TENGO UNA MADRE QUE ORA.

Mamá y yo

Algunos han tenido reyes en su linaje

alguien a quien se le rindió honor

yo doy honor a mi Madre que para mi es una reina

porque tengo una Madre que ora.

Tengo una Madre que ora por mi

y clama por mi al Señor todos los días

¡Oh qué diferencia marca en mi!

Tengo una Madre que ora.

Algunos tienen éxito en el mundo

y confían en las riquezas que han hecho.

Este es mi tesoro mas preciado:

Tengo una Madre que ora.

Las oraciones de mi Madre no me pueden salvar

solo las mías pueden lograrlo;

pero mi Madre me presentó a Alguien,

Alguien que jamás me fallará.

Oh si… tengo una Madre que ora por mi

y clama por mi al Señor todos los días

¡Qué diferencia marca en mí

que tengo una Madre que ora!

Autor anónimo.

PAZ EN LA MENTE Y EN EL CORAZÓN. Oración.

Dame paz en la mente y en el corazón.

Señor, dame paz en la mente y en el corazón.

Controla mi mente,

Que exagera, que inventa, que supone.

Corrige mi mente,

Que me dice inútil, fracasada, poca cosa,

Considera mi mente,

Que desea amarte, adorarte, servirte.

Señor, dame paz en la mente y en el corazón.

Tranquiliza mi corazón,

Nervioso, inquieto, abrumado.

Suaviza mi corazón,

Endurecido, necio, perturbado.

Orienta mi corazón,

Confundido, lejano, extraviado.

Señor, dame paz en la mente y en el corazón.

Que al estar con mis hijos los disfrute,

Que al estar con mis hijos les transmita paz.

Que al estar con mis hijos haya serenidad.

Señor, dame paz en la mente y en el corazón.

“Suspiros para mamá”.

Patricia Adrianzén de Vergara

Keila Ochoa Harris.

Ediciones Verbo Vivo E.I.R.L.

Perú, Abril 2012.

ORACION DE UNA MADRE.

“Yo busqué…

pero definitivamente no encontré ningún manual de instrucciones anexo a mis hijos cuando nacieron.

Y no me ha llegado ningún manual por correo tampoco.

Señor, enséñame a ser una buena madre;

a corregirlos sin menosprecio,

a ayudarles sin hacerlos inútiles,

a escucharlos sin burlar o criticar,

a estrecharlos, sin asfixiarlos

y a amarlos sin límite como Tu me amas”.

                                                             de Susan L. Lenzkes

                                        Traducido y adaptado por Mayra Gris de Luna.

EL HIJO “OASIS” Y EL HIJO “MAESTRO”.

“En toda familia conformada por dos o más hijos, siempre hay un hijo al que llamo “oasis” y un hijo al que llamo “maestro”.

El “oasis “es ese hijo o hija que casi se autoforma y se auto educa, a veces parece que ya nació formado y educado. ¡Es tan fácil ser padre de ese hijo!, es responsable, no da problemas y la relación con él o ella fluye fácilmente.

El hijo “maestro”, en cambio, nos voltea al revés, es el que nos hace madurar, aprender y crecer, el que nos hace leer libros, ir a cursos y conferencias para encontrar la forma de lidiar con él, nos hace volver los ojos al cielo en busca de ayuda y con ello nos acerca a Dios y nos hace depender más de Él.

Tal vez te suene descabellado, pero revisa con todo detenimiento lo que ese hijo “maestro” te ha “obligado” a aprender y buscar; las búsquedas siempre conducen a algo bueno. Con los hijos difíciles tenemos la mejor oportunidad de aprender, entre muchas cosas, EL AMOR INCONDICIONAL.

No significa que los demás hijos no nos ayuden a aprender y a crecer, ellos lo hacen de diferente manera, por otros caminos; tampoco significa necesariamente que el hijo “oasis” será el más sano, exitoso y feliz, y que el hijo “maestro” será el enfermo, fracasado y desadaptado; TE SORPRENDERÁ SABER QUE, CON FRECUENCIA, EL HIJO DIFÍCIL ES EL MÁS SANO DE LA FAMILIA”.

Martha Alicia Chávez.