UNA VISITA PARA MAVIS. Relato Navideño.

 

UNA VISITA PARA MAVIS.

Era noche buena, un tiempo mágico para Mavis. El olor del arbolito navideño, las esferas, las luces. A sus cuatro años ella sabía muy bien que la Navidad es el cumpleaños de Jesús. Muy emocionada salió de compras con sus padres. Al salir de casa, las brillantes estrellas en el oscuro cielo llamaron su atención. En especial tres de ellas que parecían estar alineadas y brillar con mayor intensidad que las demás. Mavis estaba segura que eran los Reyes Magos. Suponía que venían en camino a la tierra para llegar en unos cuantos días, trayendo obsequios a los niños así como lo hicieron con el niño Jesús. La noche de Navidad tenía un encanto propio lleno de esperanzas e ilusiones.

El papá de Mavis había trabajado duro para poder regresar a casa con algo de dinero para comprar la cena. Aun cuando ya estaba obscuro, todavía dio tiempo de salir a comprar un rico pollo rostizado y una botella de rompope para celebrar una cena especial. Al regresar y bajar del auto, la mamá de Mavis le dio la botella de rompope que venía dentro de una bolsa de papel estraza. Mavis tomó la bolsa y el peso de la botella hizo que se desfondara. Como era de esperarse, la botella se rompió. Todo el rompope se derramó en el piso. El papá de Mavis se enfureció. Había trabajado mucho para poder comprarla. Regañó a ámbas por lo que había pasado. Doña Chela empezó a llorar y Mavis se sintió muy asustada y apesadumbrada por haber arruinado la noche. Ella nunca había visto una botella de rompope, no sabía que sería tan pesada como para romper la bolsa. Comprendió que tenía que haber sostenido a la botella por su cuello y no la bolsa de papel.

Después de una cena silenciosa, Mavis intentaba dormir pero no paraba de toser. El frío de la noche la había enfermado. Tosía tanto que sentía un ardor en el pecho que le dificultaba respirar. Las horas pasaban y la pequeña estaba exhausta. Cada vez que casi podía dormirse la tos regresaba. Ya cerca de la madrugada, Doña Chela estaba muy preocupada y cansada también.

-“Haz una oración a Jesús hijita, pídele que te quite la tos para que puedas dormir. Él escucha a los niños de manera especial” dijo la consternada madre.

 

Mavis empezó a orar pidiendo con todo su corazón a Jesús que pudiera dormir; ya casi no tenía fuerzas ni para respirar, se sentía muy débil. Dormitando, tosiendo y desfallecida, Mavis se dio cuenta que ¡Jesús mismo estaba ahí! La cabeza de la niña reposaba en Su regazo. Sentado en la cama, junto a ella, Sus manos de Jesús le acariciaban la frente y cabello. Simplemente con verle a los ojos, Mavis sintió que una indescriptible paz le inundaba. Ahora no quería dormirse, pero tenía tanto sueño que se quedó profundamente dormida.

Han pasado casi cinco décadas desde aquella noche. Solo algunas personas cercanas saben que solían llamarme Mavis en aquel entonces. Pero lo sucedido aquella noche permanece nítido en mi mente. No como un sueño sino como un recuerdo.

Yo se que Jesús me visitó aquella noche. Aquella mirada y la paz incomparable que sentí me han acompañado toda mi vida.  Las Navidades son aún más especiales desde entonces.  Amo la Navidad.  Estoy convencida de que lo que dijo mi mamá aquella noche es una verdad absoluta: “Jesús escucha la oración, especialmente la de los niños”.

Mayra Gris de Luna.

 

 

ES MEJOR NO MENTIR.

Es mejor no mentir.

Por Mayra Gris de Luna.

Dice una frase que “se puede mentir por un tiempo pero no todo el tiempo”, es decir, tarde o temprano las mentiras se descubren y la verdad sale a la luz. Ejemplo de ello es esta curiosa anécdota. He cambiado los nombres por tratarse de una historia real.

Doña Felipa tiene una nieta de 14 años llamada Brígida a quien no le agrada mucho su nombre. Siempre deseó llamarse “Madeleine”. Así que hace un par de años, cuando le regalaron una perrita, así la llamó. La perrita ha crecido tanto y es tan brava que permanece enjaulada la mayor parte del tiempo.

Brígida también ha crecido y no le ha sido indiferente a Pepe, un jovencito que estudia en la misma secundaria que ella. Hace un par de semanas al salir de clases y después de pensarlo mucho, Pepe se decidió a hablarle a Brígida:

– ¡Hola! Le dijo sonriendo. Yo soy Pepe y tu ¿cómo te llamas?

Ella, avergonzada por su nombre respondió nerviosamente con lo primero que se le vino a la mente y fue aquel nombre que siempre le había gustado:

– “Madeleine”, contestó.

Así comenzó una amistad que probablemente podría convertirse en algo más.

Recientemente se suscitó una confusión cuando Doña Felipa escuchó el timbre de su puerta. Era Pepe.

– ¿Está Madeleine? Preguntó. (refiriéndose a la chica)

– ¿Madeleine? Dijo Doña Felipa con extrañeza.

– Si, está en su jaula. (refiriéndose a la perra) -¿Por qué la pregunta? Dijo la señora.

– ¿En… su… jaula? Pepe tragó saliva, y algo asustado contestó:

– Es que yo quería llevarla a dar un paseo.

– Un paseo? No gracias, ya la sacaron en la mañana. Dijo Doña Felipa.

– Bueno, Gracias. Dijo Pepe sintiéndose además de preocupado, un poco decepcionado pues al parecer “Madeleine” salía con alguien más.

A la hora de la cena, con toda la familia reunida, Doña Felipa platicó el extraño incidente:

-¿Ustedes creen, vino un tal Pepe diciendo que venía a buscar a la “Madeleine”, porque quería llevarla a pasear?

Brígida casi se ahoga con el agua que estaba tomando, y después de toser y recuperarse un poco, preguntó ansiosa: – y ¿qué le dijiste?

-Pues que estaba en su jaula…

Cuando se aclaró la confusión, todos morían de risa y Brígida de pena al pensar qué le diría a ahora a Pepe.

Moraleja: Es mejor no mentir.

Madeleine

“Madeleine”

 

 

 

 

 

 

 

 

¿CURIOSO, AFICIONADO O EXPERTO?

Sherlock Holmes

Por Mayra Gris de Luna.

“Los escritos de hombres mortales nunca podrán compararse con lo divinamente inspirado. Debemos ceder el lugar de honor a los profetas y apóstoles, manteniéndonos en actitud humilde a sus pies al escuchar sus enseñanzas. En esta época tempestuosa no quisiera que los que leen mis libros les dedicaran los momentos que de otra manera usarían para la lectura bíblica” — Martin Lutero.

En el número 221b,  de la Baker Street en Londres, un letrero en la puerta dice “Sherlock Holmes. Detective consultor”. Un gendarme hace guardia junto a la puerta. La clásica gorra y un sombrero de copa cuelgan de la reja de madera para que los numerosos visitantes a ésta casa museo puedan tomarse la fotografía del recuerdo al estilo de Sherlock y Watson mientras esperan su turno en la larga fila. Les es entregado un tríptico que como introducción dice:

“Hay tres tipos de personas que visitan ésta casa museo, los curiosos, que solo han escuchado algo de Sherlock por las películas sobre el tema, los aficionados que tal vez han leído algunos de sus casos, y los expertos, llamados “Holmistas” que han dado seguimiento a todas las historias, incluyendo “fan-fiction”, es decir lo que otros han escrito sobre algo ya escrito…”

Un curioso tal vez no sabe que Holmes tocaba el violín, un aficionado seguramente sí; pero solo un experto sabe que tocar el violín ayudaba al detective a pensar y resolver sus casos. Que incluso podía estar días sin comer y sin dormir solo tocando.

