AVENTURAS EN EL SÓTANO.

Por Mayra Gris de Luna.

Habíamos llegado la noche anterior a vivir a habitar una casa amueblada en Alemania,  un país nuevo para mí.  Antes de irse al trabajo mi esposo comentó: – “Ah, por cierto, si necesitas lavar, la lavadora está en el sótano”. Mi mente quedó “atrapada” con esa palabra: S Ó T A N O… en un segundo vinieron a mi mente escenas de las películas en las que el sótano era el lugar misterioso, oscuro, polvoriento, donde podías encontrar una momia viviente, el mapa del tesoro, o donde podías quedar practicamente “sepultado en vida” porque nadie se dió cuenta de que te quedaste encerrado ahí.

Estuve “posponiendo” el momento de bajar  hasta que fué absolutamente necesario, lo cual no llevó mucho tiempo, teniendo una bebé de tres meses. Aprovechando el tiempo de su siesta, me abrigué bien. Mi esposo me había comentado que ahí no había calefacción. Afuera estaba nevado, mas o menos a menos cuatro grados centígrados. Tomé la tina con la ropa, y me dirigí hacia la puerta que daba al sótano. Respiré hondo, giré la manija… oscuridad completa. Busqué nerviosamente el interruptor de la luz, un foco como de 60 watts iluminó débilmente una larga escalera, un descanso, y más escalones. No era un solo salón, rápidamente me dí cuenta al ver la distribución de varios cuartos, que era una réplica subterránea del piso de arriba. Dejando las luces encendidas de todos los lugares por donde yo iba pasando, iba revisando en cada cuarto buscando la famosa lavadora. En los cuartos había muebles, muchas cajas, y cuando por fin encontré el cuarto de lavado, mi corazón casi se me sale no por la emoción de haber encontrado la lavadora, sino porque para entrar tenía que pasar al lado de una araña que medía aproximadamente 6 cm. Recordé que ahí la gente acostumbra no matar a las arañas porque las considera inofensivas y porque ellas acaban con otros insectos que no lo son. Así que por el momento decidí dejarla ahí y sudando frío, solo pasé a un lado, orando para que no se me echara encima. Traté de entender lo más rápido que podía el funcionamiento de la lavadora pues me daba pendiente que la bebé despertara. La última parte de la bajadas al sótano era ir apagando las luces, algo con lo que nunca me llegué a sentir cómoda.

En la siguiente oportunidad, como toda mujer curiosa, fuí a ver las cajas que había. Me dí cuenta que la mayoría eran las cajas originales de los objetos de la decoración de la casa y de los aparatos electrodomésticos que usábamos. Ahí aprendí qué util resulta esto cuando tienes que mudarte de casa. No hay nada mejor que empacar las cosas en sus cajas originales. Lo mismo para guardar las cosas de Navidad.

También había un par de enormes congeladores. En ese momento no imaginaba las innumerables ocasiones que yo tendría que bajar al sótano no solo para el lavado, sino para sacar comestibles de éstos congeladores. El paquete mas pequeño de pollo, por ejemplo, era de 5 kgs. así que era necesario empaquetar porciones mas pequeñas para ir consumiendolas. Además uno no puede salir “a la tiendita de la esquina” cada vez que algo se ofrece cuando la temperatura afuera es tan extremadamente fría que las calles se convierten en verdaderas “pistas de patinaje”.

Cuando mi hija tenía como nueve meses, recordé un carrito de madera que había visto en el sótano aquellos primeros días. Lo subí, lo limpié, le puse un colchoncito y senté ahí a mi nena con algunos de sus peluches favoritos. ¡Sus ojos chispeaban de gusto! Ya era verano y por las tardes salíamos con el carrito a dar la vuelta a la manzana.

Ella iba creciendo y cuando ya se podía afianzar con sus manitas, le gustaba que le hiciera más rápido cada vez, hasta que yo prácticamente iba corriendo jalando el carrito. ¡Cuánto nos reímos con ese carrito! Cuando finalmente pudo caminar, ella empujaba el carrito.

