le complace agregar un “detalle adicional” en el frente de lo común, la noche habría pasado inadvertida. Las ovejas habrían sido olvidadas y los pastores habrían dormido toda la noche.

Pero Dios danza en medio de lo corriente. Y esa noche bailó un vals.

El cielo negro estalló en fulgor. Àrboles que daban sombra irrumpieron en claridad. Ovejas que estaban en silencio se convirtieron en un coro de curiosidad. En un instante, el pastor que estaba dormido como una piedra, un momento después se restregaba los ojos con la mirada fija en el rostro de un extraterrestre.

La noche dejó de ser común.

El ángel vino de noche porque es el momento en que mejor se ven las luces y es cuando más se necesitan. Dios se presenta en lo común por la misma razón.

Sus herramientas más poderosas son las más sencillas.

Considere la vara de Moisés. A esa altura de su vida, Moisés había sido pastor el mismo tiempo que príncipe, y se había acostumbrado a ello. Cuidando ovejas no se llevaba una vida tan activa como la que se vivióa entre la realeza egipcia, pero tenía sus momentos especiales, sobre todo cuando Dios le habló a través de un arbusto que ardía y no se consumía. Dios le anunció que él era el hombre para esa tarea. Dios afirmó que lo importante no era quien era Moisés sino quién era “ÉL”. Y se propuso demostrarlo.

-Moisés -dijo la voz desde el arbusto-, echa en tierra tu vara.

Moisés, que había recorrido esta montaña durante cuarenta años, no se sentía agradado con la orden.

-Dios, tú sabes mucho acerca de tantas cosas, pero es posible que no sepas que por aquí, pues bien, uno no anda tirando su vara por ahí. Nunca se sabe cuando…

– Échala, Moisés.

Moisés la echó. La vara se convirtió en serpiente, y Moisés se echó a correr.

-¡Moisés!

El viejo pastor se detuvo.

– Agarra la serpiente.

Moisés miró por encima de su hombro, primeramente a la serpiente y después al arbusto; luego respondió de la manera más valiente que pudo.

-¿Qué?

– Agarra la serpiente… por la cola. (A este punto Dios tuvo que estar sonriendo.)

– Dios, no es mi intención presentar objeciones. Es decir, tú sabes muchas cosas, pero aquí en el desierto, pues bien, uno no anda agarrando serpientes con frecuencia, y nunca se agarran las serpientes por la cola.

-¡Moisés!

-Sí, Señor.

En el momento que la mano de Moisés tocó la resbalosa serpiente, se endureció. Y Moisés levantó la vara. La misma vara que habría de levantar en la corte de Faraón. La misma vara que habría de levantar para dividir las aguas y guiar a dos millones de personas por un desierto. La vara que recordaría a Moisés que si Dios puede hacer que una vara se convierta en serpiente para luego volverse vara nuevamente, entonces es posible que pueda hacer algo con los corazones rebeldes y un pueblo de dura cerviz.

Quizás pueda hacer algo con lo común.

O considere otro pastor de Belén.

Hay ciertas cosas que cualquiera sabe que no debe hacer. Uno no debe intentar enlazar un tornado. Ni enfrentarse a un león con un palillo. Uno no debe estornudar de frente al viento. Tampoco salir a cazar osos con una escopeta que dispara corchos. Y uno no debe enviar a un pastorcillo a luchar contra un gigante.

Es decir, no debe hacerlo a menos que se le acaben las alternativas. A Saúl se le acabaron. Y en ese momento que se acaban, es cuando estamos más preparados para las sorpresas de Dios.

¡Saúl sí que se sorprendió!

El rey trató de equipar un poco a David. “¿Qué quieres muchacho? ¿Coraza? ¿Espada? ¿Granadas? ¿Rifles? ¿Un helicóptero? Te convertiremos en un Rambo“.

David pensaba en otra cosa. Cinco piedras lisas y una honda de cuero común y corriente.

Los soldados contuvieron el aliento. Saúl suspiró. Goliat se burló. David hizo girar la honda. Y Dios se expresó con claridad. “Cualquiera que subestime lo que puede hacer Dios con las cosas comunes tiene piedras en su cabeza”.

¿Y el ciego que descubrieron Jesús y los discípulos? Los seguidores pensaron que era un gran caso de estudio teológico.

¿Por qué piensas que es ciego? -preguntó uno.

– Debe haber pecado.

– No, la culpa es de sus padres.

– Jesús, ¿qué crees tú? ¿Por qué es ciego?

– Es ciego para mostrar lo que puede hacer Dios.

Los apóstoles sabían lo que se venía; habían visto anteriormente esa mirada en los ojos de Jesús. Sabían lo que iba a hacer, pero no sabían cómo lo haría. “¿Relámpagos? ¿Truenos? ¿Un grito? ¿Un aplauso?” Todos observaban.

Jesús empezó a mover un poco la boca. Los espectadores miraban fijamente. “¿Qué está haciendo?” Movía la mandíbula como si estuviese masticando algo.

Algunas de las personas comenzaron a inquietarse. Jesús seguía masticando. Su mandíbula hacía movimientos circulares hasta que tuvo lo que quería. Saliva. Saliva común y corriente.

Si nadie lo dijo, alguien lo debió pensar: “¡Puaj!”

Jesús escupió en el suelo, metió su dedo en la mezcla y la revolvió. Pronto se convirtió en un pastel de lodo, y untó un poco en los ojos del ciego.

El mismo que convirtió una vara en cetro y una piedra en misil, ahora convirtió saliva y lodo en bálsamo para la ceguera.

Una vez más, lo mundano se volvió majestuoso. Una vez más lo aburrido se volvió divino, lo simple santo. Una vez más el poder de Dios fue visto no a través de la habilidad del instrumento, sino por medio de su disponibilidad.