Un curioso sabe que Sherlock trabajaba con el doctor Watson. Un aficionado conoce a la figura malvada del Profesor Moriarty, a su amada Irene Adler, o a su hermano y enemigo Microft. Solo un experto sabe que Watson ve a Sherlock como un héroe, como el genio y amigo que lo salvó de la monotonía de la postguerra. Que su autor Sir Arthur Conan Doyle reflejó en Watson lo que él mismo era y en Sherlock lo que habría querido ser. Solo los Holmistas saben que los casos no están escritos de manera cronológica y que ninguno de ellos contiene la frase “Elemental, mi querido Watson”.

Es impresionante como los lectores se fascinan con ésta historia. En lo personal esta experiencia me motivó a pensar que yo no soy “Holmista” pero soy “Cristiana”, y como tal debería de ser una experta en el conocimiento de nuestro libro que es la Biblia. Aunque los casos del autor Conan Doyle pueden ser un reto al pensamiento y han cautivado a varias generaciones, la Biblia es un libro que no tiene comparación. Es un libro vivo, un libro de origen divino capaz de transformar vidas. Nos enseña, nos consuela, nos refleja y nos revela el propósito de nuestra vida. Es además un libro eterno, pues declara “los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Dice una frase anónima: “La Biblia es la única ventana en este mundo por la cual podemos ver la eternidad”.

A los curiosos les intrigan las profecías de la Biblia. Otros nos hemos conformado con ser aficionados. Más o menos conocemos las historias y los personajes. ¿Por qué no convertirnos en expertos?

Josué 1:8 dice “que las palabras de la Biblia nunca se aparten de tu boca, que de día y de noche medites en ella, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en ella está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”. ¡Qué fabulosa promesa! ¡Esa es en realidad la clave del éxito para nuestras vidas! El tiempo que ocupemos en la lectura de la Biblia no tiene desperdicio, tiene eco en la eternidad. Vale la pena conocerla.

¿Curioso, aficionado o experto? Tú decides.

“Creo que la Biblia es el mejor regalo que Dios ha dado al hombre. Todo el bien que el Salvador del mundo nos proporcionó se nos comunica en este libro y si no fuera por él, no sabríamos la diferencia entre el bien y el mal. Toda cosa provechosa al hombre se contiene en la Biblia.” — Abraham Lincoln.

*Artículo publicado en la Revista Cristiana Enlázate. Octubre 2014.

En la casa de Sherlock Holmes

LA GLORIA DE LO COMÚN.

Pastores

Hay una palabra que describe la noche que ÉL vino: común.

El cielo era común. Una brisa ocasional agitaba las hojas y enfriaba el aire. Las estrellas eran diamantes que relucían sobre terciopelo negro. Escuadras de nubes flotaban frente a la luna.

Era una noche bella -una noche que valía la pena contemplar desde la ventana de su dormitorio para poder admirarla. Pero no se podía decir que fuese excepcional. No había razón para esperar una sorpresa. Nada que mantenga despierta a  alguien. Una noche común con un cielo común.

Las ovejas eran corrientes. Algunas gordas. Algunas flacas. Algunas con barrigas en forma de barril. Algunas con patas como palitos. Animales comunes. Su lana no era de oro. No hacían historia. Ningún ganador de premios. Eran simples ovejas, siluetas abultadas y dormidas en la ladera de una colina.

Y los pastores. Campesinos. Probablemente llevaban puesta toda la ropa que tenían. Olían a oveja y lucían igual de lanudos. Eran cuidadosos, dispuestos a pasar la noche con sus rebaños. Pero no encontrará sus cayados en un museo ni sus escritos en una biblioteca. Nadie les pedía su opinión respecto a la justicia social o a la aplicación de la Tora. Eran desconocidos y simples.

Una noche común con ovejas comunes y pastores comunes. Y si no fuese por Dios, a quien le complace agregar un “detalle adicional” en el frente de lo común, la noche habría pasado inadvertida. Las ovejas habrían sido olvidadas y los pastores habrían dormido toda la noche.

Pero Dios danza en medio de lo corriente. Y esa noche bailó un vals.

El cielo negro estalló en fulgor. Àrboles que daban sombra irrumpieron en claridad. Ovejas que estaban en silencio se convirtieron en un coro de curiosidad. En un instante, el pastor que estaba dormido como una piedra, un momento después se restregaba los ojos con la mirada fija en el rostro de un extraterrestre.

La noche dejó de ser común.

El ángel vino de noche porque es el momento en que mejor se ven las luces y es cuando más se necesitan. Dios se presenta en lo común por la misma razón.

Sus herramientas más poderosas son las más sencillas.

Considere la vara de Moisés. A esa altura de su vida, Moisés había sido pastor el mismo tiempo que príncipe, y se había acostumbrado a ello. Cuidando ovejas no se llevaba una vida tan activa como la que se vivióa entre la realeza egipcia, pero tenía sus momentos especiales, sobre todo cuando Dios le habló a través de un arbusto que ardía y no se consumía. Dios le anunció que él era el hombre para esa tarea. Dios afirmó que lo importante no era quien era Moisés sino quién era “ÉL”. Y se propuso demostrarlo.

-Moisés -dijo la voz desde el arbusto-, echa en tierra tu vara.

Moisés, que había recorrido esta montaña durante cuarenta años, no se sentía agradado con la orden.

-Dios, tú sabes mucho acerca de tantas cosas, pero es posible que no sepas que por aquí, pues bien, uno no anda tirando su vara por ahí. Nunca se sabe cuando…

– Échala, Moisés.

Moisés la echó. La vara se convirtió en serpiente, y Moisés se echó a correr.

-¡Moisés!

El viejo pastor se detuvo.

– Agarra la serpiente.

Moisés miró por encima de su hombro, primeramente a la serpiente y después al arbusto; luego respondió de la manera más valiente que pudo.

-¿Qué?

– Agarra la serpiente… por la cola. (A este punto Dios tuvo que estar sonriendo.)

– Dios, no es mi intención presentar objeciones. Es decir, tú sabes muchas cosas, pero aquí en el desierto, pues bien, uno no anda agarrando serpientes con frecuencia, y nunca se agarran las serpientes por la cola.

-¡Moisés!

-Sí, Señor.

En el momento que la mano de Moisés tocó la resbalosa serpiente, se endureció. Y Moisés levantó la vara. La misma vara que habría de levantar en la corte de Faraón. La misma vara que habría de levantar para dividir las aguas y guiar a dos millones de personas por un desierto. La vara que recordaría a Moisés que si Dios puede hacer que una vara se convierta en serpiente para luego volverse vara nuevamente, entonces es posible que pueda hacer algo con los corazones rebeldes y un pueblo de dura cerviz.

Quizás pueda hacer algo con lo común.

O considere otro pastor de Belén.

Hay ciertas cosas que cualquiera sabe que no debe hacer. Uno no debe intentar enlazar un tornado. Ni enfrentarse a un león con un palillo. Uno no debe estornudar de frente al viento. Tampoco salir a cazar osos con una escopeta que dispara corchos. Y uno no debe enviar a un pastorcillo a luchar contra un gigante.

Es decir, no debe hacerlo a menos que se le acaben las alternativas. A Saúl se le acabaron. Y en ese momento que se acaban, es cuando estamos más preparados para las sorpresas de Dios.

¡Saúl sí que se sorprendió!