Llegó el invierno otra vez, y con él: la nieve. Mi niña tenía un año tres meses, mi mamá nos visitaba. Iríamos a la montaña. Entonces recordé haber visto un pequeño trineo en el sótano. Lo subí y lo llevamos. Empezamos jalando a mi niña, y estaba encantada. Todo era nuevo para nosotros. Mamá era tan alegre y juguetona, que se subió ella en el trineo y mi esposo la jalaba en una pequeña montañita. Fuimos tomando turnos entonces. ¡Es una de las cosas mas divertidas que hemos hecho! Y fué uno de los días mas especiales de mi vida. Vi a mi mamá jugar como niña en la nieve, tirarse acostada sobre ella y hacer muñecos. Mamá murió unos años después por lo que atesoro esos hermosos recuerdos.

Cuando tuvimos que dejar aquella casa, tomé la videocámara grabando el sótano desde su entrada. Pero ésta vez fué diferente, al ver la lavadora recordé los mamelucos que lavé ahí. El estante con el carrito de madera y el trineo quedaría allí esperando la llegada de otros niños y de alguna otra mamá curiosa, para darles momentos de alegría como los que vivimos nosotros.

Lo que aprendí fué que si no enfrentamos nuestros temores, podemos perdernos de grandes y enriquecedoras experiencias en la vida. Guardando las respectivas proporciones de los retos que las personas podemos enfrentar en la vida, estoy segura que las recompensas pueden ser enormes en relación a nuestros miedos.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía ni temor,  sino de poder, de amor y de dominio propio” 2 Timoteo 1:7

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“La curiosidad es importante”

Acerca de Mayra Gris de Luna

Mujer, esposa y mamá. Busco oportunidades para hacer las cosas que me gustan. Amo la palabra escrita. Me gusta compartir mis pensamientos acerca de esta aventura que es la vida. Para ello utilizo mis blogs grisdeluna...EN LA CABAÑA. (http://grisdeluna.com) y Caminando (http://mayragris.wordpress.com) Una de mis motivaciones es compartir mis memorias con mis hijas y las personas que de alguna manera se identifican conmigo. También comparto lecturas de excelentes autores que me han impactado y cuyo mensaje resulta alentador. Anhelo con todo mi corazón cumplir con el propósito que Dios tenía en mente para mi vida cuando me creó. Mi vida es sencilla. Me gusta tocar el piano, cantar con mi guitarra, leer, ver el mar, disfrutar de un buen café, disfruto platicar con mi esposo, ver películas con mis hijas, viajar y escribir. He aprendido que hay algo mas en la vida que tener éxito, y es que nuestra vida tenga “significado”, algo que solo podemos encontrar en Dios.
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4 respuestas a AVENTURAS EN EL SÓTANO.

  1. Magda Elisa Diaz de Moreno dijo:

    Gracias May, por este buen articulo, de verdad que nos perdemos de muchas cosa cuando no sabemos enfrentar nuestros miedos, te mando un fuerte abrazo amiga.

  2. Mayra Gris dijo:

    Gracias Magda, siempre animándome amiga. Me encanta que te guste la lectura y agradezco el privilegio de tu atención. Yo disfruto compartiendo lo que Dios me ha permitido vivir. Besos!

  3. Andres Segovia dijo:

    Tener sotanos deberia ser una ley mundial de la vivienda 🙂 tienen un “no-se-que” de maravilla acogedora para acumular cosas y misterio inexplicable; siempre llenos de recuerdos! Quiza es como nuestro corazón.

  4. Mayra Gris dijo:

    Exactamente! Muy buena esa comparación con nuestro corazón, no lo había pensado. Sabes? hay muchas cosas, recuerditos, cartitas, gafetes, etc. que solía guardar. Con el paso de los años y la falta de espacio, he tenido que tirar cosas que si hubiera tenido un espacio como un sótano, pues las hubiera conservado. Muchas gracias por leer y comentar 🙂

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