“Dichosos los de corazón humilde”, explicó Jesús. Dichosos los que están dispuestos. Dichosos los conductos, los túneles, las herramientas. Delirantemente gozosos son aquellos que creen que si Dios ha usado varas, rocas y saliva para hacer su voluntad, pude entonces usarnos a nosotros.

Haríamos bien en aprender una lección de la vara, la roca y la saliva. No se quejaron. No cuestionaron la sabiduría de Dios. No sugirieron un plan   inanimados para su misión es porque ellos no le dicen cómo hacer su obra!

Es como la historia del barbero que se hizo pintor. Cuando le preguntaron por qué había cambiado de profesión, respondió: “Un lienzo no me dice cómo embellecerlo”.

Tampoco lo hacen los de corazón humilde.

Es por eso que el anuncio fue primero para los pastores. Ellos no le preguntaron a Dios si estaba seguro de lo que hacía. Si el ángel se hubiese presentado a los teólogos, habrían consultado primeramente sus comentarios. Si se hubiese presentado a la élite, habrían mirado a su alrededor para ver si alguno los estaba observando. Si se hubiese presentado a los triunfadores, primero habrían visto sus calendarios.

De modo que se presentó a los pastores. Hombres que no tenían una reputación que proteger ni intereses egoístas ni necesidad de escalar posiciones. Hombres que no sabían lo suficiente para decirle a Dios que los ángeles no le cantan a las ovejas y que los mesías no se encuentran envueltos en trapos durmiendo en pesebres.

Una pequeña catedral en las afueras de Belén marca el sitio que supuestamente es el lugar del nacimiento de Jesús. En la iglesia, detrás de un elevado altar, hay una cueva, una pequeña caverna iluminada por lámparas de plata.

Uno puede entrar al edificio principal y admirar la antigua iglesia. También puede entrar a la silenciosa cueva donde una estrella grabada en el piso reconoce el nacimiento del Rey. Existe, sin embargo, una cláusula. Es necesario agacharse. La puerte es tan baja que no es posible entrar erguido.

Lo mismo es cierto en el caso de Cristo. Es posible ver al mundo en posición erguida, pero para ver al Salvador, es necesario arrodillarse.

Así que…

mientras los teólogos dormían,

los de la élite soñaban

y los triunfadores roncaban,

los de corazón humilde

estaban arrodillados.

Arrodillados delante de Aquél al que sólo verán los de corazón humilde.

Estaban arrodillados delante de Jesús.

“Bienaventurados los de corazón humilde porque heredarán la tierra”

Mateo 5:3

Copido del libro: Aplauso del cielo.

Autor: Max Lucado.

1996 Editorial Caribe.

Citas de los relatos bíblicos mencionados:

La vara de Moisés: véase Éxodo 4:1-4

David y Goliat: véase 1 Samuel 17

Jesús sanando al ciego: véase Juan 9:1-6

NACIMIENTO DE JESÚS

HOMBRE Y DIOS A LA VEZ.

 JESÚS DIOS-HOMBRE

Cristo, hombre y Dios a la vez. Colosenses 2:9 dice:

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.

Jesús no fué un hombre semejante a Dios, ni un Dios semejante a un hombre. El éra Dios-Hombre. ¿Qué podemos hacer con tal persona? Una cosa es cierta, no podemos ignorarlo.

El es la persona más importante que ha vivido. ¿Destituírlo? No podemos. ¿Resistirlo? Igualmente difícil.

¿No necesitamos a un Dios-Hombre Salvador. Un sólo “Dios- Jesús”, podría hacernos pero no entendernos. Un solamente “hombre- Jesús”, podría amarnos pero nunca salvarnos. Pero ¿un Jesús Dios y Hombre? Lo suficientemente cercano como para tocarle. Lo suficientemente fuerte para confiar en El. Un Salvador irresistiblemente encontrado por millones de almas.

Como dice el Apóstol Pablo en Filipenses 3:8, nada se compara  al “incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor.”

El Hombre y Dios a la vez.

Autor: Max Lucado.

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

Link hacia el sitio original: haz click aquí.

MAX LUCADO.

Max Lucado.

UN AMOR QUE NUNCA FALLA.

“El amor nunca deja de ser” 1 Corintios 13:8

Un amor que nunca falla. Difícil de imaginar, ¿no lo crees?

¿Algún amor humano te ha fallado alguna vez? Supongo que tu respuesta podría ser: -“Si, mas veces de las que me gustaría admitir”.

1 Corintios 13:8 promete que “el amor nunca falla”, el amor jamás se extingue, el amor nunca deja de ser. El tipo del amor de Dios.

Tengo la sensación de que muchos estamos sedientos de éste tipo de amor.

Aquellos que debieron haberte amado, no lo hicieron.

Aquellos que podrían haberte amado, no lo hicieron.

No acudieron cuando estabas en el hospital.

Te abandonaron ante el altar.

Te dejaron con una cama vacía.

Te dejaron con un corazón roto.

Te dejaron con una pregunta: -“¿Alguien puede amarme?

Escucha la respuesta del cielo: Dios te ama con un amor que nunca falla.

Un amor que nunca se extingue. Un amor que nunca dejará de ser.

Te ama de una manera personal. Te ama de una manera poderosa, apasionada.

Dios te ama con amor incondicional.

Y Su amor, si tu lo permites, puede llenarte.

Ven, si estás sediento de éste amor, y bébelo profundamente.

 

Autor: Max Lucado.

Del libro:”Come Thirsty”

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

 

UN AMOR QUE NUNCA FALLA

VEN Y COMPRUÉBALO.

 JESÚS Y NATANAEL

Preguntó Natanael:
—¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Felipe le contestó:
—Ven y compruébalo.

Juan 1:46

 La primera respuesta dada al primer incrédulo es la única que hace falta. Cuando Natanael dudó que algo bueno pudiera salir de Nazaret, la respuesta de Felipe fue simple: «Ven y compruébalo».

La pregunta de Natanael sigue resonando: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?» ¿Han cambiado este mundo dos mil años de cristianismo? ¿Vale la pena estudiar la vida del joven carpintero de Nazaret?