El rey trató de equipar un poco a David. “¿Qué quieres muchacho? ¿Coraza? ¿Espada? ¿Granadas? ¿Rifles? ¿Un helicóptero? Te convertiremos en un Rambo“.

David pensaba en otra cosa. Cinco piedras lisas y una honda de cuero común y corriente.

Los soldados contuvieron el aliento. Saúl suspiró. Goliat se burló. David hizo girar la honda. Y Dios se expresó con claridad. “Cualquiera que subestime lo que puede hacer Dios con las cosas comunes tiene piedras en su cabeza”.

¿Y el ciego que descubrieron Jesús y los discípulos? Los seguidores pensaron que era un gran caso de estudio teológico.

¿Por qué piensas que es ciego? -preguntó uno.

– Debe haber pecado.

– No, la culpa es de sus padres.

– Jesús, ¿qué crees tú? ¿Por qué es ciego?

– Es ciego para mostrar lo que puede hacer Dios.

Los apóstoles sabían lo que se venía; habían visto anteriormente esa mirada en los ojos de Jesús. Sabían lo que iba a hacer, pero no sabían cómo lo haría. “¿Relámpagos? ¿Truenos? ¿Un grito? ¿Un aplauso?” Todos observaban.

Jesús empezó a mover un poco la boca. Los espectadores miraban fijamente. “¿Qué está haciendo?” Movía la mandíbula como si estuviese masticando algo.

Algunas de las personas comenzaron a inquietarse. Jesús seguía masticando. Su mandíbula hacía movimientos circulares hasta que tuvo lo que quería. Saliva. Saliva común y corriente.

Si nadie lo dijo, alguien lo debió pensar: “¡Puaj!”

Jesús escupió en el suelo, metió su dedo en la mezcla y la revolvió. Pronto se convirtió en un pastel de lodo, y untó un poco en los ojos del ciego.

El mismo que convirtió una vara en cetro y una piedra en misil, ahora convirtió saliva y lodo en bálsamo para la ceguera.

Una vez más, lo mundano se volvió majestuoso. Una vez más lo aburrido se volvió divino, lo simple santo. Una vez más el poder de Dios fue visto no a través de la habilidad del instrumento, sino por medio de su disponibilidad.

“Dichosos los de corazón humilde”, explicó Jesús. Dichosos los que están dispuestos. Dichosos los conductos, los túneles, las herramientas. Delirantemente gozosos son aquellos que creen que si Dios ha usado varas, rocas y saliva para hacer su voluntad, pude entonces usarnos a nosotros.

Haríamos bien en aprender una lección de la vara, la roca y la saliva. No se quejaron. No cuestionaron la sabiduría de Dios. No sugirieron un plan   inanimados para su misión es porque ellos no le dicen cómo hacer su obra!

Es como la historia del barbero que se hizo pintor. Cuando le preguntaron por qué había cambiado de profesión, respondió: “Un lienzo no me dice cómo embellecerlo”.

Tampoco lo hacen los de corazón humilde.

Es por eso que el anuncio fue primero para los pastores. Ellos no le preguntaron a Dios si estaba seguro de lo que hacía. Si el ángel se hubiese presentado a los teólogos, habrían consultado primeramente sus comentarios. Si se hubiese presentado a la élite, habrían mirado a su alrededor para ver si alguno los estaba observando. Si se hubiese presentado a los triunfadores, primero habrían visto sus calendarios.

De modo que se presentó a los pastores. Hombres que no tenían una reputación que proteger ni intereses egoístas ni necesidad de escalar posiciones. Hombres que no sabían lo suficiente para decirle a Dios que los ángeles no le cantan a las ovejas y que los mesías no se encuentran envueltos en trapos durmiendo en pesebres.

Una pequeña catedral en las afueras de Belén marca el sitio que supuestamente es el lugar del nacimiento de Jesús. En la iglesia, detrás de un elevado altar, hay una cueva, una pequeña caverna iluminada por lámparas de plata.

Uno puede entrar al edificio principal y admirar la antigua iglesia. También puede entrar a la silenciosa cueva donde una estrella grabada en el piso reconoce el nacimiento del Rey. Existe, sin embargo, una cláusula. Es necesario agacharse. La puerte es tan baja que no es posible entrar erguido.

Lo mismo es cierto en el caso de Cristo. Es posible ver al mundo en posición erguida, pero para ver al Salvador, es necesario arrodillarse.

Así que…

mientras los teólogos dormían,

los de la élite soñaban

y los triunfadores roncaban,

los de corazón humilde

estaban arrodillados.

Arrodillados delante de Aquél al que sólo verán los de corazón humilde.

Estaban arrodillados delante de Jesús.

“Bienaventurados los de corazón humilde porque heredarán la tierra”

Mateo 5:3

Copido del libro: Aplauso del cielo.

Autor: Max Lucado.

1996 Editorial Caribe.

Citas de los relatos bíblicos mencionados:

La vara de Moisés: véase Éxodo 4:1-4

David y Goliat: véase 1 Samuel 17

Jesús sanando al ciego: véase Juan 9:1-6

NACIMIENTO DE JESÚS

“EL MUNDO HA PERDIDO SU RISA”

Por Mayra Gris de Luna.

Un día como hoy, 31 de Agosto pero del año 1997, el mundo perdió su risa. La noticia de la muerte de la Princesa Diana de Gales nos tomó por sorpresa.

Era una mañana en Wûzburg cuando me levanté para darle su leche a mi bebita. Mientras me sentaba con ella en un sillón de nuestra habitación en el hotel, prendí la televisión. Creo que hasta se me cortó la respiración cuando leí un letrero fijo en la pantalla del noticiero: “Prinzessin Diana ist tot”. Mi alemán no era tan bueno, pero si podía entender eso. Aunque dudé estar entendiendo correctamente. ¿La Princesa Diana está muerta? Imágenes de la princesa, fotografías de un accidente automovilístico y de un túnel en París. Estaba atónita con la noticia.

A pesar de no contar con datos suficientes ni la información certera de lo sucedido, no solo Wûzburg, Alemania y Europa sino todo el mundo entero seguía el curso de los acontecimientos no solo aquél día sino los que siguieron.

Diana, una princesa, la mujer mas fotografiada del mundo se ganó el corazón del planeta entero. ¿Cómo lo hizo? ¿Sería su encanto? ¿Su historia de cuento de hadas? ¿Su estilo, porte, elegancia y perfección? Sin duda, todo sumó. Pero hay algo que la hizo inmortal: su sonrisa.

Una risa tímida, encantadora y perenne. Tal vez se encontró con que era imposible “posar” para cada fotografía y tuvo que hacer de su sonrisa un gesto permanente, y más que solo un gesto, se convirtió en una actitud que se hizo inherente a su esencia.

El titular del periódico al día siguiente  decía: “Die welt hat ihr legen verloren .”  o “El mundo ha perdido su risa”… ¡vaya frase! . “El mundo perdió su risa aquel día por la tristeza y vacío que dejara la muerte de su amada princesa” o “el mundo perdió algo que jamás recuperaría: la sonrisa de Diana”. En ello radica la genialidad de la frase. Puede interpretarse de ambas maneras. Ambas encierran sentido y verdad.

Todavía conservo aquel periódico con numerosas fotografías de aquella singular mujer. En los meses siguientes cada vez que iba al supermercado o pasaba por alguna librería me encantaba ver un libro de unas 1000 páginas que se publicó en Alemania con cientos de fotografías de la princesa Diana. Para las mujeres, hojear el libro se convirtió en una catedra sobre moda al estilo clásico.