La pregunta sigue en pie.

Y la respuesta de Felipe sigue siendo satisfactoria. Ven y compruébalo.

Ven y comprueba la roca que ha sobrevivido los embates del viento de los tiempos.

Oye su voz.

La verdad inconmovible,la gracia inmaculada,

la lealtad sin cobardía.

Ven y comprueba la llama que los tiranos y los déspotas no han podido extinguir.

Ven y comprueba la pasión que la opresión no ha aplastado.

Ven y comprueba los hospitales y los orfanatorios levantándose junto a las ruinas del humanismo y del ateísmo. Ven y comprueba lo que Cristo ha hecho.

Ven y comprueba el gran drama que se ha tejido a través de veinte siglos de historia y arte.

Handel llorando mientras compone El Mesías .

Da Vinci suspirando mientras pinta la Última Cena .

Miguel Ángel dando un paso atrás en busca de la perspectiva de la escultura de su

David y pidiéndole que hable.

¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Ven y compruébalo.

Comprueba cómo Wilberforce lucha por la libertad de los esclavos en Inglaterra, porque creía.
Comprueba que Washington ora en Valley Forge, porque creía.

Comprueba que Lincoln solo lee su Biblia de hojas gastadas, porque creía.

¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Ven y compruébalo.

Ven y comprueba las vidas cambiadas:

el alcohólico ahora es sobrio,

el amargado ahora tiene gozo,

el avergonzado ahora es perdonado.

Ven y comprueba los matrimonios reconciliados, los huérfanos adoptados, los presos inspirados.

Viaja hasta la selva y escucha los tambores marcando alabanzas.

Entra a hurtadillas por los rincones del comunismo y comprueba que los creyentes adoran bajo amenaza de muerte.

Camina por las celdas de los condenados a muerte y nota al preso que aunque el hombre condenó, Dios lo liberó.

Aventúrate en las cárceles y los calabozos del mundo y escucha las canciones de los salvos que rehúsan mantenerse en silencio.

¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?

Ven y comprueba la mano horadada de Dios tocando el corazón más humilde, enjugando las lágrimas del rostro arrugado y perdonando el pecado más horrible.

Ven y compruébalo.

Ven y comprueba la tumba. La tumba una vez ocupada, ahora vacante; la sepultura una vez sellada, ahora vacía. Los cínicos han construido sus teorías, los incrédulos han salido con sus preguntas. Pero sus reflexiones continúan fundiéndose a la brillante luz de la mañana de resurrección.

Ven y compruébalo. Él no evita a quienes indagan.

No pasa por alto a quienes investigan.

No teme a los que buscan. Ven y compruébalo.

Natanael vino. Y Natanael comprobó. Y Natanael descubrió: «Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

 tomado de el libro “El trueno apacible”

de Max Lucado.

VEN Y COMPRUÉBALO.jpg

DIOS ESCUCHA.

Filipenses.jpg

Tu y yo vivimos en un mundo ruidoso. Conseguir la atención de alguien no es una tarea facil.  Pero cuando alguien es diligente para hacer a un lado todo lo demás para poder escucharnos claramente, es un privilegio. ¡Realmente un raro privilegio!

Tu puedes hablar con Dios porque Dios sabe escuchar. Tu voz importa en los cielos.

El te toma muy en serio. No tienes que temer ser ignorado. Incluso cuando tartamudeas y tus palabras no impresionarían a nadie, si le impresionan a Dios.

El te escucha.

Con atención.

Con cuidado.

Tu oración en la tierra activa el poder de Dios desde el cielo.

La Biblia dice:

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

Mateo 6:10

Tus oraciones son honradas como joyas preciosas.

Tu tal vez no puedas entender todo el misterio de la oración. No hace falta. Pero una cosa es muy clara: Las acciones desde el cielo comienzan cuando alguien ora en la tierra.

¡Qué maravilloso pensamiento”

De ” The Great House of God” Max Lucado.

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

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 DIOS ESCUCHA

DOLOR ANTE LA TUMBA.

Hijo de Rick Warren

DOLOR ANTE LA TUMBA.

Una nota personal de Max Lucado…

Nuestros corazones están con Rick y Kay Warren. Desde que nos enteramos de la noticia de la muerte repentina de su hijo, mi esposa Denalyn y yo hemos sentido tanta tristeza por ellos. Estoy seguro de que ustedes han sentido lo mismo. Los Warren, que tanto significan para muchos de nosotros, se encuentran enfrentando lo que ningún padre quisiera enfrentar jamás.

Rick Warren

En mis años como Pastor, las horas más difíciles han sido aquellas en las que he visto a padres despedir a sus hijos. Pensando en aquellos en nuestra congregación, pensando en Rick y Kay, escribí  ésta oración.

DOLOR JUNTO A LA TUMBA.

Ellos nunca planearon traer a sus hijos aquí, Padre.

Ellos planearon llevar a sus hijos a la escuela, al zoológico, al Jardín de Niños, a la playa…

Pero, ¿aquí? No.

¿A las clases de piano? Si.

¿A los campos de fut ball? Si.

¿A su graduación? Si.

Pero, ¿aquí? Nunca. Ningún padre planea traer a su hijo aquí.

Los hijos son los que traen a sus padres aquí. ¿No es así el orden de las cosas? Los hijos y las hijas entierran a sus mamás y papás. ¿Quién puede soportar el peso de tal inversión de eventos?

¿Quién puede estar de pié junto a la tumba de su propio hijo?

Cuán profunda tristeza. Este elixir de arrepentimiento, remordimiento, dudas, “y si tan solo…”

¿Quién puede soportar su sabor?

Oramos por éstos padres, Señor. Nuestras más amables palabras caen como cáscaras vacías.

Ayúdanos a saber cómo ayudarles.

Tú lo sabes. Tú has estado ahí.

Tú llevaste a Tu propio Hijo al cementerio. Tú resucitaste la esperanza de aquella tragedia.