Con el paso del tiempo, el mundo fué asimilando que una gran parte de la vida personal de la princesa no tenía nada de cuento de hadas. Me parece admirable que pudiera enfrentar cada día a decenas de fotógrafos  con una sonrisa que no permitiera ver ni imaginar sus luchas, tristezas y decepciones. Yo le llamo ahora “La mujer de la sonrisa eterna”. Así será recordada para siempre.

Joel Osteen, excelente motivador y pastor de una de las mas grandes iglesias en Estados Unidos,  recomienda considerar la felicidad como un hábito. El dice en su libro “Lo mejor de ti“:

“Nuestra perspectiva sobre la vida, nuestra actitud y disposición hacia los problemas que enfrentamos son en gran parte conductas aprendidas de nuestros padres, de nuestro entorno o aún de nosotros mismos. Hemos ido formando nuestros hábitos. La Biblia dice: “Alegraos en el Señor, SIEMPRE”. Esto quiere decir que no importa lo que suceda, podemos sonreír en todo momento. La felicidad no depende de tus circunstancias. Es una decisión que tomas.

Una de las mejores cosas que he aprendido es que no hace falta salirme con la mía para poder ser feliz. Decidí que disfrutaría de cada día, salgan las cosas como yo quiero o no.

Tienes que darte cuenta de que al sonreír, estás actuando con fe. Cuando sonríes, le envías un mensaje a todo tu cuerpo, que anuncia que todo estará bien. Si desarrollas esta actitud positiva de fe, estarás sembrando la semilla para que Dios obre en tu vida.”

Me motivan las palabras de Joel, es una persona que siempre está sonriendo también.

Creo firmemente que caminando de la mano del Señor podemos vivir felices aun cuando las circunstancias no nos favorecen. ¡Como Hijas de Dios podemos ser felices y parecer felices!

Dios no desea que vivamos en depresión, preocupadas y frustradas con nuestras vidas. Jesús pagó un precio muy alto para que pudiéramos ser felices y vivir con paz. Le agrada que seamos ejemplo de lo que significa vivir una vida de fe. Cuando las personas ven a a alguien vivir con gozo, paz, felicidad y una sonrisa en los labios,  se motivan a seguir adelante y a vivir de la misma manera. Hasta le preguntarán cómo lograrlo.

Así que sonríe aunque no lo sientas, ¡hasta que lo sientas!

¡Haz reír a tu corazón!

Mirate ahora mismo frente al espejo y esboza tu mejor sonrisa. Después: ¡quédate así! Déjala ahi…¡ no te muevas!  y continúemos caminando siempre con una sonrisa en los labios.

“Estén siempre alegres”

1 Tesalonisenses 5:16 (NVI)

Caminando siempre con una sonrisa

Haz click en los enlaces para leer artículos relacionados:

“Oración para sonreir”, https://grisdeluna.com/2012/10/24/oracion-para-sonreir/

“¡Auxilio, un ataque!… pero de risa”, http://mayragris.com/2013/08/23/un-ataque-pero-de-risa/

UNA NOTA RECONFORTANTE.

UNA NOTA MUY ESPECIAL

Por Mayra Gris de Luna.

Hace unos días, reorganizando mi “caja de recuerdos”, me detuve a contemplar uno de mis apreciados tesoros. Es la Biblia de mi mamá. Al contemplar sus partes subrayadas, los recuerdos entre sus páginas, y sus notas, me sigo dando cuenta de la fe en Dios que mi mamá tenía. Eso me llena de gozo y paz.

Encontré también una nota que yo copié de algún lado hace mas o menos veinte años. Recuerdo que las palabras me confortaron grandemente en aquellos años al enfrentar algunas pruebas como el accidente de mi hermano. Cayó de la ventana del segundo piso y tuvo varias fracturas a la edad de 4 años. Me afligía sobremanera el pensar que no pudiera volver a caminar. Tuvo complicaciones porque era alérgico a la penicilina y no lo sabíamos. Recuerdo cuando llorando, oraba hincada por las noches rogando a Dios por él. Ahí experimenté por vez primera la diferencia entre clamar y orar. Clamar es pedir con todas tus fuerzas. Cuando uno se encuentra en la desesperación y reconoce que únicamente Dios tiene el poder para cambiar las cosas. Y entonces uno le pide y aún más, le suplica.

Aquel año también perdí un bebé en las primeras semanas del embarazo. Tuvieron que hacerme un legrado. Para mí fue una pérdida dolorosa, pero sobre todo tenía temor de no poder tener hijos. También oraba al Señor que en el futuro nos bendijera con una familia.

Un par de semanas después de eso, tuvimos un accidente mi esposo y yo. Un auto proveniente del lado contrario del boulevard literalmente nos cayó encima. Dios nos libró a mi esposo y a mi. El auto salió tan dañado que no pudimos usarlo en varios meses. Mi esposo entonces tenía que regresar del trabajo en el camión, que a esa hora solía venir muy lleno. Una tarde, al llegar a casa, se dio cuenta que le habían robado el sobre con  su sueldo de un mes.  Afortunadamente nuestras familias nos apoyaron con despensa y comida. Recuerdo que mi cuñado criaba pollos y un día mató uno y me lo díó para que lo cocinara. 🙂

En aquellos tiempos no teníamos internet, ni powerpoints motivacionales, y yo recuerdo que leía mi Biblia y también sacaba mi hojita, la leía y me sentía reconfortada.

Ahora estoy segura de que Dios escuchó mis oraciones. Mi hermano sanó. Tuve dos hijas. Dios ha provisto siempre para nuestras necesidades.

Cinco años después murió mi mamá, y al año siguiente mi papá. Volví a mi búsqueda ferviente de palabras de aliento de la Palabra de Dios, volví al clamor en oración y también leía mi hojita.  Desde ahí  se quedó guardada entre las páginas de  la Biblia de mi mamá.

Ahora que la encontré, tal vez no solamente me sirva a mí.

La nota dice así:

“No hay nada: ninguna circunstancia, ningún problema, ninguna prueba que pueda alcanzarme sin haber pasado antes a través de Dios, y a través de Cristo y luego a mi.

Si ha llegado tan lejos, ha sido con un gran propósito, que quizás no entienda en el momento. Pero si rehúso a caer en el pánico, y elevo la mirada hacia El y la recibo como viniendo del trono de Dios para un gran propósito de bendición en mi propio corazón, ningún dolor puede perturbarme, ninguna prueba puede destrozarme, ninguna circunstancia puede aterrarme, porque descanso en el gozo de mi Señor.

Ese es el descanso de la victoria.

Desde el punto de vista de Dios, las pruebas por las que atravesamos no son tan importantes como las reacciones que tenemos ante ellas”.

EL DESCANSO DE LA VICTORIA.

La oración,

la lectura de la Biblia

y las palabras de aliento de otras personas

pueden reconfortar nuestro espíritu 

cuando enfrentamos momentos muy difíciles

en nuestra vida.

MI VIAJE EN EL TREN.

EL TREN DE LA VIDA

Por Mayra Gris de Luna.

Un día me di cuenta de que iba en el tren… el tren de la vida.

Yo no pedí subir, pero ocurrió. ¡Qué afortunada! A fin de cuentas ¡qué “suerte” he tenido de nacer!

¿Suerte? ¿Destino? O algo mejor que eso: propósito, diseño, predestinación divina.

Nuestra presencia aquí tiene más que ver con eternidad y significado. Tiene que ver con “El Alfa y La Omega”: el camino, la verdad… la vida.

No ha sido un viaje corto, y espero que sea muy largo. Ha durado lo suficiente para disfrutar lo mejor de la vida: el amor, la familia, las personas. Un sin fin de ellas me han acompañado en mi viaje  y me han proporcionado agradable compañía. A su vez, yo les he acompañado a ellos deseando que mi presencia no les haya sido molesta. Hemos compartido lugares de incomparable belleza. Aunque todos hemos tenido que pasar durante el recorrido por parajes desolados y áridos. Horas interminables de desesperación. Túneles obscuros de aprendizaje y desesperanza.

En mi vagón viaja conmigo mi familia: mi esposo y mis hijas. En tiempos pasados me acompañaron mis papás y mis abuelos. Pero les tocó bajar cuando cumplieron su misión. Ellos llegaron a su estación. Su asiento vacío me llena de recuerdos sobre su presencia en nuestras vidas. Compartimos  con ellos felices momentos y  varios lugares que nos dejaron valiosas enseñanzas. Muchas de ellas hoy nos han sido útiles para aprovechar mejor nuestro propio viaje. Les extraño, pero se que algún día me reuniré con ellos cuando me toque bajar. Cuando cumpla el propósito que Dios tiene para mi.

En otros vagones viajan mis tíos y otros familiares, también amigos y otros conocidos. En ocasiones nos encontramos y nos visitamos. Aunque debo reconocer que hay temporadas en que cada quien se enfoca tanto en su itinerario que nos llegamos a distanciar. Pero cuando nos encontramos, qué divertidos momentos hemos podido compartir. Cada persona me ha brindado algo para enriquecer mi estancia. Una estancia plena de aventuras y recuerdos.

Todos vamos bajando del tren de la vida cuando nos toca llegar a nuestro destino. No sabemos cuando, pero nos toca bajar cuando es el momento, para nunca volver a subir. Es un viaje sin retorno. El boleto es sólo de ida. Por ello atesoro cada momento del recorrido. Cada segundo con mi esposo. Cada hora con mis hijas, cada amanecer y cada flor.

Cada uno de mis días en el viaje es un hermoso regalo de Dios lleno de nuevas sorpresas y misericordias.

Viajo en paz porque tengo todo preparado para cuando mi viaje termine. No quiero bajar todavía pero estoy lista. No podré llevar nada conmigo mas que mi historia.

En el tren de la vida nadie pidió subir, pero nadie se quiere bajar.

¡Feliz viaje!

“Vivamos de tal manera, que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío deje lindos recuerdos a quienes continúen viajando en el tren de la vida”

* Existen pensamientos de diferentes autores sobre “El tren de la vida”. 

   Esta es mi versión. 

  Para ver la versión de César Lozano haz click aquí.

MIS PALABRAS “MÁGICAS”.

 

Por Mayra Gris de Luna.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Hebreos 4:12

Intranquilidad, sospecha, inquietud, temor, miedo, fobia, pánico, terror… diferentes niveles de la misma emoción…temor en sus diversas modalidades… y las he sentido todas.

¿Recuerdas tus primeros miedos?

¿Los míos? Muchos…

Miedos de niña…

Aún siento la mirada de aquella araña moviendo sus largas patas justo en el techo arriba de mi cama, los perros callejeros ladrando cerca de la puerta de la tienda. Recuerdo que mi abuelita me llevó al cine a ver una película de “Las momias de Guanajuato” y yo terminé escondida debajo del asiento. Días más tarde, rumbo a Guadalajara, pasamos un par de días a Guanajuato y ¡oh no!, mis papás deciden visitar el museo de las momias. Aquella noche en el hotel ha sido una de las más largas…

Miedos de joven…

Juventud, el divino tesoro lleno de vida, energía, ilusión, valentía, vigor… será por eso que no recuerdo temores. Uno siente que tiene al mundo en las manos.

Pero, ya recuerdo… tenía 18 años… en una camilla rumbo a la sala de operaciones cuando me quitaron las amígdalas, mis piernas empezaron a temblar. Me percato de ello y trato de controlar el movimiento pero no puedo, parece que el darme cuenta de ello hace que temblara más… instintivamente empiezo en mi mente a repetir las palabras del Salmo 23: “Jehová es mi pastor… nada me faltará…” llegamos al quirófano, y todavía me da tiempo de observar a los lados las bandejas con instrumental, grandes pinzas de varias formas y tamaños hacen que me percate de nuevo del temblorcito… así que continúo: “aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque Tú estás conmigo…”

Miedos de mujer…

Disfrutando mi Baby Shower de mi primera bebé, compartí con las demás mujeres mi alegría y gratitud por el embarazo y también el temor que me infundía pensar en el momento del parto. Una sabia mujer, mi amiga Janis Bears, a quien respeto y quiero mucho compartió conmigo las palabras del Salmo 56:3

“En el día que temo, yo en Ti confío”.

En los días siguientes, cada vez que sentía temor, repetía: “en el día que temo, yo en Ti confío”, y el resultado parecía mágico, el temor se fue tornando en confianza.

Sin confianza no hay gozo y sin gozo no hay paz.

Así fue como el Salmo 56:3 se convirtió en mi “Bibidi Babidi Bú” * . Como una  varita mágica, al momento de pronunciar las palabras,  penetraban en mi alma, en mi espíritu, en mis coyunturas y mis huesos, hasta inundar mis pensamientos de paz.

Y ya sé que cuando la paz llega a habitar en nuestra mente no llega sola. Trae un invitado inseparable: el gozo; y como el  “Ábrete Sésamo” *  abría las puertas de un lugar mágico y secreto lleno de riquezas; el gozo,  la paz y el amor se van multiplicando como un halo de chispas brillantes, en paciencia, benignidad, fe, mansedumbre, y templanza, llenando mi mente, mi corazón, mi ser entero, mi vida, y hasta mi casa.

¿Magía? No.  Es la obra del Espíritu Santo, el Consolador que mora en nosotros, quien produce el fruto.

No es magia, sino algo más extraordinario y sobrenatural el hecho de que la Palabra de Dios es viva, no son sólo palabras. No es un conjuro. Es la palabra de Dios. Santa e inspirada. Poderosa y eficaz.

Casi no podía recordar temores de mi juventud, pero ahora podría hacer una larga lista de los que rondan mi mente a veces.

Temor a la enfermedad, a la soledad, a la incapacidad física, a la vejez, a la falta de provisión, al porvenir de mis hijas, al dolor, a la muerte…

Así como Mary Poppins cantaba “Supercalifragilisticoespialidoso” * y el panorama lucía mejor y más divertido, yo repito mi Salmo 56:3 y en un abrir y cerrar de ojos, como “Mi bella genio” *, el temor simplemente… ¡se va!

EN EL DIA QUE TEMO YO EN TI CONFIO

GENTE SIMPLE.

Por Mayra Gris de Luna.

Cortar flores silvestres fue una actividad que disfruté con mi mamá. De muy pequeña íbamos juntas por las tardes a jugar con la pelota a un campo cercano. Antes de regresar a la casa, ella cortaba unas flores silvestres amarillas y rosas que crecían allí, mientras yo buscaba las “diente de león” para soplarles  y ver como volaban sus pétalos.

Ya en casa, ponía agua en un vaso grande y las ponía en el centro de la mesa. Mi corazón de niña se alegraba con éste acto de mi mamá; se contagiaba de esa alegría que ella desbordaba siempre.

Ahora, me gusta ver las flores en las casas. La mayoría son arreglos de flores artificiales montados en hermosos floreros. En algunas puede haber coloridas y finas flores naturales. Pero últimamente no he visto flores silvestres en un vaso. Eso es para gente sencilla, o, como diría mi mamá, son cosas de “gente simple”.