¿Podrías traer la esperanza de nuevo?

A través de Jesús,

Amén.

Link al sitio original haz click aquí.

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

AMOR QUE NO ABANDONA.

AMOR QUE NO ABANDONA

Por Mayra Gris de Luna.

Nos casamos en el mes de Abril. Veintiún años han pasado desde que mi esposo y yo hicimos un pacto. El pacto del matrimonio. Pronunciamos votos que son promesas. Promesas de fidelidad, de cuidado, de amor, de lealtad, de compromiso. Las hemos guardado hasta hoy. Y no porque los años pasen son menos importantes y no porque los años pasen las vamos a olvidar. Es bueno recordar que hicimos un pacto. Que firmamos un contrato legal. Que las promesas no sólo nos las hicimos nosotros. Las hicimos a Dios. Un Dios de pactos.

El matrimonio tiene diferentes sabores. A veces es exquisito y dulce. Otras es agrio. Hay momentos amargos y a veces hay momentos simples. Por supuesto que hay sabores que no nos agradan tanto. Pero así como en un banquete, para disfrutar del postre es necesario pasar por diferentes tiempos; saboreamos más la calma, después de la tempestad.

Matrimonio: Promesa eternaEn un tiempo en que la sociedad se ve afectada por tantos divorcios, es necesario que los matrimonios nos afiancemos de La Roca.  

Es importante que nos tomémos fuertemente de la mano de nuestro Dios, quien a su vez ha cumplido Su promesa de no abandonarnos no sólo porque El es fiel, sino porque nos ama.

Aprendamos de tal amor que se entregó hasta la muerte; de ese amor que cubre multitud de faltas: el amor que no abandona.

Amemos así a nuestra pareja. Abandonar no es una opción.

Comparto una porción de un escrito de Max Lucado, un escrito que no por ser bello deja de ser una fuerte exhortación para cumplir nuestra promesa matrimonial.

“Notable. Dios hizo un pacto con el hombre. Una y otra vez, Dios ha honrado ese pacto:

Cuando los hijos de Israel se quejaron en la esclavitud, Dios no los dejó.

Cuando después de haberlos liberado, ellos querían regresar a Egipto, Él no los dejó.

Cuando hicieron un becerro de oro y lo adoraron, Dios no los dejó.

Cuando su rey, el rey David adulteró, mintió, engañó, y cometió asesinato, Dios no abandonó a su pueblo tampoco.

Cuando los propios amigos de Jesús se quedaron dormidos mientras él agonizaba en oración en Getsemaní, Él no los abandonó.

Cuando uno de sus seguidores le dio el beso de la traición en su mejilla, Él no se fué.

Cuando un soldado romano hirió su espalda con el látigo hasta sangrarla, Jesús soportó, Jesús no se fué.

Cuando experimentó el quebranto del dolor en todo su cuerpo, Jesús no se fué.

Cuando regresó de la tumba después de haber resucitado  y encontró a sus apóstoles acurrucados juntos en medio de el miedo, Él no los dejó.

Esa es la clase de Dios que servimos.

Un Dios de pacto.

Es por eso que las promesas del pacto son importantes para Dios.

Dios cree que una promesa  es un pacto para ser honrado.

Como Hijos de Dios, guardar pactos es nuestra herencia.

Una herencia que nos llama a ser fieles, un ejemplo que nos obliga a guardar nuestra promesa y nuestro pacto no sólo a Dios, sino a nuestro cónyuge.

Si tu matrimonio necesita reconstrucción, tienes un Dios que te insta a invocarlo para ayudarte a reconstruir tu hogar.

Uno de los últimos mensajes que mi padre me dio fue garabateado en un trozo de papel mientras yacía en su cama de hospital: “Max, sé fiel a tu esposa”.

Tenemos una tradición de fidelidad.

No hay ninguna razón más para ser fiel a tu cónyuge que para honrar al Dios que ha sido fiel a ti”.

Hace veintiun años!

Gracias amor porque hasta hoy has permanecido a mi lado, fiel a tu promesa.
Te amo.

Poema de Máx Lucado traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

Obtenido de “Dark Country of Divorce”

EL SILENCIO DEL SÁBADO. Max Lucado

Jesús permanece en silencio el sábado. Las mujeres han ungido su cuerpo y lo pusieron en la tumba de José. El cadáver de Cristo es tan mudo como la piedra que lo protege. Habló mucho el viernes. Él va a liberar a los esclavos de la muerte el domingo. Pero el sábado, Jesús permanece en silencio.

Así es Dios. Se hizo oír el viernes. Arrancó las cortinas del templo, abrió las tumbas de los muertos, sacudió la tierra, bloqueó el sol del cielo, y sacrificó al Hijo del Cielo. La tierra ha oído hablar mucho de Dios el viernes.

Nada en sábado. Jesús permanece en silencio. Dios está en silencio. El sábado es silencioso.

Las conversaciones de fin de semana de Semana Santa suelen saltarse el sábado. El viernes y domingo captan la atención. La crucifixión y la resurrección son el centro de nuestros pensamientos. Pero no hay que pasar por alto el sábado. Nosotros tenemos nuestros “sábados” también.

Nuestros “sábados silenciosos”. El día entre la lucha y la solución, el día entre la pregunta y la respuesta, entre la oración hecha y la respuesta a nuestra petición.

El silencio del sábado nos atormenta. ¿Estará enojado Dios conmigo?
¿Acaso le he defraudado?

Dios sabe que Jesús está en la tumba, ¿por qué no hace algo? O, en su caso, Dios sabe que tu carrera está en picada, o tus finanzas andan por los suelos, o tu matrimonio está hecho un desastre. ¿Por qué Dios no actúa? ¿Qué se supone que debes hacer hasta que lo hace?

Uno hace lo que Jesús hizo. Quédarse quieto. Permanecer en silencio. Confíar en Dios. Jesús murió con esta convicción:

“Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción”. ( Hechos 2:27 )

 Jesús sabía que Dios no lo dejaría solo en la tumba. Nosotros necesitamos saber que Dios no nos dejará solos en nuestras luchas. Su silencio no es ausencia, la inactividad no es  apatía. Los sábados en nuestra vida tienen su propósito. Nos dejarán sentir toda la intensidad de la fuerza de Dios. Si Dios hubiera resucitado a Jesús sólo quince minutos después de la muerte de su hijo, ¿habríamos apreciado el acto? Si fuera a resolver nuestros problemas en el segundo siguiente al que aparecen , apreciaríamos y valoraríamos de la misma forma Su fortaleza? 

Por Sus motivos, Dios inserta “sábados” entre nuestros “viernes” y nuestros “domingos”. Si hoy es uno para ti, sé paciente. Y así, como alguien que soportó el silencio del Sábado escribió:

“Ten paciencia, hermano, hasta la venida del Señor” (Santiago 5:7 RV).

Max Lucado,  30 de Marzo 2013

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

EL SILENCIO DEL SÁBADO

LA CARGA DE LA PREOCUPACIÓN.

“El me guía hacia las aguas tranquilas”

Salmo 23:2

Imagina que tienes un hijo de diez años y está preocupado. Tan ansioso que no puede ni comer. Tan preocupado que no puede dormir. “¿Qué te pasa?” le preguntas. El niño mueve la cabeza y replica: “Ni siquiera tengo un plan para mi pensión”.

O a tu hijita de 4 años llorando en su cama y le preguntas: “¿qué pasa mi bebé? y te responde con aflicción: “Creo que nunca aprobaré la clase de química cuando curse la preparatoria”.

O a un niño de ocho años con el ceño fruncido enojado consigo mismo diciendo: “Seguramente no podré ser un buen padre. Que tal si no puedo dar un buen ejemplo a mis hijos”.

¿Cuál sería tu reacción ante tales declaraciones? Además de llevarlos con un buen psicólogo, tu respuesta sería enfática: “Estás muy pequeño para preocuparte de esas cosas. Cuando llegue el momento, sabrás que hacer”.

Afortunadamente, la mayoría de los chicos no tienen tales pensamientos.

Y desafortunadamente, los adultos los tenemos de sobra.

La preocupación es una de las mayores cargas que llevamos. Nuestra mente está llena de ” y si…” y “cómo le voy a hacer cuando…”

“Y si llueve durante mi boda?, ¿cómo sabré cuando disciplinar a mis hijos?, ¿y si me caso con alguien que ronca?, ¿cómo pagaré la inscripción de mi hijo en la universidad?

La carga de la preocupación: pesada como una bolsa de artillería, incómoda, fea, difícil de cargar. Irritante a mas no poder cuando insistes en llevarla a todos lados. Nadie quisiera cargar con tu pesada bolsa de preocupaciones. Y la verdad, a ti tampoco te gustaría cargar con las preocupaciones de otro.

No es necesario recordarte el alto costo de la ansiedad. (Pero de todas formas lo haré :))

La preocupación divide la mente. La palabra original de lo que en la Biblia se traduce como preocupación es “merimnao”. Es una palabra compuesta por dos palabras griegas: “merizo” que significa: dividir, y “nous” que significa mente. La ansiedad divide nuestra energía entre las prioridades del hoy, y los problemas del mañana. Parte de nuestra mente está en el ahora, y el resto en lo que no ocurre todavía. El resultado es como vivir con una mente a medias.

Y esa no es la única consecuencia. Preocuparse no es una enfermedad, pero si causa enfermedades. Está relacionada con la hipertensión arterial, problemas del corazón, migraña, gastritis, y muchas enfermedades mas.

La ansiedad es un hábito que resulta muy caro. Por supuesto valdría la pena su costo si sirviera de algo, pero no sirve para nada. Es totalmente inútil.

Jesús dijo: “Tu no puedes añadir tiempo a tu vida preocupándote por ello” (Mateo 6:27).

La preocupación nunca ha hecho que un día brille más, nunca ha resuelto algún problema o curado una enfermedad.

Un buen lugar para empezar a tratar con la preocupación y la ansiedad es ese lugar que describe la Biblia en el Salmo 23:2.

“Junto a aguas de reposo me pastoreará”.

Y si, por alguna razón no entendemos el punto, David enfatiza en el siguiente verso:

“Me guiará por sendas de justicia”.

“Me guiará”, “Me llevará”, “Me pastoreará”… Dios va delante de mi, animándome, diciendo “Vamos”, va por delante, despejando el camino, cortando la maleza, mostrando el camino. Justo antes de la curva, advierte: “Da vuelta por aquí”. Antes de la subida, te hace una señal: “Dale mas duro aquí”. Se para a un lado del acantilado con peligrosas rocas y te previene: “Cuida tus pasos aquí… ten mucho cuidado”.

El nos dirige. El nos dice lo que necesitamos saber cuando es necesario.

“Encontraremos gracia para el oportuno socorro” es decir, encontraremos gracia para ayudarnos cuando lo necesitemos. (Hebreos 4:16)

La ayuda de Dios es oportuna. El nos ayuda de la misma forma en que un papá le entrega los boletos de avión a su familia. Cuando yo viajo con mis niños, yo llevo los boletos y cuando llega el momento de abordar el avión, yo me paro en medio de la persona que pide los boletos y el hijo que va a abordar. Con cada hija que pasa, le pongo el boleto en su mano. Ellos los entregan en ese mismo momento.

Lo mismo que yo hago con mis hijos, es lo que Dios hace contigo. El se coloca en medio de ti y la necesidad. Y, en el momento preciso, te entrega tu boleto.

Esta es la lección que Dios le dió a sus hijos los israelitas. El prometió proveerles para comer cada día con un pan que caía del cielo llamado maná. Pero les dijo que recogieran solo una ración por día. Aquellos que desobededieran y recogieran para dos días, se encontrarían con un maná podrido. La única excepción a ésta regla era el día previo al Sabbath. El viernes ellos podían guardar doble ración. Resumiendo la lección: Dios les daría lo que necesitáran cuando lo necesitáran.