Recuerdo cuando ya de joven le comentaba a mi mamá lo que aprendía en un curso acerca de las reglas de etiqueta para poner la mesa. Le platicaba que si el filo de la vajilla era plateado, se utilizan cubiertos plateados y que en una mesa formal con vajilla de filo dorado, lo indicado era usar cubiertos dorados. Y que la maestra decía que el florero del centro no debía ser muy alto porque los comensales no podrían verse. Ella sólo dijo:

– “Todo eso es muy complicado. Yo soy gente simple”. Ahí comencé a darme cuenta que la sofisticación puede volver a la gente muy complicada.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que yo también me volví complicada. Muy complicada. Tantas reglas que cumplir, protocolos que seguir, expectativas que llenar, heridas que no se quieren tocar, temores latentes y sobre todo: el orgullo.

Todas las cosas que nos limitan, que nos presionan, que nos atrapan y matan nuestra sencillez de niñas, nuestra espontaneidad, nuestra simpleza.

Recuerdo a mi mamá como una persona siempre alegre. Y creo que pensando en ella me convenzo cada vez más de que es mejor ser “gente simple” que “gente complicada”.

Encontré varías características en la persona de mi madre, que la hacían simple si, y por ello feliz.

1. LA “GENTE SIMPLE” ENCUENTRA BELLEZA DONDE ES DIFÍCIL ENCONTRARLA.

Recordé un día en especial al ver una fotografía. Fuimos a la playa en Veracrúz, y de regreso, en la carretera, Mamá vió unas flores y le pidió a mi papá que orillara el auto. Bajamos a cortarlas. Eran del tipo de flores que se secan y pueden durar mucho tiempo luciendo intactas. Yo las recordaba hermosas hasta que observé en la fotografía que en realidad el lugar no era muy lindo. Me sentí admirada de la manera en que mi mamá pudo ver algo bello en medio de algo francamente feo. Los niños y niñas son así. Pueden ver un perrito roñoso y sucio y no dudan en cargarlo y decir: -“¡mira qué lindo!”.

2. LA “GENTE SIMPLE” LE DA MAS IMPORTANCIA A LAS PERSONAS QUE A LAS COSAS. SIEMPRE.

Mi mamá no solo me llevaba a jugar con la pelota. Jugamos a la tiendita y se tiraba con nosotras  sobre una colcha en el patio a ver las formas de las nubes. También estuvo con su madre y con su suegro al momento de morir porque cuidó de ellos. Fué madre no solo para nosotros sino para otras personas. Siempre se daba tiempo para platicar con alguien aun cuando hacía muchas otras cosas.

3. LA “GENTE SIMPLE” SE DA TIEMPO PARA DISFRUTAR DE LA VIDA.

Estamos demasiado ocupados como para cortar flores. No nos damos tiempo para hacer las cosas que nos gustan y que disfrutamos. ¿Cuándo fué la última vez que hiciste algo solo para disfrutarlo? Ver una película romántica, un masaje relajante, reir a carcajadas.

Cuando no dedicamos tiempo para ello,  aparece la frustración, el resentimiento, y la “chispa” de la vida se va apagando.

4. LA “GENTE SIMPLE” NO LE DA TANTA IMPORTANCIA A LAS COSAS MATERIALES NI LE INTERESA IMPRESIONAR A LOS DEMÁS.

Las personas que conocieron a mi mamá le recuerdan como una mujer bella. Siempre admiré como lucía hermosa si en su tocador solo había un cepillo para el cabello, una sencilla crema “Nivea”, algún desodorante y un perfume.

Al respecto me gusta la traducción de la Biblia de Jerusalén de 1 Pedro 3:2 y 3 que dice:

 Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas,

 sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena:

esto es precioso ante Dios.

Cuando Jesús, el Rey de Reyes vivió en la tierra, eligió una vida sencilla. La Biblia dice que no tenía ni en qué recostar su cabeza. Su vida era simple. No así su misión. La más sublime, difícil y significativa de todas. La vida más trascendente enfocada en lo eterno, no en lo temporal.

Desde hace algún tiempo empecé a reestructurar mi vida para hacerla más simple. Eso implica menos de unas cosas y mas de otras.  

El resultado ha sido muy satisfactorio para mi. Me siento mas tranquila y más feliz.

Sin lugar a dudas una de mis metas es ser como decía mi mamá:  una “gente simple”.

 ¿Crees que tu calidad de vida mejoraría si fuera más simple?

¿Qué podrías eliminar o incrementar?

Cortando flores.jpg

EL PODER DE LAS TRADICIONES.

Papito tu eres mi heroe

Por Mayra Gris de Luna.

Cada doce de diciembre, la empresa donde mi esposo trabaja abre sus puertas al público en general. Para las familias de quienes trabajan ahí, se ha convertido en toda una celebración. En nuestra familia es más que una celebración, es toda una tradición. Desde pequeñas mis hijas han disfrutado éste día  al lado de su papá. Desde los shows infantiles con Buzz Lightyear, hasta los juguetes de obsequio y el rico refrigerio que cada área prepara para recibir a sus hijos. Yo he disfrutado escuchando al mariachi y viendo a las familias orando juntas y tomadas de las manos en los cultos religiosos que se efectúan en éste día. Pero sin duda, lo que más nos ha gusta a todos es visitar el lugar de trabajo del Papá que frecuentemente ha cambiado de lugar.  Mi esposo nos muestra su escritorio, y mis hijas toman turno para sentarse en su silla, yo también por cierto! Tengo fotografías desde que estaban pequeñas, y ahora puedo ver cuánto han crecido. Nos quedamos un rato ahí, el tiempo suficiente para “urgar” en su locker, en los cajones del escritorio, y en ocasiones ahí hemos comido el lunch. Saludamos a otros compañeros de trabajo de mi esposo y a sus familias.

Damos un “tour” por algunas naves de la planta, solo algunas porque es enorme y terminamos cansados de tanto caminar. Pero es muy bonito ver a otros niños conociendo el lugar de trabajo de su papá. Las máquinas están apagadas, y los niños pueden tomar el lugar de su papá pretendiendo que la están manejando. Es emocionante conocer “su mundo”.

Las tradiciones unen a la familia.

Sin necesidad de pedirlo, mis hijas apartaron éste día para la acostumbrada visita. No programaron otras actividades, ni yo tampoco. Ya sabemos que es un día especial y lo pasaremos juntos.

Las tradiciones refuerzan nuestra identidad.

Nos sentimos seguras cuando vemos que Papá trata de llevar a cabo lo mejor posible su rol de proveedor a través de su trabajo. Eso nos motiva a nosotras a esforzarnos en el rol que nos toca.  Nos gusta que el se sienta orgulloso de nosotras cuando nos presenta a sus compañeros de trabajo. Nos da seguridad conocer un poco de su mundo.

Las tradiciones crean hermosos recuerdos.

Así como yo recuerdo con mucho cariño los momentos que pasé con mi papá en su trabajo, sé que mis hijas harán lo mismo. Y no solo ellas recordarán esos momentos con su Papá. También mi esposo y yo los atesoramos.

Las tradiciones le dan “personalidad” a tu familia.

Cada familia tiene “su forma de ser” por decirlo de alguna manera. Las hay unidas, las hay divertidas, hay algunas que parecen “equipos”, y esas de las cuales uno dice “qué bonita familia”.

Es importante y sobre todo hermoso seguir nuestras tradiciones familiares y crear algunas nuevas, y la temporada navideña es perfecta para ello.

¿Qué tradición podrías reforzar o implementar en tu familia éste año?

 

RECUERDO DE UNA NOCHE MÁGICA.

Por Mayra Gris de Luna.

RECUERDO DE UNA NOCHE MÁGICA.