Dios nos lleva. Dios hará lo correcto en el tiempo correcto. Y esto es lo que hace la diferencia. Cuando sabemos que su provisión será oportuna, podemos disfrutar el presente.

 NO TE AFANES “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” Mateo 6:34

Dios te ayudará a enfrentar la situación cuando llegue el momento.

“No se qué haría si mi esposo muriera”… Lo sabrás, cuando llegue el momento.

“Cuando mis hijas se vayan de casa, no creo que podré soportarlo”… No será fácil, pero llegará la fortaleza cuando llegue el momento.

La clave es: Atiende los problemas de hoy con la fuerza de hoy. No pretendas empezar a satisfacer los problemas del mañana cuando el mañana aún no llega. No tienes todavía la fortaleza de mañana. Tienes solamente la fuerza para el hoy. Lo único que necesitamos saber es que Dios estará con nosotros.

Autor: Max Lucado

“Traveling light for mothers” The promise of Psalm 23

W Publishing Group.

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

El Dios de tu día.jpg

LA PRISION DEL “QUERER”.

LA PRISIÓN DEL “QUERER”, LA CARGA DEL DESCONTENTO.

Por Max Lucado.

“El Señor es mi Pastor, nada me falta”. 

Salmo 23:1 NVI

Ven conmigo a la prisión más poblada del mundo.

Las instalaciones tienen mas reclusos que literas; mas prisioneros que platos; mas residentes que recursos.

Acompáñame a la prisión más opresiva del mundo. Sólo pregunta a los reclusos y ellos te lo dirán. Están sobrecargados y desnutridos. Las paredes están rayadas y las literas son duras.

Ninguna otra prisión tiene tantos habitantes. La mayoría de los reclusos nunca se van. Nunca se escapan. Nunca se sienten aliviados. Ellos cumplen una sentencia perpetua en este desolado lugar.

¿El nombre de la prisión? Lo verás en la entrada. Pintada sobre la reja se ven las grandes letras de hierro donde se lee el nombre de este lugar:

Q -U -E -R -E -R 

La prisión del querer. Tienes que ver a los prisioneros. Ellos estan “queriendo”. Ellos quieren algo. Siempre quieren algo. Quieren algo más grande. Mas rápido. Más fino. Ellos quieren.

Tal vez ellos no “quieran” mucho hoy. Tal vez hoy solo quieren una cosa. Un carro nuevo. Una casa nueva. Una nueva esposa. No desean mucho. Solo “algo”.

Y cuando logren tener “eso”, se sentirán felices. Y de hecho, estarán felices. Cuando consiguen algo, entonces podrían abandonar la prisión. Pero entonces algo ocurre. El nuevo trabajo se vuelve viejo. El vecino compra un televisor mas grande. La nueva esposa tiene malos hábitos. El entusiasmo se esfuma y después de un tiempo de “libertad condicional” regresan a la cárcel.

¿Estás tu en prisión? Lo estás si tu te sientes mejor cuando tienes mas y peor cuando tienes menos.

Lo estás si tu alegría se encuentra a “un paquete” de distancia,  si depende del próximo depósito monetario que recibas, del premio que esperas, o el próximo cambio de imágen que deseas.

Si tu felicidad proviene de algo que gastas, manejas, tomas, o digieres, entonces enfréntalo- eres un prisionero, estás en la cárcel… la prisión del querer.

Esa es la mala noticia. Pero la buena noticia es que tienes una visita. Y tu visita tiene un mensaje: te puede conseguir la libertad condicional.

Te diriges hacia el salón de visitas. Tomas tu lugar en la silla y miras al otro lado de la mesa y ves que el visitante es el salmista David. Te hace una seña para que te acerques y susurra: “Tengo un secreto para ti”…”El secreto de la SATISFACCIÓN”.”El SEÑOR es mi Pastor. NADA ME FALTA” (Salmos 23:1 NVI).

David ha encontrado la clave donde el descontento puede morir. Es como si dijera “Lo que tengo en Dios es mucho más grande que lo me falta”.

¿Crees que tu y yo podríamos aprender a decir lo mismo?

Sólo por un momento piensa en las cosas que posees. Piensa en la casa que tienes, el auto que manejas, el dinero que has ahorrado. Piensa en las joyas que tienes en tu alhajero y la ropa que has comprado. Visualiza todo eso y déjame recordarte dos verdades bíblicas.

TUS COSAS NO SON TUYAS. Pregunta en las funerarias. Pregunta al embalsamador. Nadie se lleva algo cuando muere. Cuando uno de los hombres más prosperos en la historia, John D. Rockefeller, murió, uno de sus contadores  preguntó a otro de ellos: “¿Cuánto dejó el Sr. Rockefeller?” el otro contador respondió: “Todo”.

Tus cosas no te pertenecen, no podrás llevártelas. Y ¿sabes otra cosa?

TU NO ERES TUS COSAS. Quien tú eres no tiene nada que ver con la ropa que usas ni con el carro que manejas. Jesús dijo: “La vida no está definida por lo que tienes, incluso cuando tienes mucho” (Lucas 12:15 MSG).

Al cielo no le importa si tu eras la mujer de la casa enorme. Al cielo le importa tu corazón.

“El hombre ve lo que tiene delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón” 1 Sam. 16:7

 Cuando Dios piensa en ti, tal vez vea tu compasión, tu devoción, tu ternura o tu agilidad mental, pero no piensa en tus cosas.

Y cuando tu piensas en ti mismo, tampoco deberías pensarlo. Defínete a ti mismo por tus cosas y te sentirás muy bien cuando tienes mucho, y muy mal cuando tienes poco.

El contentamiento viene cuando nosotros podemos decir de una manera honesta junto con Pablo: “He aprendido a contentarme en la pobreza y en la abundancia” Filipenses 4:11-12

Tal vez estas esperando que un cambio en las circunstancias te traerá un cambio en tu actitud. Si es así, entonces estás en prisión, y tu necesitas aprender que lo que tienes en tu Pastor es mas grande que lo que no tienes.

¿Qué es lo que te hace sentir insatisfecho? Llena el espacio:

“Me sentire feliz cuando: ___________________

Tal vez piensas:  “Cuando sea sanado, cuando esté más delgada, cuando tenga un hijo, cuando mis hijos se vayan de casa, cuando sea rico”…

Con tu respuesta firmemente en mente, responde a esto: ¿y si nunca llega ese barco? es decir, si tu sueño nunca se convierte en realidad? Si esa situación nunca cambia, ¿podrías ser feliz? Si no, entonces estas durmiendo en la fría celda del DESCONTENTO. Estás en prisión. Y necesitas saber lo que tienes en tu Pastor, lo que tienes en el Señor.

Tienes un Dios que te escucha.

Tienes el poder del amor detrás de ti,

al Espíritu Santo dentro de ti,

y al cielo delante esperando.

Si tu tienes al Pastor, tu alcanzas la gracia que perdona cada pecado,

la dirección para cada camino,

la luz que te alumbra siempre,

y el ancla para cada tormenta.

Tienes todo lo que necesitas.


Y ¿alguien podría quitártelo? Podría la leucemia infectar tu salvación? ¿Podría la banca rota empobrecer tus oraciones? o un tornado podría llevarse tu casa terrenal, pero ¿podría arrebatarte tu hogar celestial?

Una vez un hombre acudió con un ministro para recibir un consejo. Estaba en medio de un colapso financiero.

“Lo he perdido todo” confesó al ministro.

“Oh, siento mucho que hayas perdido tu fé” dijo el ministro.

“No” le corrigió el hombre, “No he perdido mi fé”

“Bueno” dijo el ministro, “entonces siento mucho escuchar que has perdido tu carácter”

“Yo no dije eso” dijo el hombre “Todavía tengo mi carácter”.

“Siento mucho escuchar que has perdido tu salvación” dijo el ministro.

“Eso no es lo que dije” objetó el hombre. “Yo no he perdido mi salvación”

“Tu tienes tu fé, tu carácter, tu salvación. Me parece que no has perdido ninguna de las cosas que realmente importan” dijo el ministro.

Nosotros tampoco.

¿Qué podrías ganar con el CONTENTAMIENTO? Podrías ganar tu matrimonio. Podrías ganar preciosas horas con tus hijos. Podrías ganar auto respeto. Podrías ganar gozo. Podrías ganar la fé de decir “El Señor es mi Pastor. Nada me falta”.

Trata diciéndolo lentamente: “El Señor es mi Pastor. Nada me falta”.

Dilo otra vez: “El Señor es mi Pastor, Nada me falta”

De nuevo: “El Señor es mi Pastor, Nada me falta”.

Shhhh. ¿Escuchaste algo?… Creo que escuché algo… No estoy seguro…. pero creo que escuché que la reja de la cárcel se abrió…

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

Autor: Max Lucado

Tomado del libro: “Traveling light for Mothers”

W Publishing Group

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¿NO ERES DEL TODO FELIZ?

¿Tienes a Dios en tu vida y aún así no te sientes del todo feliz? ¡No te preocupes! ¡ES NORMAL! ¿que cómo está eso? Mejor que te lo explique uno de mis autores favoritos, Max Lucado. He aquí un fragmento de sus palabras al respecto:

He llegado a comprender que el único desastre fundamental que nos puede acontecer, es el de sentir que estamos en casa aquí sobre la tierra. Mientras seamos extranjeros, no olvidaremos nuestra verdadera patria.

A veces nos sentimos abrumados ante los problemas cotidianos, la enfermedad, crisis económicas, soledad, problemáticas mundiales como guerras, hambre, armas, narcotrafico, pobreza, decadencia moral… y en esos momentos anhelamos el cielo.

Al producirse en nosotros una profunda insatisfacción, Dios capta nuestra atención.

La única tragedia entonces, es sentir satisfacción prematura. Conformarse con la tierra. Sentirse a gusto en tierra extraña.

No somos felices aquí porque éste no es nuestro hogar. No somos felices aquí porque no se supone que seamos felices en este lugar. Somos “como extranjeros y forasteros en este mundo” (1 Pedro 2:11).

Toma un pez y ponlo sobre la playa. Observa cómo sus branquias se convulsionan y se le secan las escamas. ¿Está feliz? ¡No! ¿Cómo se puede lograr su felicidad? Cubriéndolo con una montaña de dinero en efectivo? ¿Consiguiéndole una silla playera y un par de anteojos para sol? Por supuesto que no. Entonces ¿cómo se puede lograr su felicidad? Se vuelve a colocar en su elemento. Se lleva otra vez al agua. Nunca será feliz en la playa simplemente porque no fue hecho para estar allí.

Y nunca seras feliz del todo sobre la tierra simplemente porque no fuiste hecho para la tierra. Ah si, tendrás tus momentos de gozo. Podrás vislumbrar momentos de luz. Conocerás momentos o hasta días de paz. Pero no comparables con la felicidad que se encuentra más adelante.

“Tu nos has hecho para ti y nuestros corazones están inquietos hasta poder descansar en ti”, dice una composición.

El descanso en esta tierra es un descanso falso. Cuídate de quienes te insten a encontrar aquí la felicidad; no la encontrarás. Guárdate de los falsos médicos que prometen que sólo hace falta una dieta, un matrimonio, un trabajo o una transferencia para encontrar gozo.

El profeta Jeremías denunciaba a gente como esa: “Tratan por encima las heridas de mi pueblo; dicen que todo está bien, cuando todo está mal” Jeremías 6:14

Y nada estará bien hasta llegar al hogar.