Hace un par de semanas llegaba junto con mi esposo al supermercado, cuando fuí repentinamente sorprendida por “el olor mágico”. Si, tu sabes… el olor a Navidad. Ese olor a pino mezclado con tantas cosas como sentimientos, recuerdos, palabras, imágenes y hasta sonidos. No pude evitar acercarme al lugar donde una centena de pinos naturales estaban ya listos esperando a su familia. Cerré mis ojos dispuesta a aspirar el “olor mágico” y así lo hice, lentamente y cerrando los ojos, automáticamente me transporté a la sala de mi casa, cuando con mis deditos de niña de 5 años arrancaba traviesamente algunas ramitas del árbol que mi abuelita  y yo adornábamos una tarde decembrina, solamente para que el olor de pino impregnara mis manos y mi olfato. En realidad era una rama grande de algún pino enorme y pachón. Los leñadores pasaban vendiendo las ramas por la casa. Mi abuelita colocaba la gran rama en una cubeta llena de arena y piedras para que se mantuviera en pié. Mamá había comprado dos cajas de esferas rojas, unas grandes y otras mas chicas, y muchos adornos típicos mexicanos como farolitos y mis favoritos, unos como churritos de colores metálicos que daban la impresión de estar girando sin final. Mi abuelita ataba con un pedazo de hilo las esferas, hacía un nudo y las íbamos colgando. Aún cuando me esforzaba por ser cuidadosa, siempre rompía alguna 😦

Días después, ya oscureciendo, esperaba a los Reyes Magos, y sobre todo esperaba sus regalos. Mamá me llevó al patio, donde me mostró tres estrellas, el “cinturón de orión”, ella decía que eran los tres Reyes que ya venían en camino.  Preparamos tres cubetas con un poco de agua y las dejamos en la sala, junto a mi zapato debajo del árbol. Era para los camellos, que seguramente estarían muy cansados de tanto viajar.

Era tanta mi emoción que no podía dormir.

Pasaban las horas y el “mago de los sueños” no pasó aquella noche a echar sus polvos mágicos porque el sueño nunca llegó. Así que después de hacer “algunos preparativos” junto con mi papá, mamá me dijo:

– Mavis, ¡Escucha! ¿Oyes algun ruido?

Yo me senté en la cama, y ¡escuché cómo se abría la puerta de la sala! ¡Escuché cómo dejaban los regalos bajo el árbol! Mi corazón latía muy rápido por la emoción. Después de un rato, se escuchó cómo cerraban la puerta. Mamá entonces dijo: ¡vamos a ver!

Y ahí estaban los juguetes!!!  Pero lo más sorprendente para mi fué que las cubetas estaban vacías! “Los animales” se habían “tomado” toda el agua! Tódo éra tan… mágico.

Cuando abrí mis ojos… mi esposo me estaba esperando para entrar al super, había muchas cosas que hacer.

 

 

¿QUÉ ES ÉL?

La sociedad pone “etiquetas” a las personas. Quiere encasillar a la gente clasificándola dentro de cierto tipo de categorías que le resultan cómodas. D.H. Lawrence demuestra lo insensato que resulta este proceso de clasificación en su poema: ¿Qué es él?

– ¿Qué es él?

– Un hombre, por supuesto.

Si, pero, ¿qué hace?

– Vive y es un hombre.

Oh, por supuesto! Pero debe trabajar. Tiene una ocupación de alguna especie.

¿Por qué?

– Porque obviamente no pertenece a las clases acomodadas.

No lo sé. Pero tiene mucho tiempo. Y hace unas sillas muy bonitas.

– ¡Ahí está entonces! Es ebanista.

– ¡No, no!

– En todo caso, carpintero y ensamblador.

No, en absoluto.

– Pero, si tú lo dijiste.

¿Qué dije yo?

Que hacía sillas y que era carpintero y ebanista.

– Yo dije que hacía sillas pero no dije que fuera carpintero.

– Muy bien, entonces es un aficionado.

– ¡Quizá! ¿Dirías tú que un tordo es un flautista profesional o un aficionado?

– Yo diría que es un pájaro simplemente.

– Y yo digo que es sólo un hombre.

– ¡Está bien! Siempre te ha gustado hacer juegos de palabras.

“NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA”

Por Mayra Gris de Luna.

Si nos acercamos mucho a un telar, podremos ver muy de cerca las puntadas y el color de los hilos, pero para apreciar la figura que se está tejiendo tendremos que alejarnos un poco.

Algo parecido ocurre en mi vida, cuando en mi presente no puedo entender por qué pasan las cosas, pero al transcurrir del tiempo, y mirar hacia atrás, veo con claridad la obra de Dios en mi vida.

Quiero platicarte una de mis vivencias para que cuando te ocurra algo que no es agradable o que no entiendes por qué el Señor permite que te pase, recuerdes lo que dice Romanos 8:28a:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

Por razones del trabajo de mi esposo, estuvimos una temporada en Barcelona. Uno de esos días fuimos a conocer la Villa Olímpica y caminamos a la orilla de la playa. Estacionamos el carro enfrente de un gran letrero con una letra “E” de “Estacionamiento”.

Cuando terminamos nuestro paseo y regresamos, encontramos el letrero, pero no nuestro carro. Primero pensamos que tal vez nos habíamos equivocado de lugar y lo buscamos a lo largo de la calle, pero nada. Empezamos a pensar en la posibilidad de que nos lo hubieran robado.

Estábamos ahí parados cuando llegó un señor que tenía un puesto de revistas en la esquina y nos había estado observando. Nos dijo que nos habíamos estacionado en un lugar prohibido. Vimos bien y debajo de la “E” había unas letras pequeñas que decían en catalán: “sólo para médicos del Hospital del Mar”. Volteamos hacia enfrente y ahí estaba el gran “Hospital del Mar”.

El señor nos dijo que se habían llevado el carro a la delegación de Tránsito, y que seguramente habrían dejado un papel pegado al piso con la notificación y los datos. Efectivamente, había un papel amarillo con la información. Buscamos el lugar, pagamos la multa y recuperamos el carro. No fue nada agradable el tiempo perdido en eso ni pagar la multa, pero nos sentimos agradecidos porque el carro no había sido robado.

Días después, fuimos a caminar a las Ramblas, y entramos a un estacionamiento. Con una bebé de 6 meses, bajamos la carriola, la pañalera, la bolsa, la cámara, las chamarras, y bueno, nos hacíamos bolas con tanta cosa. Así que cuando bajé a la bebé y la puse en la carriola olvidé abrocharle el cinturón de la carriola. Siempre tenía cuidado de abrochar el cinturón de seguridad de la carriola porque mi bebé era muy inquieta, pero así como una “ley de Murphy”, solo bastaron unos segundos de descuido para que la bebé se cayera de la carriola y se pegara en la cabeza con el piso de cemento. La bebé empezó a llorar. El golpe si había sido fuerte y pronto le empezó a salir un moretón. Nosotros estábamos tan asustados que sólo recuerdo que el señor del estacionamiento nos dijo: -“lo indicado es que la lleven al “Hospital del Mar”, ¿saben donde está?” ¡qué si sabíamos! ¡sabíamos hasta donde uno no debe estacionarse si va al Hospital del Mar!

Llevamos a la bebé ahí, resultó ser un muy buen hospital, nos atendieron de maravilla, le sacaron radiografía de la cabeza a la bebé y la tuvieron un tiempo en observación. Las enfermeras le llamaban “Muñequita piel canela”.(De ahí el nombre del blog PIEL CANELA). La bebé recibió la atención oportuna, y nosotros regresamos tranquilos al hotel.