Repito, vivimos algunos momentos especiales. El recién nacido sobre nuestro pecho, la novia de nuestro brazo, el sol sobre nuestras espaldas. Pero incluso esos momentos son apenas atisbos de luz que atraviesan la ventana del cielo. Esos son los aperitivos del plato que ha de venir.

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” 1 Corintios 2:9

¡Qué versículo impactante! ¿Te das cuenta de lo que dice? El cielo supera nuestra imaginación. No podemos imaginarlo. Aunque estemos en nuestro momento más creativo, nuestra reflexión más profunda, nuestro nivel mas alto, aun así no podemos sondear la eternidad. Cualquier cosa que te imagines se queda corta. Cuando se trata de describir el cielo, todos somos felices fracasos. Está más allá de nosotros. Pero también está dentro de nosotros.

Que esa vocecita interior de bendita insatisfacción te recuerde que no fuiste creado para este lugar, y que hay un lugar creado para ti.

Pero hasta entonces, sé realista. Baja tus expectativas con respecto a la tierra. Esto no es el cielo, así que no esperes que lo sea. Nunca habrá noticiero sin malas noticias. Nunca habrá una iglesia sin chismes ni competencia. Nunca habrá una auto nuevo, una nueva esposa o un nuevo bebé que pueda darte el gozo que anhela tu corazón. Solo Dios puede hacerlo. Y Dios lo hará. Sé paciente.

 

NUEVA JERUSALEN

Fragmento de el libro:

“Cuando Dios susurra tu nombre”

Max Lucado

Grupo Nelson.

“CUPO COMPLETO, NO HAY LUGAR”

 "CUPO COMPLETO, NO HAY LUGAR"

Unas de las palabras más tristes que uno puede escuchar son: “no tenemos lugar para ti”.

Jesús conocía el sonido de esas palabras. Él todavía estaba en el vientre de María cuando posada tras posada le dijeron:  “No hay lugar para ti.” (Lucas 2:7)

Años más tarde, recibió el rechazo absoluto cuando fue colgado en una cruz. El mensaje que Jesús recibió decía “No tenemos lugar para ti en nuestro mundo”.

Incluso hoy, las cosas no han cambiado mucho hacia Jesús. Va de corazón en corazón pidiendo entrar. De vez en cuando, es bienvenido. De vez en cuando alguien abre la puerta de su corazón y le invita a quedarse. Para éstos pocos corazones, Jesús tiene una promesa: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones” Juan 14:2

Qúe hermosa promesa: Cuando hacemos lugar para El en nuestros corazones, El tiene un lugar para nosotros en Su reino.

Juan 14:1-4

1  No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

De Max Lucado

“Grace for the moment”/ UpWords

Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

 

LA DECISIÓN.


Todo está en silencio. Es temprano. Mi café está caliente. El cielo aún está negro. El mundo sigue durmiendo. El día se aproxima.

En pocos momentos llegará el día. Se acercará rugiendo por la vía al levantarse el sol. La quietud de la madrugada

se tornará en el ruido del día. La calma de la soledad se reemplazará por el golpeteo rítmico del paso de la raza humana. El refugio de la temprana mañana invadirá las decisiones que deban tomarse y las obligaciones que deban cumplirse. 

Durante las próximas doce horas quedaré expuesto a las exigencias del día. Ahora es el momento en que debo tomar una decisión. Por causa del Calvario, tengo la libertad de decidir. Así que decido.

Elijo el amor…

Ninguna ocasión justifica el odio; ninguna injusticia autoriza la amargura. Elijo el amor. Hoy amaré a Dios y lo que Dios ama.

Elijo el gozo…

Invitaré a mi Dios para ser el Dios de la circunstancia. Rehusaré la tentación de ser cínico… la herramienta del pensador perezoso. Rehusaré considerar a las personas como menos que seres humanos, creados por Dios. Rehusaré ver en los problemas algo menos que una oportunidad de ver a Dios.

Elijo la paz…

Viviré habiendo sido perdonado. Perdonaré para que pueda vivir.

Elijo la paciencia…

Pasaré por alto los inconvenientes del mundo. En lugar de quejarme porque la espera es demasiado larga, agradeceré a Dios por un momento para orar. En lugar de cerrar mi puño ante nuevas tareas asignadas, las encararé con gozo y valor…

Elijo la amabilidad…

Seré amable con los pobres, pues están solos. Amable con los ricos, pues tienen temor. Y amable con los malvados, pues de tal manera me ha tratado Dios.

Elijo la bondad…

Prefiero estar sin un dólar antes que aceptar uno de manera deshonesta. Prefiero ser ignorado antes que jactarme. Prefiero confesar antes que acusar. Elijo la bondad.

Elijo la fidelidad…

Hoy guardaré mis promesas. Mis acreedores no se lamentarán de su confianza. Mis asociados no cuestionarán mi palabra. Mi esposa no cuestionará mi amor. Y mis hijos nunca tendrán temor de que su padre no regrese a casa.

Elijo la mansedumbre…

Nada se gana por la fuerza. Elijo ser manso. Si levanto mi voz, que sólo sea en alabanza. Si cierro mi puño, que sólo sea en oración. Si hago exigencias que sólo sean a mí mismo.

Elijo el dominio propio…

Soy un ser espiritual. Luego de que haya muerto este cuerpo, mi espíritu remontará vuelo. Me niego a permitir que lo que se va a podrir gobierne lo eterno. 

Elijo el dominio propio. Sólo me emborracharé de gozo. Solo me apasionará mi fe. Sólo Dios ejercerá influencia sobre mí. Sólo Cristo me enseñará. Elijo el dominio propio.

Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio, a éstos encomiendo mi día. Si tengo éxito, daré gracias. Si fallo, buscaré Su gracia. Y luego, cuando este día haya acabado, pondré mi cabeza sobre mi almohada y descansaré.

De MAX LUCADO

en el libro “Cuando Dios susurra tu nombre”, Grupo Nelson.