Ahora que miro hacia atras ésta experiencia, agradezco a Dios porque siempre ha puesto personas cerca que nos ayudan. También porque El se encargó de que supiéramos con exactitud dónde estaba el Hospital del Mar para cuando lo necesitáramos.

Creo que Dios tiene cuidado de nosotros y que nada ocurre sin que El lo permita.

Detalles como ese han fortalecido mi convicción de que aún cuando nos ocurran cosas que no son tan agradables, Dios las usará para nuestro bien.

Tengo una amiga que por alguna razón bajó de un camión en Israel una cuadra antes de que éste explotara sin que ella supiera que ésto sucedería. Se de personas que tuvieron algún contratiempo para llegar temprano a las Torres Gemelas el 11/11.

¿Se poncha una llanta? ¿Se acabó la gasolina? ¿Se fué el camión? Dí ¡Gracias Señor!, probablemente te está protegiendo. “No hay mal que por bien no venga” para los que amamos a Dios.

¿Recuerdas algún evento desafortunado en el pasado que Dios lo usó para tu bien?

“EL MISTERIO DEL HUEVO”.

Por Mayra Gris de Luna.

Mis pensamientos una mañana cualquiera hace varios años:

-“Memo (mi esposo) sale de viaje mañana, así que más vale que empiece a preparar su maleta”.

Jalo una silla para subirme en ella y alcanzar la parte más alta del closet de nuestra recámara.

-“O esto está muy alto o yo muy chaparrita porque aún con la silla me es difícil alcanzar la maleta. A ver… (Me asomo a la parte alta del closet)

¿Por dónde anda la maleta?… mmm… pero… ¿qué es esto?… ¿un huevo? (muy asombrada lo tomé en mis manos)

-“¿Qué hace un huevo aquí? Es muy extraño. Danna (de tres años) aunque es muy tremenda, no alcanzaría y mucho menos Alisson (de uno).

(Me bajo de la silla)

He aquí el misterio del caso del huevo en el closet.

¿Qué pensarías tu “mi querido Watson”?

Teoría #1: Teníamos una gallina viviendo en el clóset y no lo sabíamos.

Teoría # 2: Me levanté sonámbula a media noche y fui a la cocina por un huevo y lo guardé allí por si algún día en un futuro lejano (como en el 2012 por ejemplo) pudiera haber escasez por la gripe aviar y el precio subiría tanto que guardarlo podría ser una buena inversión.

Teoria#3: O como en las novelas de Agatha Christie, el culpable siempre es el mayordomo, la señora que me ayudaba con la limpieza lo puso allí por alguna razón que yo llamo: BRUJERÍA.

En realidad la tercera teoría fue lo primero que me vino a la mente. Nadie más tenía acceso a nuestra recámara.

Cuando mi mamá era muy jovencita pudo conocer algo dentro del espiritismo, y me contaba que pudo ver con sus propios ojos como usaban el huevo. Después de algún procedimiento o alguna limpia, se rompía el huevo; en ocasiones tenía alfileres adentro, en ocasiones lo rompían en un vaso de agua y el contenido se veía turbio comparado al lado de otro huevo normal o salía negro. Tal vez no lo hubiera creído si no es porque mi mamá me lo contó porque lo vio.

Así que mi segundo pensamiento fue ir a romper el huevo para ver que tenía dentro. Pero fue una idea que deseché inmediatamente.

Tomé unos minutos para pensar en todo esto. Siempre he estado muy alerta y muy consciente de la guerra espiritual que existe. Sé que existe Dios, y sé que existe el mal. También  he tenido la fuerte convicción de que Dios está con nosotros y nos protege y aún manda a sus ángeles para cuidarnos.

Pensé en nuestra familia. Todo estaba bien. En días anteriores mi nena mayor había tenido pesadillas, no sabía si tendría que ver con esto o simplemente comió muchas papas fritas en el Mc Donald´s 🙂

Rápidamente hice una “evaluación” de cómo andábamos en INTEGRIDAD. Sé que es básica para recibir la bendición y protección de Dios. Recuerdo que mi conclusión fue que aunque no éramos perfectos, estábamos en paz con Dios, buscándole, sirviéndole, confesando nuestras ofensas. Hice una breve oración y fui a tirar el huevo al bote de basura de la cocina. Tenía tanto que hacer en aquellos días que no volví a recordarlo hasta hoy.

No sé si fue una coincidencia, pero la señora de la limpieza nunca regresó. Días después, haciendo yo el aseo, encontré un “envoltorio” en un bote que había junto a la lavadora de la zotehuela. En su interior tenía cabello, y la fotografía de un joven que no conocíamos. Para mí es un caso resuelto. Sigo pensando que mi Teoría #3 es la más acertada.

Por aquellos días había tomado un curso en la iglesia, con mi amada amiga y hermana Katty Gray acerca de “Cómo amar efectivamente a los hijos”. Ella me obsequió una tarjeta que decía:

La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:16b

SANTIAGO.

 Traía una ilustración de un papá orando hincado al lado de la camita de su pequeño niño dormido. Podía verse al fondo un ventanal semiabierto y en el fondo, el ángel de Dios son sus brazos extendidos protegiendo la entrada de una silueta de un ángel de color negro simbolizando al maligno.

Tenía por costumbre leer la Biblia ilustrada para niños por las noches y orar con mis hijas, pero recuerdo que en aquellos días regresaba más tarde cuando ya estaban dormidas y, recordando aquella tarjeta, y sobre todo el versículo, oraba por mis hijas y por mi esposo. El mensaje de la cita bíblica es claro, pero mi mente ve “en negritas” la palabra “JUSTO”. Esta palabra sobresale de entre las demás recordándome que la condición es la integridad.

Podemos tener muy claro que existe una guerra espiritual, queremos estar lo más alejados de todo lo que se relacione con ello. Sabemos del ocultismo, la brujería, el culto a la Santa Muerte, el espiritismo, etc. y nunca se nos ocurriría pensar que aún cuando no nos demos cuenta, en la seguridad e intimidad de nuestro hogar pudiéramos recibir algún ataque.

Sin embargo, no tenemos nada que temer si procuramos una vida íntegra y de oración. Podemos vivir confiados en la protección de Dios.

Estemos alertas recordando las palabras de 1 Pedro 5:8

 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo,

 como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

( Nota: Si crees estar siendo atacado mas agresivamente busca una iglesia y habla con sus líderes. En esos casos se necesita ayuda.)

¿Te mantienes alerta y viviendo en integridad?

¿Tienes alguna otra “Teoria” sobre el misterio del huevo? 🙂

 

EL POZO.

Un hombre cayó en un pozo y no podía salir.

Una persona SUBJETIVA se acercó y dijo:

“Me identifico con tu situación”.

Una persona OBJETIVA se acercó y dijo:

“Es lógico que alguien haya caído ahí adentro”.

Un FARISEO dijo:

“Sólo la gente mala cae en un pozo”.

Un MATEMÁTICO

calculó cómo se había caído del pozo.

Un PERIODISTA quería la historia exclusiva del pozo.

Un FUNDAMENTALISTA dijo:

“Mereces estar en el pozo”.

Un RECAUDADOR DE IMPUESTOS

preguntó si estaba pagando los impuestos por tener un pozo.

Una persona AUTOCOMPASIVA dijo:

“¡No es nada comparado com MI pozo!”.

Un CARISMÁTICO dijo:

“Solo confiesa que no estás en el pozo””

Un OPTIMISTA dijo:

“Las cosas podrían estar peores”

Un PESIMISTA dijo:

“¡Las cosas van a empeorar!”

JESUS, viendo al hombre, lo tomó de la mano y LO SACÓ del pozo.

Anónimo.